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FÉLIX FRANCISCO CASANOVA


(SÍNDROME Nº 1)

Siempre tengo nostalgia
de lo que no he vivido,
la ventana se abre al frío
del ángel exterminador
y el año se llama invierno,
la sombra de mi cuerpo
flota como un cadáver.

25-5-74



No hay instrumentos para esta música
ni un bello rostro que usar como careta,
hoy sentado entre dos sueños
soy como un secreto en el arcón.
El jinete se duerme en su caballo
que es a la vez un sueño del jinete,
los muñecos bostezan cada noche
y su aliento de fieltro dura un año.
¿Y qué significan esas lápidas
y estas partidas de nacimiento?
si somos velos transparentes
superponiéndonos,
una maleta llena de hojas
de mano en mano
por un largo corredor.


13-12-74
(Félix Francisco Casanova, La memoria olvidada, Hiperión, 1990) 

DANIEL MACÍAS


NO VELA


sin artificio su fuego

sin ropa ni nombre

pero

púrpura el manto

y profunda la calma

del que construyendo el paraíso

para sí y para muchos

no vela, nunca vela...


(Poema extraído de su blog La tierra de la piedra negra)

ROBERTO BOLAÑO



LA ESPERANZA


Las nubes se bifurcan. Lo oscuro
se abre, surco pálido en el cielo.
Eso que viene desde el fondo
es el sol. El interior de las nubes,
antes absoluto, brilla como un muchacho
cristalizado. Carreteras cubiertas
de ramas, hojas mojadas, huellas.
He permanecido quieto durante el temporal
y ahora la realidad se abre.
El viento arrastra grupos de nubes
en distintas direcciones.
Doy gracias al cielo por haber hecho el amor
con las mujeres que he querido.
Desde lo oscuro, surco pálido, vienen
los días como muchachos caminantes.


(Roberto Bolaño, La Universidad Desconocida, Barcelona, Anagrama, 2007)

XEN RABANAL & VELPISTER


Velpister


Xen Rabanal

NO EXISTE LA VOZ. MUSICOPLASTIDRAMA.


BEGOÑA LEONARDO


YO TAMPOCO PUEDO VERME A MÍ


Nada de lo que quiero me hace bien,
es mortal la contemplación
de una pena rota
una esquirla en el costado
rezuma glorias pasadas.
Lo que oigo dentro
implora caos
lo que veo fuera
reclama oración y despedida
todo lo que quiero puede hacerme mal
hacerme hueco
dolerme aquí ahora, mañana...
Es la ella de las constelaciones violetas
más brillantes e indolentes que cuando me ven...
Pero nadie me ve
a mí, porque no saben dónde estoy.

Yo tampoco puedo verme a mí

tengo negado el entendimiento de mi ojo real
el que me sabía en el momento preciso.

Toco mi cara y no está
recorro mi cabeza entera
por si ha cambiado de sitio
y no está.
Suspiro hondo
lento, apagado...

Aviso a mi cuerpo por si acaso
pero ya no tengo un cuerpo
que pida pan.




(Poema extraído de su blog Dad al aire mi vozLa bitácora literaria de una amazona asfáltica)

KARMELO C. IRIBARREN


LOS DÍAS NORMALES


llegan
y se van
sin dejar rastro,


y tú los ves
alejarse sobre los tejados
-y con ellos
los años-,
y apenas sientes nada
o sientes algo, vago,
que no sabes
descifrar...

son los días normales, de diario,
los que parecen que pasan
de largo.

los asesinos
del amor.


( Karmelo C. Iribarren, en Viscerales, Mario Crespo y José Ángel Barrueco ed., Ediciones del Viento, 2011)

ROBERTO SANTORO


VERBO IRREGULAR

yo amo
tu escribes
él sueña
nosotros vivimos
vosotros cantáis
ellos matan.


***

Que venga la vida y me golpee
de nada vale cerrar los ojos

un hombre dormido 
es un dolor que descansa

***

Uno de mis errores
fue creer que todos éramos hermanos

y ahora 
no se le puede cambiar el horizonte a la nostalgia
hay que olvidarse de las viejas sonrisas
y andar con el dolor a cuestas
para que sirva definitivamente



(Roberto Santoro, No negociable, Editorial Papeles de Buenos Aires, 1975; Las cosas claras, anti-libros "La trenza loca", 1973)

VICENTE LLORENTE


EL RETRASO

Llegaba tarde a algún sitio.
Había preparado café.
El vaso quemaba por los bordes
y maldijo al lechero.
Su corbata estaba sucia
o era estampada.

