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RAKEL RODRÍGUEZ


NO DOMARTE

Durante años
he luchado casi a muerte
contra mi animal,
tratando de suavizarlo he desgastado
energías inútilmente.

No hace mucho he comprendido
que lo mejor es no domarlo
y dejarlo campar en mis entrañas
a sus anchas.

[1]

 

LAS PROSTITUTAS DE LOCKHART ROAD

Ellas te sonríen
vestidas de colegialas,
con los calcetines blancos o negros
hasta las rodillas.
Ponen su mirada más traviesa,
y juguetean con sus coletas
mientras te preguntan
“bum-bum, darling?”
chupando una piruleta.
Puedes hacer bum-bum con ellas
con la más guapa del bar,
la de los ojos más rasgados
y los labios en forma de corazón.
Sólo por unos pocos cientos de dólares
hasta el más patán de los patanes
se creerá Casanova por una noche
en Lockhard Road.
[2]


(Rakel González, El animal que me habita. Las bestias que me rodean y un relato [1], Made in Hong Kong [2], Jaén, Ediciones RaRo, 2010)

ANTONIO RIGO


Camino hacia la muerte.
Acuérdate. Asesinamos tantas flores.
Hicimos palidecer todas las esperanzas.
La eternidad del amor
fue un grito transparente.
Ahora camino hacia la muerte.
La tristeza es una compañía segura
feliz y silenciosa.


(Antonio Rigo, Poemas del  bosque y de la lluvia, Baile del Sol, 2008)

RAÚL NÚÑEZ SEGÚN INMA LUNA Y SILVIA D. CHICA

Inma Luna

INMA LUNA:
          Me acerqué al virus poético de  Raúl Núñez con el fin de preparar una fotografía para la portada de Marihuana para los pájaros, la antología que publicó en 2008 la editorial Baile del Sol. Sus versos sobrecogedores me hablaron de un hombre infectado por la mirada poética de la vida, de la vida que retuerce los huesos y se ceba con los frágiles. Las palabras de Núñez no tienen vuelta de hoja, no es necesario levantarlas del papel para ver lo que esconden debajo. Plagadas de referencias a lugares, poetas, narradores, personajes y músicos, su poesía se pasea por un recorrido vital lleno de aristas y dramático sentido del humor. Raúl vive y llora en su poesía porque fue carne de poesía, un poeta suicida desde el primero de sus versos hasta el último punto y seguido.



Silvia D. Chica

SILVIA D. CHICA:

         Descubrí a Raúl Núñez de la mano de Vicente, aquel “People” me hizo caer en la cuenta de que existía otra manera de hacer poesía, del lado marginal, del que escribe desde la esquina solitaria en un bar con un vaso de vino barato. Fue un beatnik a la española, un outsider, que yo emparentaba con aquella incipiente y desconcertante literatura norteamericana on the road que devorábamos.
Me sentía identificada con sus referentes musicales, con su ritmo pop, con su galería de freaks, con su prosa directa y espontánea sin remilgos.
Fue un desconocido, murió en la oscuridad y poco se sabe de él pero creo que hay que sacarle del olvido, pertenece al grupo de locos deslumbrantes que merece engrosar las primeras filas.
En la nueva etapa de Vinalia Trippers ofrecemos a los lectores un homenaje a este loco cuerdo del antiguo raval barcelonés, en la separata “Poemash”.

Os animo a que indaguéis en su universo. No decepciona.


Un brindis por él.

RAMIRO GAIRÍN MUÑOZ


QUE CAIGA EL FAVORITO

Que caiga el favorito
y pierda los partidos importantes
quien más dinero gasta

y el mundo no se mueva ni un milímetro

apago las noticias y te miro
y eres como encontrar supervivientes
varios días después del terremoto



 
(Ramiro Gairín Muñoz, Que caiga el favorito, Prensas Universitarias de Zaragoza; Col. La Gruta de las Palabras, nº 74, mayo 2011)

RAÚL NÚÑEZ SEGÚN ALFONSO PASCAL ROS

Alfonso Pascal Ros

          Inevitable pero facilona además de inadecuada la comparativa con Bukowski de la primera impresión. Hay mucho mal imitador, sólo eso, que no pasa de ajustar pose maldita en barra de bar y voz arrastrada de al catre, nena. Luego hay poetas-referencia, poetas alucinatorios que coinciden en el siglo más o menos, ya me entienden, en Los Ángeles o en la Barcelona de putas y otros oficios peor remunerados, voces como la de Raúl Núñez que descarnan verdad y brillantez, fragilidad en cada poro. Pronto es, pese a la gran pantalla, para hacer repaso de influencias en algo tan inabarcable como lo literario actual no despojado de la paja, pero hora siempre para volver a él, recuerdo que esto me sucedía también con Nietzsche a mis veintipocos, para ayudar a pasar una mala noche de mal de muchos.

