GEORG HEYM
DUERMEVELA
La tiniebla cruje como un vestido,
los árboles vacilan en el horizonte.
.
Refúgiate en el corazón de la noche,
excava dentro de la oscuridad un escondrijo
como la abeja en el panal. Hazte pequeño,
baja de tu yacija.
.
Algo desea atravesar los puentes,
piafa curvando las pezuñas,
descarriadas, empalidecen las estrellas.
.
Como una anciana la luna se mueve
de un lado para otro
con el lomo encorvado.
(Georg Heym, Tres poetas expresionistas alemanes. Trad. Jenaro Talens,Hiperión, 1997)
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YOSIE CRESPO
EPÍLOGO A NADIE
Me trago una bala
como quien puede esconder
con su rabia
el mundo que muere.
No culpo a nadie.
La ciudad es una hora fatal
que devora mi alma.
La gente viaja tranquila,
pasajeros a ninguna parte.
Veo la noche que cae
y como un peine misterioso
burla mi voz
y grito.
Pero nadie me escucha.
(Poema extraído de la revista digital Ginebra Magnolia)
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YOSIE CRESPO
ALFONSO XEN RABANAL
BLUES ENTRE LA NIEBLA
... a la niebla le gusta encontrar luz en un callejón oscuro arrancándote las bragas y beber en tu clítoris, llorar sobre tu ombligo y sentirse silencio entre tus gemidos...
Soy la sombra que me espía y se masturba con tu esencia, de ella extraigo el aceite que es base donde mezclo sangre y esperma que tatúa espirales que engasto en tu garganta como puntos suspensivos, perlas que se envuelven a sí mismas, sabiéndose intrusos en tu alma a los que arropas...
Te cuento lo que vomito pero no busques pureza en mis diarreas en visión de espejo... sólo siente, siente cómo fluye y arrastra la mierda que se ulcera pues no existe equilibrio ni sistemas cerrados en la vida y soy consciente de que me pudro y de mí surge la vida química sin fórmulas, sin normas ni cotas ni límites aunque olvide que la palabra hace ya tiempo que no expresa lo que tanto callé...
(...)
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ALFONSO XEN RABANAL
DIONISIO CAÑAS
I
UN CORAZÓN ABSTRACTO ME AMENAZA
(PASEANDO CON CIORAN)
Entonces,
cuando en la sangre llevaba más alcohol y más
España,
me emborrachaba de oscuridad
y hacía de la noche el sol negro de todas mis
mañanas.
Ahora
el vinagre de la sangre me hace ser prudente
y los frutos de fúnebres cosechas
se venden a mi alrededor sin que yo levante un
dedo.
Mejor llorar sobre las ruinas de los besos
que estar hundido en mi propio corazón.
(Dionisio Cañas, Corazón de perro, Madrid, Ave del Paraíso, 2002)
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DIONISIO CAÑAS,
E. M. CIORAN
MANUEL ASUR
XVIII
Quien algo deja ver, algo quiere ocultar.
La acción oculta la duda.
La contemplación, la obra.
El que algo quiere hacer, abandone la incertidumbre.
El que nada, dese a la perplejidad.
Soñador, ¿no temes la desolación y el desprecio?
Gimnasta, ¿no eres sifilíticamente engañado?
(Manuel Asur, Víve-se d´oyíes, Seminarium de llingua asturiana, Poemes bilingües, Oviedo, 1979)
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MANUEL ASUR
AGUSTÍN FERNÁNDEZ MALLO
(Dos poemas)
***
(Agustín Fernández Mallo, Carne de píxel, Barcelona, DVD Ediciones, 2009).
hay algo en el píxel de carnal y abstracto, cuadriculada superficie que contiene toda la información visual posible, agota su sentido, y sin embargo es una cifra, está vacío. Hay en el píxel una metafísica. Origen, piel acristalada, proteico paisaje, el viajero que llegando a Región. Más tarde cada cual fue concibiendo su sembrado de rosas cúbicas, cubículo, cubicaje [como quieras llamarlo]. Ganó tu sexo en nitidez. Fracasó en particular la carne de las rectas para llegar a lo único que son, y=ax+b; letras. El resto, arrebato de lo que no existe: ficción: pura espectroscopia.
para mí siempre fue un misterio el origen de tu ropa interior, de su perfecta cabida en tu cuerpo. Inversa es la lógica de quien descubre una tierra analógica pero real como la de un espejo. Pero si te fijas, la imagen del espejo posee una pátina que aunque visible la oscurece, como si algo de materia se perdiese en el trayecto, un residuo que si lo juntaras verías lo que pierde aquel que te mira; mejor dicho, quien en tu imagen desaparece; o, aún mejor, quien en ti ya ha desaparecido.