Poco importa ya
si tenemos en cuenta
que el pasado se confunde con la nostalgia
y lo mejor para seguir vivo
es tener mala memoria.


(Vicente Llorente, Menú del día, Ed. Huacanamo, 2007)

JUAN LUIS PANERO


A LA MAÑANA SIGUIENTE CESARE PAVESE NO PIDIÓ EL DESAYUNO

Solo bajó del tren,
atravesó solo la ciudad desierta,
solo entró en el hotel vacío,
abrió su solitaria habitación
y escuchó con asombro el silencio.
Dicen que descolgó el teléfono
para llamar a alguien,
pero es falso, completamente falso.
No había nadie a quien llamar,
nadie vivía en la ciudad, nadie en el mundo.
Bebió el vaso, las pequeñas pastillas,
y esperó la llegada del sueño.
Con cierto miedo a su valor
-por vez primera había afirmado su existencia-
tal vez curioso, con cansado gesto,
sintió el peso de sus párpados caer.
Horas después -una extraña sonrisa dibujaba sus labios-
se anunció a sí mismo, tercamente,
la única certidumbre que al fin había adquirido:
jamás volvería a dormir solo en un cuarto de hotel.


(Juan Luis Panero, Los trucos de la muerte, 1975. En Poesía Completa [1968-1996], Tusquets Editores, 1997)

JOSÉ ÁNGEL BARRUECO



ASCO (Fragmento)



Sí.


En el océano es necesario desprenderse del pasado e ignorar el futuro y asumir un presente sin incógnitas ni suposiciones. Sólo así, ya sea navegando en un navío de guerra o en una chalupa a la deriva o en un yate de lujo o en un barco para turistas, puede el tripulante reprimir los instintos naturales que podrían acometerle al sentirse rodeado de agua por doquier: la agorafobia, la morriña o la añoranza o la saudade, la claustrofobia. Lo que puede destrozar a un marinero, y al mismo tiempo ayudarlo a digerir los trastornos propios de la soledad y la lejanía, es precisamente pensar en los suyos, en la mujer que dejó atrás, en los hijos que esperan en tierra y crecen sin que él los vea crecer, y pensar en ellos con nostalgia y con un deseo irreprimible de verlos y de abrazarlos, y a veces ese recurso, sin embargo y de manera paradójica, será lo único que mantenga su fortaleza.


En contra de lo que había creído y supuesto y pensado antes de embarcarme en un crucero de lujo por el Mar Adriático durante ocho días de julio, al pisar las cubiertas y los camarotes y recorrer algunos recovecos del barco no sentí el ahogo de la lejanía ni el deseo de regresar a tierra firme, ni noté el sofoco que, imaginaba, haría de mí un pasajero mordido por la prisa del desembarco.


Me desprendo del pasado en cuanto subo al M/V Zenith, no pienso en nada de lo que queda en tierra: ni mi ocupación diaria, ni mis amigos, ni la ciudad en la que vivo, ni mis rutinas… Y comprendo en seguida que ésa es o debería ser la solución secreta del marinero, del navegante: levar anclas respecto al tiempo, quedarse sólo en el presente, a verlas venir, a ver sólo las olas y las circunstancias y las tierras que uno va a visitar y los puertos en los que el barco atracará.


(José Ángel Barrueco, Asco, Editorial Eutelequia, 2011)

ÁLVARO ITZAMÁ



EL SILENCIO DE LAS ESFERAS


Pasar de infinito a uno es una mejora significativa
Jorge Wagensberg


mi primer átomo

la teta de mi madre

el planeta adentro de mi cabeza de planeta

las lunas de mis ojos

el frío planeta que me recibe

el cúmulo de átomos que sigo siendo y muere

o renace cuando la redondez del mundo atraviesa mi circunferencia

la esfericidad arde

es una fruta que brota en el incendio de la mañana:

mi último átomo

la teta de mi madre

el planeta que cubre el polvo del planeta

detritus: las lunas extintas de mis ojos:

la tibia esfera que me recibe

(Poema extraído de su blog Cabalgata de arena)

VICENTE GARCÍA HERNÁNDEZ



LLORAR SOBRE DESIERTO

                                   Yo he roto el mar, la cuna de los peces
                        de cristal. Subo, bajo mi montaña,
                        luego, le echo, a los peces muertos, caña
                        y ganas de pescar. Luego. Y a veces,


                        con la mar, rompo a un hombre: no mereces
                       que diga nada más. El sol regaña
                        con las moscas tapiadas por la araña:
                        el mundo está combada hasta las heces.