FULGENCIO MARTÍNEZ


ECOPOEMA CONTRA LA ESCLAVITUD SILENCIOSA DE NUESTROS DÍAS

¡Penas! ¿Quién osa decir
que tengo yo penas? (…)
¡La esclavitud de los hombres
es la gran pena del mundo!
José Martí




Protesta, hombre, contra la esclavitud
silenciosa, la nueva tiranía
del poderoso Don Dinero,
que hoy manda sin mostrar su patita
de tirano: la ciencia y las leyes
creadas para defender su avaricia.
Parece anacrónico y poco
conveniente, en estos días,
reclamar un trabajo digno.
Ten por seguro
que nos quieren mano de obra sumisa,
mal pagada y contenta.
Nuestro cantar, amigo, no es alegre
cuando vemos crecer la fila
de trabajadores en paro,
de obreros con empleo precario,
de jóvenes temporeros urbanos.
Nuestro rimado no es alegre
y el silencio haría
pesar más las cadenas.


El techo de hambres y saliva
sigue ahí, como un muro que oculta
el verde de la higuera, el labio de la luz.
Es cierto que hay otros miserables
y que nosotros podemos comer.
Pero no olvidemos escupir
en la cara a los culpables.
No tengamos miedo de ser mejores.
Nuestras penas personales son aire,
pero nuestro cantar, no es alegre
ni sereno
como los cantares de antes:
Allegados son iguales
los que viven por sus manos
e los ricos.

Nuestro cantar no es alegre, ni triste:
nuestro cantar está
inquieto por llegar a la utopía
de un mundo sin cadenas.
Mientras tanto,
nuestro cantar no puede ser alegre
y vale, lo que vale.

(Poema extraído de la bitácora dirigida por el escritor Francisco Javier Illán Vivas Ágora. Papeles de Arte Gramático)

RAÚL NÚÑEZ SEGÚN ESTEBAN GUTIÉRREZ GÓMEZ, BACO

Esteban Gutiérrez Gómez, Baco



¿Qué significa Raúl Núñez para ti?

              Raúl Nuñez es el espíritu de la contracultura, la fotografía de la verdad.


¿Ha ejercido Raúl Núñez alguna influencia en la literatura actual?

              Por supuesto que sí. Es el escritor de referencia para actuales escritores que huyen de la fantasía y muestran las miserias y realidades de nuestras vidas. La corriente poética llamada "de la conciencia", el mal llamado "realismo sucio" o la poesía confesional española le deben mucho a este autor. Desde Vicente Muñoz a Carlos Salem, desde Karmelo Iribarren a David González, son muchos los que bebimos de sus vinos y nos quedamos marcados.


¿Por qué hay que recordar a Raúl Núñez?

             Porque no entenderíamos en plenitud la realidad de los años 80 en Barcelona si no leemos sus libros, igual que no sabríamos qué fueron esos años en Madrid si no escuchamos a los Burning o a Leño. Porque autores como él tienen el don de inmovilizar el pasado, el mismo que otros se encargan de deformar. Porque escribir no es una aventura sino una manera de vivir.

CALVERT CASEY


In partenza

                                                            Para Esther Judith,
                                                             tranquilizadora madre de la tribu


       
                                   
