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GONZALO SEVILLA PÉREZ



Muerdo alas de mariposa por naturaleza
y mientras admiro y moldeo las nubes a mi gusto.
A veces me invitan a pasear las gaviotas
y otras habito en casa hablando con los sillones.

Y ese es mi día de locura, locura diaria
invicto en las tres en raya
cuando juego con mi sombra.
Eso si el sillón no entra en celos
y arranca una sonrisa en cada movimiento.


(Gonzalo Sevilla Pérez, 2010)

GOYA GUTIÉRREZ




QUIZÁ NUESTRO ADENTRO ESTÉ YA FUERA (Fragmento)

I
Quizá en su principio fue la oscuridad
en el silencio de un color
sin nombre

La oquedad absorbiendo
Un gran vientre pletórico
que al quebrar sus confines
dilatando se abrió

Y fue un gran estallido
el que hizo surgir
del último estertor: la llama
Un grito desgarrado: la vida

Desde dentro hacia afuera
Desde fuera hacia adentro


(Goya Gutiérrez, Hacia lo abierto,  Barcelona, 2011)

FRANCISCO JAVIER ILLÁN VIVAS




LETRAS AL SOL


ESTOY demasiado cansado
incluso para escribir,
demasiado cansado
incluso para contar
cuanto cuento.
Hoy es un día
donde las letras
quedarán al sol,
iluminadas por
lámparas heladas.



(Francisco Javier Illán Vivas, Crepusculario, Ed. Azarbe, 2007)

ÍÑIGO SAN SEBASTIÁN


FOTOGRAFÍAS

Sé que por más que haga,
por más que mis dedos
me dibujen en el papel,
por más que el lloro
y la sonrisa,
la rabia,
te intenten dibujar como a mí,
sé que al final
sólo será una foto
con grietas en el papel
y los bordes amarillos.
Y luego, polvo.


VIVIR, PERO ¿CÓMO?

“Le spectre du n’importe
quoi me crève, tout est
n’importe quoi et derrière
apparaît le spectacle accablessant.”
Alcatraz

Bukowski le dijo a Van Gogh
­― aunque Vincent nunca lo supo,
por ese matiz que es el tiempo―
que las putas quieren dinero,
no que te cortes una oreja.
Es el sentido práctico de la vida
que me dice claramente:
olvídate del edificio,
esa chabola que hiciste dúplex
― la buhardilla donde mirar al mundo
y el sótano donde crear las armas―.
Vivir sólo parece posible
si me confunden con otro.
Cualquiera.

(Íñigo San Sebastián, Asfalto, Ed. Celya, 2004)

MARÍA R. MORENO MOLINA

Quítate la ropa
el vestido primero
sabes hacerlo
enseña un poco el hombro sí
naciste sabiendo
un leve movimiento de caderas y cae voilà
ahora más despacio
al final sabéis todas
continúa por las medias
zorra pero mantén el ritmo
hay algunas que ni eso
acaríciate el pelo así
suéltate la coleta
te gusta ¿no?
habla más fuerte
el frío dices
el frío claro otra igual
siempre la misma historia
puedes largarte a casa.
No me sirves.


(María R. Moreno Molina, Antropología del asco, Ed. Vitruvio, número 267 de la Colección Baños del Carmen, 2011)

ROQUE DALTON



a Raúl Castellanos
La angustia existe.


El hombre usa sus antiguos desastres como un espejo.


Una hora apenas después del crepúsculo
ese hombre recoge los hirientes residuos de su día
acongojadamente los pone cerca del corazón
y se hunde con un sudor de tísico aún no resignado
en sus profundas habitaciones solitarias.



Ahí tal hombre fuma gravemente
inventaría las desastrosas telarañas del techo
abomina de la frescura de la flor
se exilia de su misma piel asfixiante
mira sus torvos pies
cree que la cama es un sepulcro diario
no tiene un cobre en el bolsillo
tiene hambre
solloza.