(Agustín Fernández Mallo, Carne de píxel, Barcelona, DVD Ediciones, 2009).
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MARIO BELLATIN
MADRE E HIJO
Nunca se me ocurrió, durante el tiempo que viví junto a mi madre, que ajustar mis genitales en su presencia tuviera una repercusión mayor. Estaba equivocado. Después supe que incluso les pedía a las otras mujeres objetos de valor para que pudieran mirármelos plenamente. Ajustados, acogotados, a punto de estallar. Mi madre aprovechando mi dolor. Recolectando objetos sin parar. Muchas veces cosas de comer o pequeñas prendas de adorno personal: aretes de plástico, alguna cuerda delgada que adosaba a su muñeca. Cierta vez consiguió un lápiz con el que pintó sus labios. Fue tanto el entusiasmo que le causó delinear su boca que olvidó por unos momentos mi presencia. Logré entonces desanudar la extraña prenda que mi propia madre había ideado para nuestras visitas a los baños. Quedé totalmente al descubierto. Una luz difusa iluminó mi carne. Me arrojé después al agua. A la parte más honda. Aparté a unas mujeres obesas que con sus cuerpos me impedían el paso. Estuve incluso a punto de cruzar a la sección reservada a los hombres. Estaba seguro que de haberlo logrado nunca más hubiera vuelto a ser recibido por mi madre. De improviso se me ocurrió voltear. Estaba a gatas. El agua se confundía con el barro. De haberme puesto de pie me hubiera llegado sólo a los tobillos. Hubiese quedado expuesto nuevamente a las miradas que hacen posible que me encuentre ahora en estos baños. Las mujeres hurgarían entre sus pertenencias y lograrían, por medio de aquel trueque tan particular, contemplarme el tiempo que considerasen necesario. Miré más allá de las mujeres obesas y pude percibir que mi madre continuaba al lado de las piletas de aguas termales. Seguía abstraída en el ritual de delinear su boca. Las demás la observaban con detenimiento. Salvo las mujeres obesas, que seguían atrapadas en la zona que les tenían reservada. Me atrevo a decir que se trataba de un espectáculo ajeno a las costumbres de la región. Me pareció tan alejado de nuestras usanzas que no pude controlarme y le grité. Mi madre no podía utilizar estas visitas para pintarse los labios. Mi voz se fue acrecentando. El rebote del agua contra los canales de cemento distorsionaba de manera rotunda las palabras que le iba dirigiendo. No podía permitir que los labios de mi madre fueran más importantes que el espectáculo que mis testículos eran capaces de ofrecer. Pero parecían serlo. Incluso a las mujeres obesas se les veía dispuestas a romper las reglas y se preparaban para ingresar a la zona de aguas termales. Antes aquello nunca había sucedido. A partir de cierta edad y de la definición de los sexos, cada cual tenía su zona asignada. Sólo a los niños y adolescentes se nos permitía ir de una a otra sin el permiso de nadie. Estábamos en la libertad de aventurarnos desde el espacio de las mujeres estériles hasta el reservado a las niñas que eran preparadas para ser ofrecidas a los hombres que años después debían pegar plumas de ave en sus cuerpos. En los primeros tiempos permanecía muchas horas dentro del agua. En aquella época no sabía aún lo perjudicial que suelen ser los baños tomados a destiempo. Era inconsciente todavía de lo peligrosas que se tornan las superficies recorridas una y otra vez. Volver a descubrir las marcas del tiempo sobre las cosas es quizá una de las enseñanzas de estos baños. Lo único que parecía escapar a este deterioro eran mis testículos, siempre dispuestos para la exhibición. En la puerta de salida me esperaba mi madre. Se le veía contenta cada vez que nos volvíamos a encontrar. Llevaba casi siempre consigo los objetos recolectados durante la jornada. Le agradaban la mayoría de los regalos que le daban a cambio, pero parecía haber comenzado a tener una especial predilección por los lápices de labios. En más de una oportunidad me había despertado en medio de la noche para mostrarme sus labios morados o fucsia fosforescente. Nunca pude estar seguro de si lo había soñado o si aquella figura exaltada que movía la