Pocos días antes de emprender yo el viaje, mi cocinera decidió que era tiempo de consultar a los muertos.
Inefable Ángela, cuánto te preocupaba este corto viaje sentimental que me veías preparar sin entusiasmo, más bien con cierta tristeza, recelando de los verdaderos motivos que me llevaban a cruzar el mar.
Ángela brilló por su ausencia todo el último día y yo me quedé sin almorzar. A media tarde, la divisé por la ciudad antigua. Descendía de un ómnibus con gran dificultad. Iba cargada de envoltorios de papel de periódico. No sin cierto sentimiento de culpa, adiviné lo que llevaba en ellos. Ardorosa, desapareció entre los vehículos y la gente y no volví a verla hasta la hora de la cena, que tampoco preparó. Olvidada de comer, me sometía a su rígida regla.
A las ocho comenzaron a llegar los invitados, que Ángela trajo desde el barrio donde habita.
Cuando oí tocar a la puerta, pensé ir a abrir, pero desde el comedor, donde había estado encerrada mucho rato, Ángela se precipito gritando: ¡Voy yo!
Oí rumor de saludos, conversaciones, risas nerviosas y luego silencio. Ángela vino a llamarme.
—Venga para presentarlo.
En el salón fui presentado a los invitados. Una mulata gruesa se levantó con trabajo para saludarme, caminando sobre zapatos de plataforma de madera. Su hijo era un negro joven, pequeño y fuerte, de cara extraordinariamente inteligente. Creí reconocer en él a alguien visto pocos días antes en una oficina pública. Una rubia se adelantó y me presentó a su hija, casi una niña, cuya presencia excusó diciéndome que no podía dejarla sola. La quinta persona era una mujer negra, de edad avanzada y pulcra, de ropa muy blanca y tiesa de almidón, que andaba con infinita elegancia sobre tacones altísimos y me saludó seria y cordial.
Nos sentamos, cambiamos impresiones sobre el tiempo y al poco rato Ángela dijo:
—Vamos.
Lentamente, conversando y riéndonos un poco, desfilamos hacia el comedor. Al entrar, me di cuenta de que Ángela había saqueado la ciudad. Montones de rosas, de nardos, estaban dispuestos sobre la mesa. Debajo de ésta, enormes mazos de yerba exhalaban una frescura intensa, que se mezclaba con el olor del incienso.
Ángela nos distribuyó de la mejor manera posible en las sillas que había traído a la pequeña pieza. Cerró herméticamente las puertas del balcón, encendió la lámpara más discreta, apagó la luz del techo y comenzamos.
¿Debo citar en detalle los pormenores de la última noche que pasé en mi casa? Recuerdo sobre todo el exquisito tacto con que Ángela y sus amigos recibieron a todo el mundo, las atenciones que desplegaban con los propicios, la terrible dureza para los inoportunos. ¿Cómo olvidar las corteses palabras de bienvenida, los deseos expresados con una sinceridad tan conmovedora, las palabrotas, los gestos de violencia, el golpe seco de los cuerpos al ser derribados, las manos heladas del muchacho que transpiraba intensamente, sus ojos ya desorbitados, estrábicos, y sobre todo el sincero, el delicado interés por mi bienestar?
De los recuerdos de la noche hay uno que domina sobre los demás y que no me abandona.
En un momento dado, la madre del muchacho se alzó sobre sus plataformas de madera y  saludó. Todos respondimos al saludo. Su hijo se levantó y poniéndole las manos en los hombros  preguntó:
—¿Cómo te llamas?
La madre se llevó las manos a la cintura y ladeó la cabeza en un gesto que me pareció innecesario.
—Blanca.
El muchacho miró fijamente a los ojos y volvió a preguntar:
—¿Estás segura?
—¡Segurísima! Todo el mundo me conoce.
El muchacho movió la cabeza de un lado a otro.
—No es cierto. Eres un hombre y no te llamas Blanca.
—Seguro, seguro que me llamo Blanca ¡todos me conocen por Blanca!
Había algo repugnante en sus gestos.
—¡Tu verdadero nombre! —la furia del muchacho llegaba sin transición.
Con voz ahogada por la risa, la madre de la niña comentó con la mujer flaca y pulcra:
—Es una marica.
—¡Tu verdadero nombre! —bramó el muchacho.
—¡Bueno! ¡está bien! ¡No me llamo Blanca! —Y señalando en mi dirección añadió, presa también de furor súbito—: Pero a ése ¡lo odio!
Todos nos levantamos y uniendo las manos nos cerramos en círculo sobre la mujer, que se tambaleaba en sus plataformas de madera.
Cuando el inoportuno hubo desaparecido de la casa para siempre, caminando sobre los nardos y las rosas nos dirigimos de nuevo al salón, donde Ángela hacía arder una gran cruz de alcohol.
Las llamas arrancaban reflejos al sudor que corría por los rostros de todos.
Antes de iniciar yo mi viaje, Ángela me enseñó una canción para aplacar el mar embravecido, pero cuando una galerna jugó con el barco en el Golfo de Vizcaya, temblé de miedo y cuando quise cantarla me di cuenta de que la había olvidado.