Pero los hombres los demás hombres
abren su pecho alegremente al sol
o a los asesinatos callejeros
elevan el rostro del pan desde los hornos
como una generosa bandera contra el hambre
se ríen hasta que duele el aire con los niños
llenan de pasos mínimos el vientre de las bienaventuradas
parten las piedras como frutas obstinadas en su solemnidad
cantan desnudos en el cordial vaso del agua
bromean con el mar lo toman jovialmente de los cuernos
construyen en los páramos melodiosos hogares de la luz
se embriagan como Dios anchamente
establecen sus puños contra la desesperanza
sus fuegos vengadores contra el crimen
su amor de interminables raíces
contra la atroz guadaña del odio.



La angustia existe sí.


Como la desesperanza
el crimen
o el odio.



¿Para quién deberá ser la voz del poeta?


(Roque Dalton, El turno del ofendido, 1962; en Antología, Visor, 2000)

LAURA WITTNER



PERSPECTIVA DESDE UNA BAÑERA

Después habrá una discusión.
Por ahora todo es cerrar los ojos,
mantenerlos cerrados a la altura del agua,
respirar, volver a sumergirse.
El límite entre el agua y el aire
coincide con la línea de pensamiento
que lo que hace es fundir y refundir
en cualquier orden
un par de escenas o secuencias, fotografías
tomadas con una cámara automática,
siempre más o menos el mismo material,
- es lo que se ha podido reunir -
animales salvajes avanzando
hasta quedar en primer plano,
alguien que le enseña a una chica
a usar una pistola en el desierto,
o igual una persona en una bañera
- y aquí vendrá la discusión:
quién es la persona,
quién soporta
la línea de pensamiento, o quién
apretó el gatillo,
tomó la foto, quién señaló la posición
donde habría que ubicarse
para obtener una buena vista aérea
de la bañera. 

(Laura Wittner, Las últimas mudanzas, Vox, 2001)

LEV WUNDER


ÁNGELES NOCTURNOS


aparecieron una
noche,
sin más aviso
que los llantos de una
niña 
que siempre andaba
amenazando con dejar de
hacerlo.
parecían saber lo que
buscaban.
creyendo poder
arrebatarme
  el fuego
y creyendo poder
abandonarme en
la
  despesperación,
me dejaron exento de
alma.
pero
no entendieron
que el
alma
no es más que
una jaula,
una jaula
  que alimenta,
  que da luz,
  que protege,
pero que también
encierra.
liberaron un
    espíritu
y en vez de arrebatarme
   el fuego,
   el ansia,
   y la altura,
se llevaron
       el MIEDO.

(Poema inédito)

RAQUEL EGEA CASAS

Ilustración de Craine para Leptica y su obsesión por la casualidad
casuālis


la misma piedra muerta
el mismo pie herido
una boca llena de sed
que evita la casualidad
cerrando los ojos
las circunstancias que
no se dieron y las que
nunca se darán
porque los días son
de endocarpio duro
y semilla tierna en
manos del tiempo
el mundo
en cuanto mundo
de alguien
el tuyo
el mío
el vuestro
sin prever las heridas
sin curarlas
a pecho descubierto
esperando a casuālis
porque evitando la
sangre siempre
se mata la vida



( Poema extraído de su blog mis paraísos desiertos)

MIGUEL ÁNGEL CASAÚ



EL DESVÁN
  
      Papá decía que no podíamos subir. Que estaba prohibido entrar en el desván desde que desapareció la abuela.
Algunos anocheceres, especialmente a la hora de la cena, se escuchaban ruidos allí arriba. Entonces toda la familia permanecía en silencio hasta que los sonidos cesaban; entablando de nuevo la conversación interrumpida, como si nada hubiese ocurrido. Un día que papá y mamá se ausentaron, mi hermano mayor se propuso llegar hasta el descansillo de las escaleras y adentrarse en el pasillo que conducía al desván. Mis otros tres hermanos y yo lo contemplamos absortos: Conforme avanzaba, la intensidad de la penumbra se lo fue tragando.
Bluf. Bluf. Blufff… Igual que a un globo se le escapa el aire.
Desde entonces jamás supimos de mi hermano mayor.
Los ruidos continúan escuchándose. Y todos, congregados alrededor de la mesa de la cocina, volvemos a callarnos y esperar.
Cabizbajos.
Callarnos y esperar.
Resignados.
Callarnos y esperar.
La diferencia es que ahora se oyen los gemidos de una segunda persona.