boca en forma un tanto grotesca formaba parte de una escena que existía en realidad. Mi madre no dejaba de mostrarme los labios hasta que yo despertaba del todo. Le decía que efectivamente me gustaba más cuando estaba pintada de esa manera. En noches como aquélla era muy difícil que volviera a conciliar el sueño de la forma profunda en que suelo hacerlo. Me quedaba entre despierto y dormido. Ponía en práctica un viejo juego —con el cual me solía entretener desde niño— que consistía en sacar mis genitales, sin necesidad de las manos, de la extraña ropa interior que mi madre me confeccionaba. Sabía que aquella prenda no era una invención suya. Se trataba de un modelo que venía de muchos años atrás. Sabía también que el oficio de madre que se dedica a mostrar los genitales de sus hijos no era de su invención. Se trata de una costumbre de antigua data, para la cual no todas las mujeres con hijos están capacitadas. En realidad casi ninguna se encuentra en condiciones de llevar a cabo una práctica de esta naturaleza. De allí la ínfima cantidad de madres de este tipo que hay en el mundo. En la comarca casi todos habían olvidado la existencia de una mujer semejante. Tuvo que ser mi propia madre la que les hizo recordar a los demás que cincuenta años atrás la hermana de su abuela se convirtió, como producto de esta profesión, en la mujer más poderosa de la zona. Se tenía cierto recuerdo de aquella mujer. Pero nadie, ni siquiera mi madre —quien realizó una investigación exhaustiva para conocer más de cerca a su predecesora— conocía el destino final del hijo que la llevó a reunir tanto poder, lo sucedido con ese muchacho con quien recorría poblado tras poblado en una ruta sin fin. Es verdad lo que se rumora, me dijo mi madre cierta madrugada de mucho calor en que me acababa de despertar para enseñarme unos labios cubiertos con una pátina aceitosa, de las madres mostradoras de genitales se llegan a conocer muchos detalles. En cambio de sus hijos exhibidos se ignora todo. Luego me enteré de que los mataban sin piedad. Aquella noche caí profundamente dormido. Tuve muchos sueños, que continuaron las noches siguientes. Imaginé el destino de las madres que se enriquecían con el espectáculo ofrecido por sus hijos. Se decía que aquellos genitales terminaban siendo víctimas del mal propiciado por la envidia de las demás. De un momento a otro comenzaban a secarse hasta que de la bolsa inflada que los contenía no quedaba sino una tripa flaca y colgante, que terminaba por desprenderse del cuerpo antes de que el joven se diera cuenta de lo que estaba ocurriendo. Cuando esto sucedía las madres huían de inmediato. Cargaban como podían con los objetos de valor que hubiesen recolectado y solían dirigirse hacia las zonas montañosas a esconder su vergüenza. Antes daban muerte a sus hijos. Una de las maneras más comunes era permitiendo que se llenara de gusanos la herida dejada por el escroto al desprenderse. Para acelerar el proceso ponían sobre la herida restos de excremento. Me enteré de este método hace poco tiempo. Me lo contó un compañero de la escuela especial a la que asisto. ¿Por qué me encuentro matriculado en una escuela especial? Es una pregunta que nunca dejo de hacerme. A mi madre parecía no bastarle con llevarme casi todas las tardes a los baños públicos. Enriquecerse con los objetos que iba recolectando. Pintarse los labios una y otra vez con lápices de diferentes colores. Todo esto daba la impresión de parecerle poco. Cualquiera que la hubiera visto en esos años hubiese pensado que me odiaba con todas sus fuerzas. Pensaría en esa única opción, sobre todo si hubieran apreciado el gozo que se reflejó en su rostro cuando la directora de aquella escuela dio por fin su veredicto de aceptación. Mi madre había estado muchos años empeñada en lograr que formara parte de esa escuela. Cuando le nació aquel deseo todavía no podía percibir la potencialidad de mis testículos. En aquellos tiempos esa escuela era tal vez la única salida que podía encontrar para ser considerada como un mujer de cierto prestigio en la comunidad. El único modo de estar al nivel