(Calvert Casey, El regreso y otros relatos, Barcelona, Seix Barral, 1967)

RAÚL NÚÑEZ SEGÚN JOSÉ ÁNGEL BARRUECO

José Ángel Barrueco


¿Por qué hay que recordar a Raúl Núñez?
            Hay que recordar su valor para ofrecernos una poesía de tono psicodélico, como resultado de haber fumado varios canutos e ingerido algunos ácidos; hay que recordarlo porque, en la narrativa, se adelantó a muchos de los denominados realistas sucios españoles que luego se han llevado la gloria, aunque, como apuntara David González, Raúl lo hizo primero: historias contadas con una prosa sin aderezos, que iba al grano y recorría los ambientes turbios de Valencia o Barcelona. Raúl siempre estuvo de parte de los perdedores y de las minorías, y por eso sus libros, ya sean poemarios, novelas o compilaciones de artículos, están repletos de borrachos y de fulanas y de gente que sobrevive como puede. Y no debemos olvidar su humor desenfadado, desde luego. Entre tanta desgracia y tanta miseria, siempre colocaba alguna frase que incita a la risa. 

FRANCISCO DÍAZ ANSÓN


TWO LOVERS 

Ya no me gustan los anillos. 
No quiero el oro ni la plata.
 
Ni el aro del amor es amarillo
 
Ni el gris del desamor es de hojalata.
 


Fue hace tiempo, pero volvió a pasarme 
Cuando ví la película.
 
Aquella sortija no debió ser suya.
 
Las sortijas solo tienen la medida de un dedo,
 
La luz de las sortijas se enciende en un solo corazón.
 
Pero hay quien las recoge o las tira a la playa, 
Hay quien da o acepta sortijas que son de otros
 
Porque no saben que las sortijas son un metal
 
Y un compromiso.
 
Todos aceptamos que los amores son perennes 
Pero no hemos inventado sortijas que se diluyan,
 
Sortijas que se desgasten,
 
Sortijas que se degraden, que desaparezcan,
 
Que se mueran.
 
Las sortijas nos sobreviven, nos recuerdan 
Que somos nosotros los que desaparecen,
 
Se distancian, se hieren.
No podemos romper las sortijas 
Como podemos romper las fotos.
 
La sortija es un objeto perfecto,
 
Indestructible.
 
En los enterramientos hay sortijas
 
De materiales nobles
 
Y ningún rastro del amor del muerto.
 
Da igual que las tires, que las des a los otros, 
Que estén en un cajón, en una playa,
 
En un océano.
 
Las sortijas te buscan
Aunque estén en un dedo equivocado
.
Cuando se acabe el mundo
El último metal que ha de fundirse
Será el de las sortijas.
Pensarlo bien antes de ataros
A una sortija.


(Poema cedido por el autor)

RAÚL NÚÑEZ SEGÚN GSÚS BONILLA

Gsús Bonilla


  ¿Qué significa Raúl Núñez para ti?

           Preguntarme qué significa para mí, en este caso Raúl Núñez, es como preguntarme qué significa para mí “la vida”, es decir, qué significa la existencia, un modo de vivir; y aunque mi forma de hacerlo – de vivir- no sea precisamente lo más parecida a la del gran Raúl, sí que es verdad que me alegro que la respuesta se encuentre en la existencia de “seres humanos” –a mi modo de ver- tan extraordinarios como él. Entrecomillo lo de S.H. por hacer hincapié en lo prostituidas que están estas palabras; lo bueno de Núñez es que en muchos de sus textos hace honor al  significado de “ser humano”, con sus aciertos y sus fracasos, con sus virtudes y sus defectos.
           Si hablamos de literatura, también se puede extrapolar esta respuesta.

  ¿Ha ejercido Raúl Núñez alguna influencia en la literatura actual?  
          Supongo que no;  no hay nada más que ver cómo está el patio en los suplementos culturales de este país y otros grandes mercaderes de la literatura y otras artes, de la cultura al fin y al cabo; ahora bien, sin embargo, en otros  ámbitos que se desarrollan al margen de estos lobbys,  es muy posible que sí, que algo, aunque no sé hasta qué punto,  haya influido. Digamos que la contracultura siempre ha estado ahí y seguirá ahí, y yo me felicito porque haya autores, y si es en castellano mejor que mejor,  como Raúl Núñez que mantengan viva la  llama de lo políticamente incorrecto.

 ¿Por qué hay que recordar a Raúl Núñez?
           Bueno, pues precisamente por lo que yo apuntaba en la anterior respuesta. Siempre es necesario que haya alguien que se dedique a levantar la alfombra para que se vea la mierda que se esconde debajo de ella, y hacerlo  a pecho descubierto y de una manera libre en todos los sentidos, honesta y sincera.

RAÚL NÚÑEZ SEGÚN KEBRAN


Andrés Ramón Pérez Blanco, Kebrantaversos
          
            Coincidiendo con la publicación en el blog de Ágora del artículo "Raúl Núñez. Canción de vida, a varias voces, para un ángel náufrago" y antes de que se reproduzca completamente en esta página, seguimos sacando a la luz las entrevistas completas, inéditas, a esas "varias voces" que se citan en el artículo. Le ha llegado el turno al poeta Andrés Ramón Pérez Blanco, "Kebran".