(Miguel Ángel Casaú, microrrelato inédito)

MARCE JIMENA


Te dan ganas de arrancarte la piel,
a tiras,
a latigazos,
de tirarte de los pelos
hasta quedarte calvo
y de meterte los dedos
hasta que la arcada
satisfaga tu ridículo.

Incluso de masturbarte
como para matar el tiempo,
y gritar pensando
lo jodido de existir.



(Poema extraído del blog Hankover)

ADRIÁN BET

TEORÍA DE LA RELATIVIDAD


Pon tu mano en un horno caliente durante un minuto y te parecerá una hora.
Siéntate junto a una chica preciosa durante una hora y te parecerá un minuto.
Eso es la relatividad.
                                                                                                                Albert Einstein.


Vamos a hablar de cosas complejas.
Conozco tu gusto de rumiar misterios,
no evidentes para el sentido común.
En tal caso le robaremos,
al gran sabio de la oficina de patentes,
su razón, contraria a toda ciencia pasada.
Entonces:
¿Qué importancia tiene
la velocidad con que nos desplacemos,
si estará presente -o ausente-,
esto es, invariante, de todos modos?




I- SISTEMAS INERCIALES

La teoría es asesinada tarde o temprano por la experiencia.
                                                                                                    
Albert Einstein.


Arrastramos nuestra vida
en coordenadas de profundo soliloquio.
Nos cruzamos, medimos los mismos hechos
en parámetros propios e interpretaciones diversas.
Es imposible captar, a decir de Galileo, el movimiento,
intrínsecos a nuestro sistema de referencia.
Mas tenemos por cierta esta convicción:
"Existe uno, absoluto en tiempos y espacios,
el amor infinito, el amor eterno.

"Luego, con pesar, por Michelson descubrimos
el juego de la luz sobre los espejos,
que invalida todo fundamento de lo etéreo;
es el ocaso del idealismo y quizás de los ángeles.
Como Lorentz, ahora,
contraemos el largo de los sentidos,
acorde crece la masa de omisiones.
Y al final sólo queda la inercia...
Nos movemos, sí, pero sin fuerza impulsora.


(...)

(Adrián Bet, Teoría de la relatividad, en Adamar. Revista de creación, año VI, numero 25, adamaRamada Ediciones)

MIGUEL ÁNGEL GONZÁLEZ, GANADOR DEL I CONCURSO DE CUENTOS EZEQUIEL PÉREZ PLASENCIA


Mañana viernes a las 18:00 H. en el Café-Bar Mr. Witt (Cartagena, Murcia) se hará acto de entrega de este galardón por su obra "La nota manuscrita" (más información AQUÍ). 
Mientras tanto disfrutemos de otro relato de este autor madrileño basado en hechos reales:


La historia de Harold Whittles

        La sala de espera es un lugar frío y silencioso. El suelo, las blancas baldosas del suelo, parecen mucho más muertas, más inertes, más insensibles, que el suelo de cualquier otro lugar.
El pequeño Harold espera junto a su madre, sentado en una incómoda silla de plástico. Sus pies quedan colgando en el aire; no tocan el desangelado suelo, y eso le alivia. Su madre viste un traje beige estampado. Tiene las manos encima de las rodillas y no para de mover los dedos. Parece nerviosa. Está nerviosa.
Harold mira a su alrededor. En la sala hay más gente; todos están enfermos, pero al pequeño le parecen más que eso, le parece que todos estén muertos. Sus ojos no tienen vida, no brillan; y sus miradas se pierden en el vacío.
Una puerta se abre y el doctor se asoma a la sala de espera, echa un vistazo a su alrededor y llama Harold por su nombre, aunque el chico no puede oírle.
La madre del pequeño se levanta arrastrando a éste del brazo. Saluda al doctor y entran en la consulta. La puerta se cierra.
El doctor es un hombre corpulento, de unos cincuenta y cinco años; su cabello es blanquecino, como si le acabase de caer una nevada encima, sus carrillos están sonrojados y tiene una gigantesca sonrisa dibujada en el rostro.
Harold está asustado y cierra los ojos mientras el doctor le examina los oídos. Así, con los ojos cerrados, al pequeño le parece que el mundo haya dejado de girar.
Todo está oscuro y silencioso. Percibe un lejano olor, quizá desinfectante, aunque no está seguro. Se imagina que el cielo debe oler de esa manera; como si continuamente lo acabaran de limpiar.
Entonces ocurre algo inesperado. El pequeño Harold cree percibir un sonido. El doctor camina por la consulta y le parece que de forma casi imperceptible pueda escuchar sus pasos; muy a lo lejos, como si fueran gotas de lluvia chocando contra el asfalto.
Asustado abre los ojos e intenta buscar a su madre; la luz de la sala le ciega y no consigue ver con claridad. Desesperado intenta llamar su atención y, sin darse cuenta, emite un resquebrajado sonido intentando que su madre se acerque. Y justo en ese instante, en ese preciso momento, el pequeño Harold Whittles escucha por primera vez su voz.