de los hombres que pegan plumas de ave en sus cuerpos. Recuerdo que cuando estábamos a solas realizaba experimentos con mi cuerpo para conseguir mi ingreso. Me colocaba unos lentes con los que la realidad se trastocaba hasta convertirse en una presencia irreconocible, capaz únicamente de producirme pavorosos mareos. En otras ocasiones me asfixiaba con la almohada hasta que me sentía morir. Una vez trató de meter mi cráneo dentro de una calavera que guardaba con fines desconocidos. Cierta mañana en que me descubrió gastando en caramelos un dinero que cayó del bolsillo de un muchacho de la zona, me quemó las manos en la hornilla de la estufa. Sólo consiguió que me aceptaran en la escuela especial después de la primera incursión a los baños públicos. Alguien le había dicho que hacer esa visita era la única forma de lograr que fuera parte de esa escuela. En aquel entonces mi madre era una mujer realmente pobre. Ni siquiera era dueña del bolso con el que actualmente se pasea. Vivíamos en un galpón que había sido de sus padres. Durante muchos días fue guardando centavo tras centavo para poder pagar una entrada en aquel tiempo inalcanzable. Nuestros cuerpos comenzaron a expeler un olor hediondo. Como sabíamos que la visita estaba próxima, abandonamos las formas de aseo que practicábamos normalmente. Cuando se logró completar el valor de las entradas nos levantamos antes de que amaneciera. Salimos con prisa. Sabíamos que desde muy temprano se formaban las filas de gente para entrar. Que muchos de los comerciantes del sur iban a visitar esos baños antes de sus giras de trabajo. Que las mujeres de la más alta alcurnia querían aprovechar las opacas luces del alba para que nadie apreciara con nitidez sus cuerpos antes de ser introducidos al agua. Nos quedamos dentro horas enteras. Los regalos comenzaron a aparecer ni bien madre me quitó los pantalones. A partir de entonces tuvimos acceso gratuito a las instalaciones. Debíamos acudir todo el tiempo que nos fuera posible. Nunca más mi cuerpo volvió a oler de manera desagradable. Mi piel cambió a las pocas semanas. Se cubrió de una pátina un tanto reseca y de una luminosidad que para algunos es incluso más asombrosa que mis propios genitales.
(Texto extraído de Letras Libres)
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EDWIN MADRID
Uno va a la cama
por haragán o por frío,
pero también come
sobre ella
y sueña
y muere.
¡Es increíble! el
tiempo que pasamos
en ella con ella.
tiempo que pasamos
en ella con ella.
Pobres de nosotros, si
un día aparece un loco
y manda quemar
las camas del mundo.
un día aparece un loco
y manda quemar
las camas del mundo.
(Edwin Madrid, Puertas abiertas, Eskeletra Editorial, Quito, 2000)
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EDWIN MADRID
MILOS DE AZAOLA
NINFANCIA
cuando era un niño
las ninfas bailaban a mi alrededor
y me entregaban su amor inocente
maliciosas en su candidez
cándidas en su malicia
me hablaban en mi propia lengua
o en otras, incomprensibles
sólo en apariencia
porque yo siempre las entendía
tal vez demasiado bien
(por eso me sonrojaba
no era confusión
sino comprensión)
aquellas niñas me amaban
y yo las amaba a ellas
no éramos precoces
nos salía de forma natural
pero al llegar a la adolescencia
todo eso se acabó
ellas se distanciaron
querían que jugara
a un nuevo juego
y me molestase
en hacer de cazador
(Milos de Azaola, Geografía del corazón, Editorial Emooby, 2011)
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MILOS DE AZAOLA
NEAL CASSADY
EL PRIMER TERCIO (Breve fragmento)
Durante un tiempo ostenté una posición única: entre los centenares de seres aislados que rondaban por las peores calles del centro de Denver no había nadie más joven que yo. De aquellos hombres grises que habían decidido dedicarse, cada cual por sus propias razones a la tarea de acabar sus vidas de borrachos sin ningún céntimo, sólo yo, al compartir su modo de vivir, ofrecía una imitación de la infancia hacia la que su vista podía dirigirse cada día, y al estar así injertado entre ellos me convertí en el hijo artificial de un buen puñado de derrotados.