                        Y Dios, tan puntual, enciende el cielo;
                        anuncia: la función va a comenzar.
                        y un ángel triste, grave, corre el velo:  


                        el mundo se desploma como un muerto,
                        no hay nadie que lo quiera apuntalar.
                        Y Dios vuelve a llorar sobre desierto.
      


    (Poema extraído de su página web Vicente García Hernández)

PEDRO MONTEALEGRE


3

Todos nos acostamos con un burro y con un muerto.
La fábrica se adelantaba a las frases y al símbolo,
–los condones llenos con maicena, con tinta
del interior de un pulpo. Una vez en el mercado
dijimos: señora, déme ventosas, gloria ignota del mar.
Sudada ante la presencia del maligno, un trozo
de enagua nos dio –para que lloviera– reverso
del poema y la trampa: su corazón atravesado
por humo de tabaco, un humo de pira –mitad del sepelio–:
caía champán desde el meato de las muchachas.
No teníamos eso. Estómago, no: juego de chola.
La paja. ¿La mirada blanca? Los chaperos
subieron –boda y vínculo– al cénit. La sangre se hizo
real, como el golpe, lupanar. Violencia; léase, anótese.

Y si es que rompo una copa con los dientes; si rompo
un lápiz-mina con el culo; si con todo el peso
salto en el aparato del bebé –el que ejercita sus piernas–
y decimos éxtasis, popper bendito –aquél que se inhala–
no el filósofo facha, o fecha; o ficha. El primero eres tú, 
perito en torturar la tragedia, ¿la tengo?; la segunda, el día
de la menstruación, cuando abramos la boca: el tono
de los ángeles totalmente expuesto: los mercados tendrán
razón de quiebra. La tercera, te tengo –hábil calígrafo–
sin duda identificado. Sé lo que respiras,
lo que esputas e impeles. Sé muy bien asistir a una fiesta
y enseñar el agujero en la axila. Y que el golondrino
no haga verano o nido, aunque nos acostemos llorando
con un muerto, y el burro ya lo intuya.


(Poema extraído de su poemario inédito Muchachos cayendo de las nubes)

JAVIER CARNICER


TIEMPO MUERTO

Volverán las heridas de mañana y abrirán las cicatrices de hoy.

El tiempo seguirá como una pérdida de vida, y la vida, como una pérdida de tiempo.

Maravillosa, para algún desmemoriado o para algún ingenuo: amnésicos felices y dichosos inconscientes.

Para el resto, un salto de la almohada hacia el vacío (desde que despiertan y hasta que vuelven a dormirse con somníferos).

Mientras, el tiempo sigue siendo una pérdida de sueños, y los sueños, como la vida, una pérdida de tiempo.


(Javier Carnicer, Estuche de lijas/ Capsa d´escats, Barcelona, Universitat Autònoma de Barcelona, Servei de Publicacions, 2008)

VELPISTER PETER JENSEN

SUITE PARA PIANO EN DO MENOR, COLA PARA GENOCIDIO. VALS DE MUERTOS.


RAÚL NÚÑEZ SEGÚN SONIA SAN ROMÁN

Sonia San Román

¿Qué significa Raúl Núñez para ti?
Raúl fue un explorador silencioso que supo encontrar una veta poética en canteras donde otros aún no se habían atrevido a picar.
.



¿Por qué hay que recordar a Raúl Núñez?
Por haberse atrevido a andar por caminos poco transitados; por no limpiarlos de maleza; por dejarse arañar por ella; por sentirla en las heridas; por no curarlas; por levantar el telón de la noche en la ciudad e invitarnos a güisqui, a jazz, a tabaco y por ser capaz de distinguir, entre el humo, poesía.




¿Ha ejercido Raúl Núñez alguna influencia en la literatura actual?
Probablemente más de la que muchos sean capaces de admitir. Por suerte, especiales como Poemash (Plan 9 de Vinalia Trippers) o este mismo artículo comienzan a hacerle justicia a su memoria.