JAIME GARCÍA MÁIQUEZ


TIEMPO MUERTO


Cuánto plantón en medio de la calle,

lloviendo, y sin paraguas.



Cuántas cenas con niñas que recuerdo

por su factura amarga.



Cuántos sueños ahogados en un frío

oleaje de sábanas.



Cuánto dolor que se marchó un mal día

arrojando unas lágrimas.



Cuánta oración inútil, cuánto tiempo

perdido en la esperanza.



(Jaime García Máiquez, Otro cantar,  Pre-Textos, 2007)

THOMAS BERNHARD



SÉ QUE EN LOS ARBUSTOS ESTÁN LAS ALMAS


Sé que en los arbustos están las almas
de mis padres,
en el trigo
está el dolor de mi padre
y en el gran bosque negro.
Sé que sus vidas, que se apagaron
ante nuestros ojos,
encuentran refugio en las espigas,
en la frente azul del cielo de junio.
Sé que los muertos
son los árboles y los vientos,
el musgo y la noche
que deja su sombra
sobre el montículo de mi tumba.


 (Thomas Bernhard, Así en la tierra como en el infierno. Ave Virgilio. Los locos. Los reclusos,
Editorial Ediciones La Uña Rota, 2010. Traducción de Miguel Sáenz)

KIKE FERRARI




QUE DE LEJOS PARECEN MOSCAS (fragmento)


I. PERTENECIENTES AL EMPERADOR



1

     El señor Machi se apoya en el respaldo del sillón, hunde su mano en la melena rubia que se mueve rítmicamente entre sus piernas y cierra los ojos. Los primeros rayos de sol de la mañana se cuelan en forma de triángulo por la ventana y avanzan sobre el escritorio iluminando a su paso la lapicera, los dos vasos semi-vacíos, la miniatura del Dodge de Fontanita, el teléfono antiguo, el papel abierto, la pila de merca, la tarjeta de crédito con los bordes blanquecinos por el uso y el cenicero sucio, para derramarse finalmente sobre el cuadro con la foto familiar en la que el señor Machi, diez años más joven, sonríe junto a sus dos hijos y su mujer en una playa del Mediterráneo. Cuando el vértice del triángulo de luz alcanza la cabellera rubia, los movimientos de ésta empiezan a ser menos rítmicos y a acompañar los estertores del cuerpo del señor Machi que cierra su mano sobre un puñado de pelo rubio y vocifera su orgasmo en un ronquido ahogado. Después se desploma en el sillón, se afloja el nudo de la corbata, saca un Dupont de oro del primer cajón del escritorio y prende un Montecristo mientras la mujer acomoda su melena, se limpia la comisura de los labios y se arma una línea.

Querés, pregunta.

Tiene un rostro joven ligeramente avejentado y el rímel corrido bajo el ojo izquierdo, lo que le da cierto aire de dejadez, de abandono, de desesperanza.

El señor Machi piensa en sus problemas cardíacos y en la pastillita azul que tomó hace poco menos de una hora y que garantiza que su sexo, aún ahora enhiesto, tenga una retirada lenta y altiva.