(Neal Cassady, El primer tercio, Barcelona, Anagrama, 2006)
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ROXANA TORRES NEIRA
SIN RASTRO
Desde este lugar
alcanzo el camino,
encierro las huellas
que deberían conducir
mis pasos.
La tierra que me cubre
es la muestra clara
de que no hay
rastro que seguir.
(Poema extraído de su blog Tuyo es mi corazón)
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TRISTÁN CORBIÈRE
DESCORAZONADO
Fue un verdadero poeta: no tenía canto alguno.
Muerto, amaba el día y desdeñaba gemir.
Pintor: amaba su arte —Se olvidaba de pintar...
Veía demasiado —Y el ver era una ceguera.
Sueño hueco: muy profundo descansa en su sueño;
Sin darle forma de globo que estalla,
Sin abrir al buen hombre y buscarse dentro.
—Héroe puro de novela: adoraba la morena,
Sin ver si era rubia... Adoraban la luna;
Pero nunca amaba —Pues tiempo no tenía.—
—Buscador infatigable: aquí donde se currela,
Miraba currar, desde lo alto del gran alma,
Cansado de piedad por los que curraban bien...
Minero del pensamiento: tocaba su frente pálida,
Para rascar un grano o rascar el problema
Que allí le taladraba —No hacer nada—.
—Decía: «¡Sí, la musa es estéril!, es hija
Del amor, del ocio, de la prostitución;
¡No la deforméis con vientre de familia
Que cubra un semental para la producción!
«¡Oh vosotros que amasáis, peones del pensamiento! Vosotros
cuyo capricho ha trocado en amantes,
—Vanidad, vanidad— la loca noche pasada,
¡Vosotros lo pregonáis a cargo de los redondos ojos de los patanes!
«Ella os desfloró, a vosotros, como gatos que uno ahoga,
Habéis colgado su ala o su red,
Contentos de tener en vuestra manos una pluma de oca,
O pelos que rascan, ¡en forma de brocha!»
—Decía: «¡Oh ingenuo Océano! ¡Oh florecillas,
No estamos aquí, sin pintores ni poetas...!
¡Qué vidriero ha pintado! ¡qué ciego ha cantado...!
¡Y qué vidriero canta, raspando su paleta,
«O qué ciego ha pintado con su clarinete!
—¿Es ese el arte...?
—Sólo le queda en la Sublime
Bestia
Ahogar su orgullo vacío y su virginidad.
Mediterráneo
(Tristán Corbière, Antología poética, Selección, traducción y notas de Clara Janés y J. M. Martín Triana, Visor, 2003)
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TRISTÁN CORBIÈRE
THEODORE ROETHKE
MACABRO EPIDÉRMICO
Indecoroso es aquel que aborrece
La apariencia de su envoltura carnal,
El tejido fugaz cosido sobre el hueso,
La vestidura del esqueleto,
El ropaje ni vellón ni pelo,
La capa del mal y la desesperación,
El velo largamente violado
Por las caricias de la mano y del ojo.
Sin embargo, tal es mi indignidad:
Odio mi vestido epidérmico,
La salvaje obscenidad de la sangre,
Los andrajos de mi anatomía,
Y voluntariamente haría caso omiso
De los falsos atavíos del sentido,
Para dormir impúdicamente, como el más
Encarnado y carnal espectro.
(Theodore Roethke, Poemas, Buenos Aires, Editorial Fraterna, 1979)
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THOMAS BERNHARD
ABAJO YACE LA CIUDAD
Abajo está la ciudad,
no necesitas volver,
pues su cadáver está lleno de flores.
Mañana hablará el río.
Las montañas no se pueden ver
y la primavera se demora con sus colores.
Abajo está la ciudad.
Los nombres no los recuerdas.
De los bosques fluye el negro vino.
Y la noche enmudece.
Ataron los pájaros con cuerdas.
Y tú vuelves con tu triste destino.
(Thomas Bernhard, Así en la tierra como en el infierno. Ave Virgilio. Los locos. Los reclusos,
Editorial Ediciones La Uña Rota, 2010. Traducción de Miguel Sáenz)
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EDUARDO ERRASTI
RENDICIÓN
He decididodejar de fumar,
suprimir
las pastillas,
no leer
ciertos libros,
mantenerme
en forma,
hacer
más deporte,
colgarme
de las telenovelas,
comprar
un móvil,
conectarme
a Internet,
besarte
con moderación,
acostarme temprano.