LA PRINCESA INCA


 PERECER DE FIEBRE O POESÍA


Como no sé donde ubicarme dejaré rastros de mis lágrimas
y besos de mi boca esparcidos por esta ciudad que día a día
desconozco. Mi boca bebe de ti.
Soy el guante de tu forma olvidada de hombre.
No escupas tras de mí dejando la forma de la inexistencia.
Viólame, sólo nos quedan diez años para perecer de fiebre o poesía.




(Poema extraído de su blog http://laprincesainca.blogspot.com/)

RAÚL NÚÑEZ SEGÚN VICENTE MUÑOZ ÁLVAREZ

Vicente Muñoz Álvarez


¿Qué significa Raúl Núñez para ti?
Un autor al que venero con especial devoción, el heredero hispano de la Beat Generation y el pionero del realismo sucio en nuestro país.
Le descubrí con poco más de veinte años, vía People, y desde entonces le he tenido presente siempre.
El suplemento Poemash, incluído en el número 10 del fanzine Vinalia Trippers, está íntegramente dedicado a él.
Ha sido nuestra aportación y granito de arena a su causa y un homenaje que le debíamos hace tiempo.

¿Ha ejercido Raúl Núñez alguna influencia en la literatura actual?
Poco a poco, con la recuperación y reedición de su obra, las nuevas generaciones de escritores van conociendo su legado y tomando nota de él, como referente patrio de un estilo de vida y poesía y como punto de conexión con los beat norteamericanos.
La editorial Baile del sol ha reunido toda su obra poética recientemente en un volumen titulado Marihuana para los pájaros, que espero ayude a difundir más y mejor su obra.
Y en el citado suplemento Poemash, 12 autores españoles contemporáneos escribimos un poema inédito dedicado a él.
Esa, creo, es la prueba fehaciente de su influencia de su obra en la nuestra.

¿Por qué hay que recordar a Raúl Núñez?
Por libros como People, Derrama whiski sobre tu amigo muerto, Sinatra o Cannabis Flan, desde mi punto de vista ya clásicos e imprescindilbes, y por la humanidad, ternura y desolación que emana de ellos.

RAÚL NÚÑEZ SEGÚN JAVIER MEMBA

Javier Memba

Hace más de dos meses salió el número 22 de la revista Ágora. Papeles de Arte Gramático (que pueden descargar AQUÍ y AQUÍ). En él pueden leer el artículo de Joaquín Piqueras "Raúl Núñez. Canción de vida, a varias voces, para un ángel náufrago", en el que hay un homenaje a varias voces al autor de Derrama whisky sobre tu amigo muerto. Las voces son de algunos de los mejores autores de la nueva literatura hispánica: Vicente Muñoz Álvarez, David González, José Ángel Barrueco, Gsus Bonilla, Javier Memba, Esteban Gutiérrez Gómez "Baco", Sonia San Román, Patxi Irurzum, Inma Luna, Andrés Ramón Pérez Blanco "El Kebran"y Silvia D. Chica. A partir de mañana podrán disfrutar de él en la revista impresa de Ágora (20-23), que será presentada en Molina de Segura (Murcia), en la Biblioteca Salvador García Aguilar, a partir de las 20.00 horas.
Seguimos publicando las opiniones que sobre el autor han dado estos autores para la realización de dicho homenaje. Le toca el turno al escritor Javier Memba.
.

¿Qué significa Raúl Núñez para ti?
Una opción en verdad insólita en el panorama literario español de finales de los años 70, cuando lo canónico era el compromiso, la denuncia del pasado político del país, la sempiterna Guerra Civil y otros tostones por el estilo. Recuerdo que lo descubrí en la misma colección que a Kerouac y Burroughs, la Star Books, todo un mito en la contracultura y la marginalidad españolas, de la que Derrama whisky sobre tu amigo muerto era su número 28. De People, su antología poética, me llamó la atención la primera frase de la contraportada en la que se anunciaban aquellos versos como "una galería de freaks". "Freak" era una palabra calve para los que estábamos en aquel ajo.


¿Ha ejercido Raúl Núñez alguna influencia en la literatura actual?  
Fue un precursor en escribir en español sobre bares y sobre perdedores.

