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YANNIS RITSOS



EL SOSPECHOSO


Cerró la puerta con llave. Miró hacia atrás con desconfianza
y se guardó la llave en el bolsillo. Le detuvieron en esa postura.
Le maltrataron durante meses. Hasta que una noche confesó
(y quedó demostrado) que la llave y la casa
eran suyas. Pero nadie pudo entender
por qué había escondido su llave. De modo que
a pesar de habérsele declarado inocente, siguió siendo
                                                                        sospechoso para todos.




ALEJAMIENTO

Desapareció al fondo de la calle.
La luna había salido ya.
Un pájaro sonó entre los árboles.
Una historia corriente, simple.
Nadie había notado nada.
Entre las dos farolas,
un gran charco de sangre.



(Yannis Ritsos, Paréntesis. Testimonios, traducción de Román Bermejo, Barcelona: Icaria, 2005)

JOSÉ ICARIA



AUSENTE PERFORADO

Ausente perforado
en tantos y tantos lugares
mudo
          recorrido
por sombras de antiguos pesares

Callada la noche
viene y gobierna
la vastedad de una sombra sin tregua

Cano el día
restalla
             y rasga
las telas sucesivas
(burdo escenario en la cruel tragicomedia)
donde pululan espectrales formas vivas

Cómo puede la ausencia
volverse espacio,
                               volverse materia?

Yo camino y paso
a través de calles, a través de humanos
cuando mis miembros (insoportable lepra)
se separan y alzan y estallan
unos metros más arriba
hasta volverme puramente nada.


Pero, al día siguiente, despierto en mi cama
intacto,
              y con el alma vacía.



(Poema de Malestar en el paraíso, extraído de su blog Meteoritos)

EFRAÍN HUERTA


AY POETA


Primero
Que nada:
Me complace
Enormísimamente
Ser
Un buen
Poeta
De segunda
Del
Tercer
Mundo





DISTANCIA


Del
Dicho
Al
Lecho
Hay
Mucho
Trecho




MANDAMIENTO EQUIS


No
Desearás
La
Poesía
De
Tu
Prójimo


(Efraín Huerta, Estampida de poemínimos, en Poesía completa, Fondo de Cultura Económica, 1988)

JAVIER VELA

ÚLTIMO DÍA DE MARZO

Cruza sobre la palma de mi mano
un tren de lejanías imprevistas.

Puedo sentir el tacto metálico del hierro,
su cremallera enorme
como un cine.

Sé que no son raíles, sino estelas
de trenes anteriores, al pasar.

Y algo que no conozco todavía
se desabrocha en mí.

Viajar en tren, dormir, soñar acaso.

Confusamente oír que hemos llegado
a la última estación, y no es la mía.


(Javier Vela, Imaginario, Madrid, Visor, 2009)

MIGUEL ÁNGEL BUSTOS


SUEÑO QUEBRADO


Sueño quebrado
levántate y anda
Marcha de mi frente
abre mi tierra.
Levanta
ruda muralla de niños
al dólar de fuego y zarpa de balas.
Vuelve
joven enamorado del agua
al mordido corazón rebelde,
abraza y besa prieto hasta la llama
pedernal de lágrimas,
mi corazón
clavado a pico de sangre
en las vigilias desnudas de mi cuerpo.



(Miguel Ángel Bustos, Corazón de Piel Afuera, Buenos Aires, Nueva Expresión, 1959)

JUAN PAYERAS


LA CACERÍA


A todas horas
este extraño sentirse en cacería
esta rotunda sensación
de que vivir no es más
que estar siempre buscando
un tesoro latente
una llave escondida
una razón para el inmenso absurdo
de andar continuamente como un perro
que da vueltas y vueltas
en pos del infinito de morderse la cola.



(Juan Payeras, Calle del mar, Islavaria ediciones, 2010)

ESTHER MUNTAÑOLA




SIT TIBI TERRA LEVIS


La muerte debe ser algo así.
Un segundo pasa rápido,
nada es. Nunca más.
Un segundo es tanto como un punto en una frase,
ocupa poco espacio
y deja de ser
para nunca jamás.