En fin,
hacer todo
lo que haría ese
perfecto imbécil
que a ti tanto te gusta
(y que la vida
pase cuanto antes).
(Poema extraído de Manual de lecturas rápidas para la supervivencia)
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ANA PÉREZ CAÑAMARES
ALFABETO DE CICATRICES
Con pulso de artificiero
escojo las palabras.
Manejo con tacto
la nitroglicerina de cada sílaba.
Por culpa de palabras mal usadas
a mi corazón lo cruza
un alfabeto de cicatrices.
ANDAR SOBRE LAS AGUAS
La que yo era se ahogó en el mar
de las infinitas posibilidades.
No las extraño. La vida empezó
cuando aposté y perdí.
En ese momento el agua se tensa
y se convierte en camino.
(Ana Pérez Cañamares, Alfabeto de cicatrices, Baile del Sol, 2010)
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ÁLVARO TATO
LLAMA
Para escuchar de nuevo
nuestra canción de amor contra la noche
rodeamos la hoguera
de estas mismas palabras, las de siempre,
y les damos calor.
AUTOVIDA
Por la pared de nubes metálicas revienta
el sol de siempre, lento.
Ruedan paisaje adentro nuestras casas
de chapa. ¿Cuánto queda?
Otra tarde termina en los cristales
de esta ciudad tumbada,
el esqueleto negro del más viejo
hogar.
(Álvaro Tato, Gira, Madrid, Hiperión, 2011)
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ÁLVARO TATO
LU HIUNU
Para mis padres, pesa más
el dinero que su hija.
Y así, con el laúd entre los brazos,
recorro sola mil y mil leguas.
Al claro de la luna,
tras mi interpretación,
no cesan de aplaudirme.
No saben que no han escuchado música,
sino los sollozos de mi alma rota.
(Lu Huinu, en Chen Guojian, Antología de poetas prostitutas chinas [S. XV-S. XXI], Visor, 2010)
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LU HIUNU
ARMANDO RIVERO
NUEVO
Gracias por permitirme romper con todo y volver a ti,
como alguien que comienza
una relación accidentada
llena de ambulancias, sirenas y atestados,
con una nueva mujer conocida por todos,
un nuevo nombre con el que inscribirme
en pequeñas habitaciones,
deshaciendo viejas maletas nuevamente,
disolviendo mis ojos con un nuevo paisaje,
tan civilizado, que me pienso de los de las postales,
utilizando la novedad de la palabra para incluirnos.
(Armando Rivero, Las viejas traciones, Baile del sol, 1999)
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JOSÉ LUIS DÍAZ-GRANADOS
POEMA CERO
Hay hombres que cazan lagartijas con una mano podrida.Hay hombres que beben miel en el mar para calmar la sed.
Hay quienes se ocultan en la transparencia para defecar.
Hay hombres que duermen en el fango para ver crecer los helechos.
Hay quienes no salen de su casa para poder viajar.
Hay hombres que no aman por temor a naufragar en alma ajena.
Hay hombres sin patria que padecen la despierta pesadilla de la suya.
Y hay quienes cantan en silencio desde el escondite de su tedio.
(José Luis Díaz-Granados, poema extraído de la web Festival Internacional de Poesía de Medellín, Revista 54-55)
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MARCO LÚBRICO
LAS HEMBRAS DEL CIMARRÓN
Lo que ha sucedido no puede ya cambiarse. Ésa es la única verdad.
Miro atrás sin alegría ni tristeza, arrastro navegaciones y naufragios, trofeos y despojos. Da igual, todo es mío y todo ha caducado. Ni me arrepiento ni me quejo.
Non, je ne regrette rien, lo canta Edith Piaf y también lo cita Leonard Cohen en una entrevista. El arrepentimiento es indecoroso. Yo apechugo con las ilusiones que alenté y rompí, con el bien y el daño que hice, con las causas ganadas o perdidas. La vida empuja y escoger es dejar atrás, no podemos renunciar a caminar.
Quizá les fue mejor a otros, tienen los pies en la tierra y parecen felices. Los hombres prácticos temen lo infinito y se aíslan en un pedacito de su territorio, se hacen sociales. La comunidad da seguridad pero, de algún modo, infantiliza, el yo se diluye en los otros. Y cuando uno hace mucho caso a los otros, los horizontes se quedan demasiado cerca.