 ¿Por qué hay que recordar a Raúl Núñez?
Para que quede constancia de que también hay una literatura maldita en nuestro idioma, más allá de los cursos de verano, los concursos, las distinciones y los benditos. 

EDUARDO BOIX


El mayor regalo que le pudieron hacer fue ese cubo y esa pala. Eva se esmeraba en hacer un hoyo más profundo cada día. En ocasiones cuando se cansaba de la pala, sus manos rasgaban la tierra con la esperanza de encontrar algún tesoro. Poco a poco iba quitándole vida a ese terreno y deformándolo en su propio beneficio. Después de muchos meses de excavaciones, cuando ella se había percatado de que el hoyo era lo bastante profundo, se acercó a su casa y fue a por la Nancy que años atrás había pertenecido a su madre.
-¡Como mamá!
Le cerró los ojos y comenzó a enterrarla.


(Eduardo Boix, Últimas jornadas en el paraíso, Eclipsados,  2009)

FLORENTINO GUTIÉRREZ GABELA


POETAS MALDITOS

Un aire de autodestrucción y decadencia
desata el pensamiento en las tinieblas.


Baudelaire, la modernidad maldita.
Los trapos sucios de la moralidad prostibularia
y tu epitafio descarnado: “Yace aquí
quien por haber amado demasiado a las zorras,
descendió joven aún al reino de los topos”.


Nosotros, los “lisiados de la vida”, te llevaremos
las flores del mal a Montparnasse,
tu eterno paraíso artificial de opio terrestre.


Verlaine,
¿qué has hecho tú, maldito entre los malditos?
la bohemia te llenó de excesos y de absenta
hasta el amor pasional y el encierro.
Nostalgia y música por los versos de alma
simbolista.
Místico insaciable,
se llenó de tu figura el Barrio Latino.
Saturno nunca protegió al Don Quijote del Parnaso.


Y tú, joven Rimbaud, bohemio
vagabundo, consumiendo tu vida de rebelde precoz
entre manifiestos comuneros y tu Verlaine,
protector y amante desairado


asfixiándote con el humo evasor y clandestino
del Hotel Pimodán,
traficando carne humana
por el África dormida en la miseria,
paseando tu fatalidad sin redención
por el barco ebrio del infierno.


Aún tiembla el París decimonónico
con el espíritu de vuestros nombres oliendo
a escándalo y ajenjo.



(Florentino Gutiérrez Gabela, Caballos del paraíso, Visión Libros, 2008)

PORFIRIO BARBA JACOB


EL ESPEJO

¿Mi nombre? Tengo muchos: canción, locura, anhelo.
¿Mi acción? Vi un ave hender la tarde, hender el cielo...
Busqué su huella y sonreí llorando,
y el tiempo fue mis ímpetus dominando.

¿La síntesis? No se supo: un día fecundaré la era
donde me sembrarán. Don Nadie. Un hombre. Un loco. Nada.

Una sombra inquietante y pasajera.
Un odio. Un grito. Nada. Nada.

¡Oh desprecio, oh rencor, oh furia, oh rabia!
La vida está de soles diademada...


(Porfirio Barba Jacob, Poesía completa, Fondo de Cultura Económica, 2009)

ANTONIO PÉREZ MORTE



NUESTRA GUARIDA

Aquella vieja pensión, nuestra guarida.
Claroscuro refugio de agridulces ágapes.
Campamento derrumbado donde aún arden
encendidos recuerdos
entre basura y ruinas del combate.

La misma cama inmensa con cabecero de espigas,
las mismas sábanas salmón,
la antigua mazacota mesilla,
donde almacenamos secretos y anfetaminas.

La eterna, inolvidable habitación
donde estallaron los niños
y los labios temblaron;
donde danzaron exhaustos borrachos y dementes,
emanando fiebre hasta el espasmo.

Un territorio acotado para sembrar la fatiga,
para copular abrazados a la puta de la vida,
clamando un orgasmo.

Buscándose a ciegas como adolescentes excitados,
desbordándose espuma, navegando a la deriva;
remando entre las olas de humo del cuarto,
gozando mareados
...alcanzando la orilla.

¡Jim Morrison allí, desnudo, de rodillas,
reza una vez más por su crucificada picha!