No, no, contesta con el humo del tabaco en la boca, soltándolo luego para que se mezcle con el creciente triángulo de luz que ingresa por la ventana y dibujen –la luz y el humo- figuras en el aire que nadie va a mirar.

La mujer joven de pelo rubio jala -una, dos, tres veces- y putea, gustosa y engolosinada: a la calidad de la merca, a su suerte, al triángulo de luz que anuncia otro día hermoso -maldición- y al sabor del semen del señor Machi en su boca.

Me voy, Luis, anuncia.

Cerrá la puerta, yo tengo que quedarme un rato más. Que Eduardo y

Pereyra se ocupen de que estén todos temprano esta noche, eh, acordate

que vienen los mexicanos…

Tranquilo, arreglo todo con ellos; nos vemos esta noche, corazón, se despide la mujer joven con un beso en el cuello. El señor Machi se deja besar y sigue jugando con el humo del Montecristo, como si ella ya no existiera, como si vaciado de deseo, aquella chica de melena rubia y nariz ávida no fuera ya más que una molestia. Después, cuando ella se da vuelta y se va caminando hacia la puerta, moviendo las caderas dentro de la pollera verde, le mira el culo.

Mañana se lo rompo, piensa.

Una vez solo en la oficina va hasta el baño y se mira al espejo.

Ve éxito en el espejo, el señor Machi.

¿Qué es el éxito para él?

Sonríe al espejo y piensa que el éxito es él.

Éxito es una pendeja rubia chupándote la pija, Luisito –piensa sonriente frente al espejo-, el sabor de un Montecristo. Éxito es la pastillita azul y diez palos verdes en el banco.

Vuelve a darle fuego al tabaco que lo espera en el cenicero sobre el escritorio y marca un número en el teléfono antiguo. El triángulo de luz ya se hizo dueño de la oficina y no deja dudas sobre la llegada de la mañana.

Holá, contesta la voz somnolienta y brumosa de la mujer, acentuando la a.

Hola, recién termino, en un rato salgo para allá.

¿Recién terminás?, se burla ahora la mujer con afán de pelea, qué amable en llamar, ¿te lavaste antes, al menos?

No me rompas las pelotas, Mirta, ¿querés?, prepará algo para el desayuno que en una hora más o menos estoy en casa, retruca el señor Machi con más aburrimiento que enojo.

Bueno, le puedo pedir a Gladis que prepare algo si querés, la voz de la mujer parece desperezarse tras la malicia de la frase, ah, no, a Herminia le puedo decir…

Otra vez con eso, Mirta, se queja el señor Machi. Piensa, mientras le da una nueva pitada al Montecristo, por qué no le habrá dicho a la chica de melena rubia y pollera verde que se quedara y le rompió bien el culo, si por lo visto la pastillita todavía está trabajando.

¿Y a qué voy a deber el honor de desayunar con vos, si se puede saber?, la voz de la mujer, Mirta, pierde somnolencia y gana ira con cada palabra, puede sentirse el temblor nervioso en las vibraciones de las s, pronunciadas como un siseo de serpiente.

Es mi casa, ¿no?, replica el señor Machi, que siente que se le acaba la paciencia, sos mi mujer, ¿no? Bueno, hacé algo rico de desayunar, dale… En una hora, más o menos, llego.

Corta.

Rompepelotas, piensa.

Decide que pese a la pastillita azul y sus problemas cardíacos se va a tomar un pase antes de irse.


(Kike Ferrari, Que de lejos parecen moscas, Madrid, Amargord, 2011)

DOMINGO LÓPEZ




ANDERGRAUN MONI (II) 