(Fragmento del capítulo 19).
***
| (Ilustración de Miguel G. Díaz, incluida, junto a otras, en la cuidada y bella edición de la obra) |
Despacio, ritualmente, me quita la camisa, me echa sobre el sofá, derrama en mi pecho el yogur blanco y comienza a lamerlo, sobre mi tórax, sobre mi cuello. Me estremezco de placer. Ahora coloca las rosas rojas sobre todo mi cuerpo, una a una, las espinas pinchan un poco, siento el frescor de los pétalos, su intenso olor y se oye la Polonesa, acordes de piano ágiles, cada vez más fuertes, los acompasa con sus manos, arañas locas en mi piel.
Seis minutos y medio después, eso dura la Polonesa, retira mis pantalones y esparce más yogur sobre mi sexo, sobre mis muslos.
-El amor es un arte, como la música- susurra.
Su dulce boca comienza a navegar por mi cuerpo, despacio, sorbiendo el cremoso y blanco líquido, desciende por el abdomen, baja a los muslos, sube al pene. Sólo lo toca con la punta de su lengua, luego lo frota con las mejillas y, finalmente, lo aprisionan sus labios, lo encierra entero en su lengua, su mano izquierda acaricia mis testículos y la derecha aplasta las rosas en mi pecho.
(Fragmento del capítulo 8)
(Marco Lúbrico, Las hembras del cimarrón, Editorial Pez de Plata, 2010)
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ROXANA POPELKA
LECTURAS APROPIADAS
Todo lo que sé
lo aprendí de
Jim Morrison,
de quién si no.
Me pregunta usted
que qué haría si
tuviera hijos,
pues verá no los
tengo pero si los
tuviera los llevaría
al colegio
sólo para que
aprendieran a poner
comas,
las comas son lo que hace
que el mundo tenga
ritmo, sabe.
(Roxana Popelka, Cumple años feliz, Baile del Sol, 2010)
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JIM MORRISON,
ROXANA POPELKA
DOLORES GARCÍA GIMÉNEZ
PRIMERAMENTE
ESTÁS SENTADA en el balcón,
las piernas colgando
de los barrotes negros.
En la mano un trozo de pan,
con chocolate o queso.
Ves pasar a las niñas
de la "Sagrada Familia".
Llevan uniforme y son rubias,
sabes que son ricas.
Tu madre dice que puedes seguir mirando…
la calle.
No tienes televisor.
Tu pelo es negro.
(Dolores García Giménez, de "Provisiones")
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DOLORES GARCÍA GIMÉNEZ
LUCAS RODRÍGUEZ LUIS
YO QUE FALLÉ
Yo que he fallado como hombre,
que fallé como pareja,
que fallé como pareja,
que fallé además como amante,
como muñeco de trapo también,
que fallé lo infalible
que soy corazón de vudú
y agujas en las tripas
esta noche, me temo,
dormiré con los ojos abiertos.
(Poema extraído de su blog elkoalapuesto)
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CHARLES BUKOWSKI
EL PADECIMIENTO CONTINUO
por todas las avenidas
la gente siente dolor,
siente dolor cuando duerme, cuando
despierta;
incluso los edificios sienten dolor,
los puentes,
las flores sienten dolor
y no hay nada
que vaya a librarnos;
el dolor se asienta, el dolor flota, el dolor
espera,
el dolor está ahí.
la música es mala
y el amor
y el guión
ahora en esta casa
mientras escribo esto a máquina
o mientras lees esto
ahora en tu casa.
(Charles Bukowski, El padecimiento continuo, Madrid, Visor, 2011)
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CHARLES BUKOWSKI
MARÍA TERESA CERVANTES
MI BREVE OSCURECER
La página que vivo,
la que la gente comentó a su paso,
la que indolente me tocó en el juego.
El peso de la vida,
la sombra de la muerte,
mi breve oscurecer en el espejo.