(Del poemario Cuerpos de luna, 1974-1990. Extraído de su blog antonio pérez morte)

JORGE RIECHMANN



ABOLIR LA NOSTALGIA


Es la hermana tullida del deseo.
De nada verdadero se predica.
Le place avasallar: busca vasallos.
No le miréis las manos,
                                          perder es imposible.

Abolir la nostalgia, esa tenia violenta,
esa impotencia desovillada en máscara,
mi desdentada enemiga más voraz.
Untarle el cuerpo de brea y de vergüenza.

Sea
la desolada quimera del presente
nuestro empeño imborrable.


 (Jorge Riechmann, Cántico de la erosión, Madrid, Hiperión, 1987)

JOSÉ LUIS ZÚÑIGA

IN MEMORIAM



SONETO A MÍ MISMO
Estoy enamorado de mí mismo,
hay tantas cosas en mí tan deliciosas…
Walt Whitman

Más solo que las dos y que la una,
más solo que la tumba de mi abuela,
más solo que el reflejo de una vela,
más que el lado invisible de la luna.

Más solo que dos huesos de aceituna,
más solo que una estrella sin estela,
más solo que una monja en duermevela,
más que un rico heredero sin fortuna.

Solo. Tan solo estoy que mis espejos 
campos diezmados son de una derrota
que ya viene acunándose de lejos.

Habrá que acostumbrarse. Doy la nota
(un si bemol menor) de los vencejos,
da igual que suene mal: nadie lo nota. 

(TIEMPO A DESTIEMPO,  http://yozuniga.blogspot.com/)

IÑAKI ECHARTE VIDARTE

 
ENCONTRÁNDOTE
 
Cuando te miro, no te veo.
Cuando te miro, veo a James Dean.
Cuando me miras, me miras [sin más].
Cuando me miras, me siento Sal Mineo.
En mi corazón.

En mi corazón anida una absurda esperanza.
Construida con el idilio, siempre perfecto, de mis progenitores,
con las historias siempre perfectas, escritas, filmadas, transformadas,
con la intoxicada y estúpida idea [mía] del amor perfecto.

Tus dedos han subido por mi espalda.
Tus palabras han escalado hasta mis oídos,
han penetrado a través de mi organismo
y mis deseos, mis esperanzas las han transformado,
te han transformado,
en un dios de celuloide.

Tus labios forman palabras que no escucho,
palabras que transformo en lo que quiero oír
[en lo que ya oí en falsas bocas].
Tus gestos son retazos que encadeno
con aquello que jamas harás,
con aquello que siempre soñé
[con lo falso escribo mi propio guión].

Hoy eres James Dean
en la pantalla de mis ojos
Mañana serás Warren Beaty,
o quizás Montgomery Clift.

Hoy eres tan maravilloso que mi felicidad
se alimenta de tu reflejo en un cosmopolitan.
Mañana puedes ser tan decepcionante
[una historia sin happy end]
que mi desdicha
puede ahogarse en el reflejo de tu reflejo de otro cosmopolitan.
[hasta que sea interminable].


(Iñaki Echarte Vidarte, de Soy tan blanco que cuando palidezco desaparezco, Ed. Vitruvio, 2011)

DANIEL BELLÓN


XI

El camión de los muertos invisibles
cruza sin problema los controles
fronterizos                    se destraban las trabas
se aquieta el papeleo
El aroma muerto de los emigrantes muertos
en los bajos del camión no lo olfatean los perros entrenados
ni los detectan las cámaras
ni los escáneres lo leen
           
Desleído aroma
se ha vuelto simple aire
Sin darnos cuenta
los respiramos


(Ambos poemas pertenecen a 20 Boleros Zombis, sección 1ª de Coltán)

RAFAEL MENJÍVAR


Rafael Menjívar Ochoa (1959), escritor salvadoreño y autor de libros como Los héroes tienen sueño, Trece y Cualquier forma de morir, se encuentra en estado delicado de salud. Han habilitado una cuenta de ahorros para ayudar al escritor, padece cáncer de colon. La ayuda puede ser depositada en la cuenta del Banco Agrícola No. 384-000703-0



UNA LUZ QUE NUNCA SE APAGA


—A ti te consta —volvió a decir el viejo—. ¿Te consta?

La silla de ruedas volvió a crujir. El viejo pesaba poco, pero la silla estaba peor que él. Parecía que los dos se romperían. Me dijo que ya varias veces había estado a punto de comprar otra silla, pero que de dónde sacaba el dinero, que los ahorros apenas le daban para mal comer.