     Al parecer - eso le aconsejaron - la cosa estaba en llamar, agarrar intrépidamente el primer teléfono que le saliera al paso, marcar con diligencia el numero, inflarse como un sapo de autoestima y - se figuraba entonces - perorar pidiendo por amor de dios, toreramente, una oportunidad, ole, decir con determinación heroica, mire, escuche bien, tengo un libro de cuentos fabulosos, tremendos, inenarrablemente buenos…etc.  La cosa estaba en llamar, sí, y caer bien y rendir genuflexamente la debida pleitesía y complacencia y… Y en fin, me contó que los días pasaban y que al final no llamó, cometió el error candoroso de enviar bostezando un email, ofreciendo humildemente la mercancía como el paisha literario que era y sigue siendo… Acechó la bandeja de entrada del correo durante dos días y la final, aleluya, hubo respuesta... Sí, contestó pero no para invitarle cortésmente a enviar el manuscrito para, es evidente, tirarlo de inmediato a la basura sino que dijo no sé que de un concurso o certamen, que probara suerte, es decir, que se fuera con sus relatos, por ese lado, derechito al mismo carajo. La cagó, por lo tanto, irremisiblemente, se comió una espectacular mierda, perdió la oportunidad única de entrar de cabeza en aquel parnaso. Por entonces no imaginaba lo que hoy sospecha: que lo de la llamada no era para venderse en vivo y en directo, que va, sino solo, a lo mejor, para comerle minuciosamente a la editora el refinado coño por teléfono.


(Texto inédito de Domingo López)

GUILLERMO BALTAR




a la 01 am. en la parada del autobús
mientras una cucaracha zigzaguea su diáspora
cleptómana, y en la esquina dos bellos travestis
desnudan su sexo delante de los automóviles,
continuo siendo el mismo chico solitario

no importa que la lengua popular nade contra la corriente,
o que la huella de armstrong permanezca hundida
apenas despeinada por el transcurso de la luz solar

vuelvo al espacio condenado
que son las márgenes del río turbio
cubierto por grafitos desdentados,
lloviznas hibridas y escamas replicantes

cornisas del cielo aquellas
donde los “heraldos negros”
arrojaron sus atuendos


(3/1/010 mvd,
poema inédito de Guillermo Baltar)

RAYMOND CARVER



LA CAÑA DE PESCAR DEL AHOGADO


Al principio no la quería usar. 
Luego pensé, no, me revelará 
secretos y me dará suerte 
que es lo que entonces necesitaba. 
Además, me la dejó a mí 
para que la usase cuando fue a bañarse aquella vez. 
Inmediatamente después, conocí a dos mujeres. 
Una adoraba la ópera y la otra 
era una borracha que había pasado un tiempo 
en la cárcel. Ligué con una 
y empecé a beber y a reñir sin parar. 
¡El modo en que esta mujer podía cantar y seguir bebiendo! 
Fuimos directamente al fondo. 


SANGRE


Éramos cinco a la mesa de juego 
sin contar al croupier
y su ayudante. El hombre
de junto a mí tenía los dados
en la mano.
Se sopló los dedos, dijo:
¡Vamos, pequeños! Y se inclinó
sobre la mesa para tirar.
En ese momento, una sangre roja brotó
de su nariz, salpicando
el verde paño de fieltro. Soltó
los dados. Se echó hacia atrás pasmado.
Y luego aterrorizado cuando la sangre
corrió por su camisa abajo. ¡Dios mío!
¿qué me está pasando?
gritó. Se agarró a mi brazo.
Oí funcionar los motores de la Muerte.
Pero en aquella época yo era joven,
y estaba borracho, y quería jugar.
No tenía por qué escuchar.
Así que me largué. No me volví ni siquiera,
ni encontré esto dentro de mi cabeza, hasta hoy. 

(Raymond Carver, Antología poética, Ediciones Alma-Perro, 2011.
www.scribd.com/doc/46132049/antologia)

TIAGO GOMES




PASSA TEMPO PASSA...

Pasa tiempo pasa
encima de las heridas
de la lámina de la hoz de las guadañas
de los garfios oscuros
de las horquillas
de los mantos negros de las brujas
de las pesadillas.
Pasa tiempo agua
que yo flotaré
como un cuerpo muerto
en la superficie.


(Tiago Gomes, Obra poética, Baile del Sol, 2009. Traducción de Ausiàs Navarro Millet.)

POETAS DEL ROCK XXVII: MARK SANDMAN


THE NIGHT 


Una canción-poema del malogrado cantante de Morphine
(Con subtítulos en castellano):


FRANCISCO CENAMOR




La blusa rasgada.

Las medias

por debajo

de las rodillas.

Sangre.


La noche es

propicia

para el golpe.