(María Teresa Cervantes, EDIFICIO PÓSTUMO 1981-1987, Madrid, Ediciones Torremozas, Serie Prímula, 1988)
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MARÍA TERESA CERVANTES
RICARD MILLÀS
MANOS
el diablo duerme en la palma de tu mano
la penuria es una hoz persiguiendo un niño rico,
canta en tu lecho muerte diurna
y cierra un abanico el día de los pájaros enjaulados.
bailaremos tangos de desdicha
en el suelo de un piso con las baldosas limpias
cantaremos moviendo los labios
como si fuese un primer beso de verano
despierta la maldad que descansa en tus palmas
aprieta sin compasión
observa como las gotas de sangre caen al suelo
sonríe sin remordimientos
puesto que cualquier día se abrirán las puertas
de todas las jaulas
y el prisionero de tu alma podrá pisar un sueño baldío.
(Poema extraído de su blog http://capdemisto.blogspot.com/)
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RICARD MILLÀS
ERIC F. LUNA
SOBRE LA ESCRITURA Y LOS ESCRITORES [ESA RAZA APARTE]
Creo que, aunque muchas veces se hace a la ligera, escribir es lo más parecido a manejar un arma de gran calibre. De modo que, si no aprendes a manejar bien tu escritura y tus escritos, es más posible que llegues a herirte o a dejarlo por desesperación.
He visto escritores que yerran el disparo, o escritores a los que el retroceso de su propia literatura los empuja hacia atrás.
He visto escritores que, accidentalmente, introdujeron el cañón de su propia literatura en la boca y se volaron la tapa de los sesos en un arranque pasional [el clásico suicidio del escritor romántico].
He visto a escritores [como cualquier amateur de cualquier arte] usando la literatura únicamente para disparar al aire y hacer ruido.
He visto a otros escritores que, de un modo muy mercenario, afinan su puntería porque les han dicho donde deben apuntar, o que simplemente se limitan a disparar para la caza, por pura supervivencia.
He visto a escritores que hace tiempo que no cogen un arma y que aún continúan presumiendo de sus antiguos trofeos, colgados en la pared.
Pero, la gran verdad en torno a esto es que la literatura es un arma que sirve para defenderse de la vida. Y sólo si mantienes engrasado el tambor y llevas a cabo prácticas constantes de tiro, puedes llegar a adquirir la habilidad necesaria para esto.
(Eric F. Luna, texto extraído de su blog rey cerilla)
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ERIC F. LUNA
EZEQUIEL PÉREZ PLASENCIA
CRIATURA DE PESADILLA
(Ezequiel Pérez Plasencia, La ilusión de los vencidos, Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, 1998)
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EZEQUIEL PÉREZ PLASENCIA
ALDO OLIVA
RASGO FUGAZ
Lo que está debajo de la línea
urdida en la invención geológica,
violentamente quebrada en
inmensas aguas y dislocadas masas
de tierra es una magnitud
que se eleva como un cielo
de terrorífico misterio:
real como un sueño,
futura como la infinitud,
como la generación del
más remoto, insondable principio.
Pero un tablón de andamio,
cayendo con su obrero
o, tal vez, una azalea,
pisoteada por la torpeza (o la furia)
de un buen hombre,
abre la sospecha de que la
conjetura de un límite se ha derrumbado,
de que la línea se ha borrado,
de que son sólo espanto y exaltación,
de que la muerte y el saber son,
apenas, un ensayo de vida.
(Aldo Oliva, Poesía completa, Editorial Municipal de Rosario, 2003)
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ALDO OLIVA
CARMEN BUSMAYOR
AMO SU DELIRIO A PESAR DE LA NOCHE
II
Sentados al borde de la cicatriz, en el enigma
de los días regresan no sé de qué desconcierto o veladura,
bullen, deambulan, conversan, conferencian, trazan números,
polemizan, riñen, se pelean, lloran, ríen, recitan, se soportan,
se demandan, se prohíben, se arrojan conos de luz, se besan
en cada herida,
apuntando prisa o gris o fuego Sylvia Plath, George Tralk,
Ganivet, José Asunción Silva, Anne Sexton, Celan, Casariego,
Alfonsina Storni, Lugones, Chatterton... Yo me alisto
a sus contradicciones, los apaciguo, los acato,
me entrometo, grito, me confunden, mascullo palabras azules
en los soportales
de los labios.
...Amo su delirio a pesar de la noche.
Son de mi lluvia como el mar o la tristeza...
(Carmen Busmayor, Historias de la fatal ocasión, Madrid, Calambur, 2008)
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