—Sí —le dije.

—¿Sí qué?

—Me consta.

—Yo le compraba cosas. Con el sudor de mi frente, te consta. Nadie tiene nada que echarme en cara. Salvé a muchos de morirse de hambre. A ti te consta que siempre fui un benefactor. ¿Necesitaban dinero? Venían conmigo. ¿A quién le negué un préstamo?

—A nadie.

—A nadie. Pero siempre pasé privaciones. Mi mujer, que en paz descanse, mi hija y yo siempre tuvimos que vivir en ese cuartito. ¿Crees que no me dolía?

—Sí.

—Y todavía hay gente que habla mal de mí.

Miró en dirección a la caja. Parecía estar viendo un espejo. Me pregunté cómo se vería el viejo a sí mismo.

—Yo le compré su primer vestido. ¿Sabes lo que me costó?

—Cuatro pesos —le dije.

Toda la noche se había pasado hablando del vestido de cuatro pesos y de los zapatos de charol.

—Cuatro pesos —dijo—. Y seis los zapatos de charol. Eran así de pequeñitos. Hasta mi difunta Charo me regañó. ¿Cómo te gastaste tanto en un vestidito y en unos zapatos? Tratándose de la niña, no reparo en gastos, le dije. En aquel entonces era un dineral.

No quedaba nadie más en la sala. Habían ido pocas personas, tres o cuatro vendedoras del mercado que le debían dinero al viejo y que llegaron juntas. Se veían ansiosas. Se le acercaron como pidiéndole perdón y le dijeron mi más sentido pésame y todo lo demás. Él les tendió la mano como para que se la besaran, y poco faltó. Pero ni siquiera volteó a verlas. “Hipócritas”, dijo cuando no lo oían. Una de las mujeres lloró. Las otras la consolaron, le prestaron un pañuelo y después se fueron todas juntas.

—¿Quieres que te diga lo que pienso de ellas? —me preguntó el viejo.

—Voy al baño —le dije; sabía lo que pensaba de ellas y no quería oírlo de nuevo.

El baño olía a orines y vómito. El piso estaba lleno de papeles. No me atreví a orinar.

Me lavé las manos. ¿Qué estoy haciendo aquí?, le pregunté al espejo. No me contestó. Quizá debía preguntarle a la mujer que estaba en el ataúd, casi tan vieja como el anciano, casi tan fea, mucho más solitaria. Me pregunté cuánto habría costado el vestido que usaba. No mucho: ¿cuánto podría gastarse el viejo en el vestido de una muerta, aunque fuera su hija? Se pudriría, de todos modos.

—¿Cuánto me debes? —me preguntó cuando regresé.

—Como tres mil.

—Tres mil seiscientos.

—Tres mil seiscientos —contesté.

—Más los intereses de la semana.

—Sí.

El ataúd era barato y feo. La mujer que estaba dentro debía estar incómoda. Me pregunté cómo sentirían la incomodidad los muertos.

—Mi hija era buena —dijo el anciano después de un buen rato—. Todos decían que era tonta. No era tonta: era consciente de que yo estaba viejo y que necesitaba que me cuidaran.

—Los hijos no deberían morirse antes que los padres —le dije.

Me miró con odio.

—¿Quieres otro préstamo?

—Dos mil más.

Se rió. Sonaba a puerta con las bisagras oxidadas.

—Necesito una garantía.

Le di las escrituras del carro.

—Te doy mil quinientos —dijo.

—Son buenos.

Frente a la puerta de la funeraria había tres botes de basura tirados. Olía mal. Regresé a la capilla, si es que a eso podía llamársele capilla. El viejo estaba recargado contra el ataúd, viendo a su hija a través del cristal.

—¿Y ahora qué? —me preguntó.

—Nada —le dije—. Me quedo otro rato con usted.

—¿Para qué?

Me encogí de hombros.

—No te voy a bajar los intereses.

—No importa.

Desde mi silla me pareció que el anciano rezaba en voz muy baja. Pensé en matarlo: ¿quién no piensa en matar a alguien así? Pero no mientras rezaba.

Se volvió hacia mí alerta, como si supiera lo que estaba pensando.

—Tienes hijos —dijo, como si me acusara.

—Tres —le dije—. La mayor tiene once años.

—El dinero es para ella, ¿verdad?