¿Qué significa Raúl Núñez para ti?
           Raúl Núñez era, junto a David González, que es, la  última esperanza de la verdadera literatura, la que nace en las calles, en esta especie de país, llamado España, en el que los auténticos escritores fenecen de olvido, cuando no de hambre.

¿Ha ejercido Raúl Núñez alguna influencia en la literatura actual?
            Esperemos que los futuros escritores puedan conocer su obra, por el bien de la mal llamada literatura. Sus libros son pequeñas joyas, no son extensos, pero sí son intensos, y eso lo saben quienes lo hemos leído, quienes hemos bebido de sus libros, sabemos que la VIDA es como Raúl nos la muestra en sus escritos. Por desgracia, no conozco a ningún escritor actual que escriba sobre la VIDA como Raúl lo hizo. Duele mucho escribir verdades. Y duele más leerlas. Y reconocerse en ellas.

¿Por qué hay que recordar a Raúl Núñez?
            Porque tiene unos libros que debieran ser de lectura obligatoria para nuestros jóvenes, porque es un autor del que muchos hablan sin haberse leído ni una sola línea de las que escribió, malditos de pastel. Raúl fue un maldito (el malditismo no se imposta, amigos), un maldito que nos regaló LIBROS con mayúsculas. Agradezco a David González el hecho de darme a conocer a Raúl y el hecho de que me obsequiara con una de sus novelas. El resto, excepto una, las he devorado. Sus poemas, los comí de postre. Y aún los digiero. No sé si terminaré algún día de hacerlo. Observen la importancia de este hecho. Un libro que se quede toda la vida dentro de ti. Fascinante. VIVA RAÚL NÚÑEZ.

RAFAEL CALERO PALMA


CADA VEZ QUE DISPARAS A UN ÁNGEL


Cada vez que disparas a un ángel,
y ves
cómo cae,
agonizante,
sin vida,
sobre el asfalto,
piensas que ya nada volverá a ser igual,
que a partir de ese momento todo cambiará.

Pero todo permanece intacto.



(Rafael Calero Palma, El placer de ver morir a un ángel, Huerga y Fierro Editores, 2011)

CARLOS GARGALLO



POÉTICA LA MÍA
 
Yo no voy de poeta.
Soy poeta.

No lo digo yo, no,
son mis tripas, y la sangre con sus venas,
el corazón, sus espinas que me hieren,
la razón de quien lo niega.
Después de decir la verdad
que ocurra cualquier cosa:
Que me lancen piedras a la puerta,
que rían y rían creyéndose
ser los únicos,
los que piensan (y se lo creen)
que nada más que en ellos,
que ellos,
son la luz de los versos.

Maldigo todo aquello
que hace acallar las bocas,
a quienes dejaron de ser poetas
para alzarse dioses,
falsos profetas,
charlatanes engreídos,
veletas de vientos ajenos,
y pisaron la voces nacientes,
frescas, atrevidas,
matándolos en su propia tierra.


YO LE CREÍ

Un día, mi marido me dijo
que siempre me querría.
                                           Yo le creí.
Un día, también me dijo
que siempre estaría a mi lado
amándome, siendo sensible,
que jamás discutiríamos
y que todo sería perfecto.
                                            Yo le creí.
Recuerdo que al principio,
era así, éramos felices
como se es feliz hoy,
con hipoteca, muebles nuevos
y una tripa de nueve meses.

Me decía que a la niña le pondríamos
de nombre como a su madre,
que en cuanto naciera, los tres
seriamos la familia-envidia de todos.
                                                      Yo le creí.
Hoy, en esta habitación fría,
paredes asépticamente blancas,
blancas batas y miradas profesionales,
les oigo decir:
Menudo hijo de puta,
mata a su mujer y su bebé,
otra más a la triste lista.
                                                Y yo le creí.



(Carlos Gargallo, El silencio imaginario, Murcia, Azarbe, 2010)

FERNANDO BELTRÁN


Mi madre me enseñó a hacer trampas.

Trampas para perder.

Ganar era tan fácil que lloraba por la noche
y no podía conciliar el sueño.

Cogidos de la mano me calmaba
relatándome historias que sucedieron luego.

La culpa fue mía,

madre me preguntaba
si las quería reales o inventadas
y yo pedía siempre que le hubieran
sucedido a ella.

Y casi sin quererlo
una noche mi madre inventó la realidad.


(Poema extraído del blog Azuldemar)