( Francisco Cenamor, Casa de aire, Ed. Amargord, 2009)

BASILIO PUJANTE CASCALES



LUCES DE HUMO


Si el azar me da permiso
para entrar de soslayo
en tu noche dormida,
te iluminaré con la misma luz tenue
que tu rostro encendía en el bar.
Tu rostro blanco
pero no sin marcas,
frío pero no ajeno,
etéreo, cercano.

Tu beso,
agazapado entre el humo,
tiritaba de frío,
pero mis labios lo cobijaron
en su saliva de whisky denso.

Tras el después,
tus dos palabras
dejando estéril mi pluma
y huérfana mi voz.

Ahora eres luz 
en esta oscuridad,
deseo en este creador
de paraísos de tinta.


(Poema extraído de la revista La rosa profunda, nº 1, mayo, 2005)

JAIRO ROJAS


Virginia


está afanada en mostrar sus sentimientos
pero sin escuchar a los demás


dice que su soledad nadie la ha escrito 
y que su tristeza es más que su sombra
cultiva un yo que parece más una respuesta insuficiente


 (decir ya lo leí no es la meta
 que convenimos hace años) 


su héroe es un drogadicto suicida 
dice que es diferente
dice que es libre


las interrupciones que aparecen cuando escribe –dice-
son las que pudren la belleza
(esta última palabra que hoy da pena nombrar)


por eso pide comprensión 
cuando estamos a solas y no pasa nada


controla su hastío con pastillas de Internet
hasta que la noche cae y la aplasta
con tanta sinceridad


luego en la calle finge esperar a alguien


 por ello uno se enamora
 porque nos parecemos
 porque ella también es una mentirosa


(Jairo Rojas, poema extraído de la web divague.com)

CECILIA QUÍLEZ LUCAS


URBANITAS


Algunos días salgo a la calle
con mi lista de tareas imposibles,
pensando casi siempre
en ir tachando cada una.
La calle que conozco tiene dientes
escondidos en las esquinas.
Salgo así,
viva, sencilla,
pero siempre oigo a alguien
que lamenta desgracias.
Yo no hago nada
ni quiero hacerlo.
En cualquier ciudad
todo parece un milagro.
Incluso morirse
en una de esas esquinas.




(Cecilia Quílez Lucas, Un mal ácido, Ediciones Torremozas, 2006)

VICENTE MUÑOZ ÁLVAREZ


MALDITOS


durante el paseo por el bosque esta mañana 

pensé que ninguno de los escritores de mi entorno (y conozco a cientos) vive realmente de la literatura, su literatura no se remunera, no se reconoce, apenas se reseña, algunos tienen trabajos que les desconcentran y alienan, otros ni siquiera eso, se dejan la sangre y las vísceras en el papel y a veces, si hay suerte, les publican libros (que apenas se distribuyen y nadie logra encontrar), pero casi nunca cobran por ello derechos de autor, un simple comentario les tumba o anima, son los mejores cerebros de mi generación y están perdidos, frustrados, rotos, aunque casi nada logra hundirles, vuelcan en sus textos sus esperanzas y miedos y eso les suele salvar, se caen y se levantan cientos de veces, reciben golpes bajos, sudan tinta a chorros, se reúnen, se asocian y montan revistas, organizan sus propias lecturas, encajan mil negativas, les engañan, les ningunean, les traicionan, madrugan o trasnochan para escribir y corrigen y destruyen continuamente sus libros, aguantan suspicacias y recelos, se queman y renacen a diario de sus propias cenizas, no tienen casa propia ni planes de jubilación, les fagocita el sistema, escuchan resignados el dedícate a otra cosa, se refugian en trincheras, malviven y envejecen en pisos de alquiler, frecuentemente les abandonan sus parejas, padecen insomnio, dudan, naufragan, se ahogan, les miran mal los cuerdos, no les entienden los locos, sus coches, si los tienen, son chatarra pura, imposible pagar el seguro y llegar a fin de mes... reman contracorriente, luchan contra todo, pelean siempre a la contra... y aún así conservan la dignidad ¿son o no escritores malditos? 

(Texto extraído de su blog MI VIDA EN LA PENUMBRA)