—Sí.

—Hum.

Se sentó otra vez a mi lado. Alguien tan viejo no puede estar vivo, pensé. Quizá había muerto hacía mucho tiempo y a nadie se le había ocurrido avisarle.

—¿Piensas tener más hijos? —preguntó.

—Tres son suficientes.

—Son demasiados —dijo con enojo—. Uno ya es demasiado. Yo sé lo que te digo: hasta muertos te hacen gastar. Gastos. Sólo gastos. ¿Qué le importa a ella que ahora me quede solo?

No supe qué decir.

—¿Crees que soy insensible? —me preguntó distraído.

—No.

—No soy insensible —dijo—. Pero ¿qué sabía ella lo que es quedarse solo? Siempre me tuvo. No trabajó ni un día de su vida. Ahora está muerta. ¿Y yo qué? ¿Pensó en mí antes de tomarse las pastillas? Eso es ser insensible.

—Así son los hijos —le dije, a punto de llorar.

Me miró extrañado.

—¿Por qué quieres llorar?

—Así me pasa en los velorios —le dije.

—¿Sabes cuánto me está costando este velorio?

—No.

—Mucho.

Las lágrimas comenzaron a salir y a rodarme por la cara sin que pudiera controlarlas. Qué diablos; un velorio era un buen pretexto para llorar.

—Ojalá viniera más gente para que valiera la pena el gasto —dijo.

—Sí —le dije.

—No tengas más hijos —dijo—. Yo sé lo que te digo.

Y entonces fue él quien empezó a llorar.

—¿No se dio cuenta de que me iba a quedar sin quien me hiciera de comer? —sollozó—. ¿No se dio cuenta de que ya estoy viejo?

—No —le dije.

—Cuatro pesos —dijo—. Diez pesos en total. Se veía como una princesa. Ahora se ve como si estuviera muerta y no fuera a regresar.

Se limpió la nariz en la camisa. Estaba sucia y zurcida de una manga.

—Está muerta —le dije—. No va a regresar.

Me tocó un brazo con una mano deformada por la artritis. Sentí miedo.

—¿Me vas a visitar de vez en cuando? —preguntó—. Tú eres mi amigo. No tengo amigos. ¿Vas a ir a verme?

—Sí.

—Te bajo los intereses un veinte por ciento.

—Sí.

—Mejor sólo un quince; las cosas no están para tirar el dinero.

—Está bien —le dije, y me paré—. Tengo que irme.

—Ven a verme el jueves. Me puedes bajar a la puerta y llevarme a cobrar al mercado.

—Está bien.

—No está mal por un quince por ciento de rebaja en los intereses, ¿verdad? —y se secó las lágrimas—. Debería rebajarte sólo el cinco por ciento. O nada. Podrías ser como mi hijo, como un nuevo hijo, pero entonces no te rebajaría los intereses.

No le contesté.

Me quedé un rato frente a mi casa, sin atreverme a entrar. Las luces estaban encendidas, como habían estado los tres meses anteriores, día y noche. Aún no se había fundido ningún foco, y me preguntaba si no sería un buen presagio.

Un cigarro, pensé. Hubiera dado cualquier cosa por un cigarro.

Los billetes me abultaban en el bolsillo. A la vuelta había una farmacia que abría toda la noche y podía comprar una cajetilla; necesitaba fumar. Suspiré: si gastaba en cigarros no me lo perdonaría.

—¿Qué pasó? —preguntó mi mujer cuando entré en la casa.

Resopló con alivio cuando le di los billetes.

—¿Por qué tardaste tanto? —me preguntó mientras íbamos a la recámara del fondo, donde todo olía a encierro, a pomada y a cosas tristes.

—Me quedé platicando con el viejo.

—Desgraciado —dijo mi mujer—. ¿De qué puedes hablar con ese maldito?

—De los hijos —contesté—. De cosas.

—¿Lloró por su hija?

—Sí.

—A lo mejor eso lo salva del infierno —dijo, sin atreverse a abrir la puerta del fondo—. A lo mejor por fin tuvo un buen sentimiento.

—A lo mejor.

Nos miramos a los ojos. Hubiera querido abrazarla y decirle que todo estaba bien, que alguna vez olvidaríamos aquellos días, que estábamos juntos y que eso era lo más importante.

—Entremos —me dijo—. La niña ha preguntado por ti.