(Esther Muntañola, En favor del aire, LF ediciones, 2003)

JUAN CARLOS VICENTE





ANTES PENSABA QUE YA NADIE HABLABA EN SERIO DE AMOR


II
     Lo primero que preguntó fue que si estaba casado, a lo que él respondió que no. Ella sí lo estaba, desde hacía diez años. Hablaron durante una hora de lo que quisieron ser y de lo que eran, tomaron un par de copas para acabar de soltarse y luego se besaron a la salida del bar. En la habitación del piso compartido de él juntaron sus cuerpos, unos cuerpos que intentaban estremecerse por las caricias del otro, pero que en vano intentaban hacer memoria de una pasión que allí no se encontraba, ni se encontraría, y, haciendo uso de la experiencia y la brutalidad de las relaciones vividas, o en curso de desidia, apagaron la luz para buscar a tientas una mentira menos dolorosa con la que correrse. Cuando el teatro de la pasión fingida acabó, los cuerpos tendidos, retenidos en la cama, aparecieron más viejos, más cansados de sí mismos. Sobre la cama parecía haber una presión invisible que les aplastaba mientras el sudor se convertía en fría sal. Ella se vistió mientras él estaba en el servicio, con la puerta cerrada como si fuese un zulo en el que secuestrar lo que ya nadie necesitaba. Ni siquiera se despidieron de verdad, solo acordaron, de una manera silenciosa, olvidarse.


(Relato extraído de su blog MATAHORAS)

CARLOS ERNESTO GARCÍA



MAÑANA DE INVIERNO SIN ELLA


Yo 
el que guarda en la sonrisa 
al asesino 
dime qué hago con estos ojos
que nacieron para verte
Con esta boca 
que te nombra a cada instante
para espantar el silencio 
Con estas manos mías que te saben de sobra. 


Yo 
el que guarda el puñal 
bajo la almohada 
dime qué puedo hacer
para borrar tu sangre
y tu recuerdo 
antes de que golpeen a la puerta
los que vengan a buscarme.


(Carlos Ernesto García, poema extraído de la página web www.artepoetica.net)

JORGE M. MOLINERO


ESCRIBO


A menudo escribo desnudo después
de haber hecho el amor. Unas veces
con mi esposa. Otras con la mujer que
amo. Así, con la sangre en mi entrepierna
esquivo los miedos atropellados.
Porque tengo la vida llena de risas
enlatadas y ropa sin planchar.
De semáforos en rojo. De ventanas
a un patio interior. De poemas sin
sentido. De mecheros sin gas.
El corazón lleno de aurículas y ventrículos.
Lleno el cuerpo de oídos sordos, de pies
sin cabeza. De esguinces y cicatrices.
Y el alma, como no la veo desconozco su estado.
Por eso, a menudo, escribo desnudo
después de hacer el amor. Algunas
veces pensando en Sofía Loren.



(Jorge Merino Molinero, Versos en el desierto, Editorial Bohodón, 2009)

PEPE PEREZA




LOS RELÁMPAGOS

Una pareja de la guardia civil escoltaba al pobre Félix hasta las afueras del pueblo.
El sargento Ochoa caminaba mirando de reojo los nubarrones que se aproximaban, mientras que López, el otro guardia, empujaba nervioso la silla de ruedas de Félix, que no paraba de insultarles e increparles con voz gangosa y entrecortada:

    - Cabron…es, hijos de pu…ta. Que no t…enéis cora…zón.

Era lo único que podía hacer para defenderse. Félix era paralítico de cintura para abajo. Hasta tres rayos le habían dejado así. Porque a lo largo de su vida, a Félix le habían alcanzado no uno ni dos, sino tres rayos. El primero fue cuando tenía catorce años. Por entonces era pastor y un día en que las ovejas pastaban en el monte, se levantó una gran tormenta. Félix intentó reunir al rebaño cuando de pronto un rayo, le golpeó de lleno. Sobrevivió, pero perdió la sensación de frío y casi la totalidad del habla. Desde ese día, le costaba un gran esfuerzo articular palabras y a todas les daba un tono gangoso y entrecortado. El segundo rayo le pilló a la salida de la iglesia un domingo por la mañana. Félix contaba ya con veinte años y estaba a punto de irse a cumplir el servicio militar. Todos los quintos del pueblo incluido Félix, salían de la iglesia de escuchar la misa en su honor.
Entonces el cielo descargó otro rayo. Félix sobrevivió una vez más, pero sus cinco compañeros no. Quedaron totalmente achicharrados. Como resultado, Félix se quedó sin rastro de vello en el cuerpo. El rayo lo dejó totalmente calvo y sin cejas, dándole un aspecto de lo más siniestro. Desde entonces, los vecinos del pueblo le atribuyeron la muerte de sus compañeros. Murmuraron y le criticaron resentidos. Algunos dijeron que estaba maldito, otros que solo era mala suerte y los más dolidos proclamaron que era hijo del mismísimo Satanás. El tercer rayo fue el que lo dejó sentado para siempre en la rudimentaria silla de ruedas. Ocurrió justo tres años después de los funerales de los cinco quintos. Félix estaba en el establo ayudando a Nicolás a ordeñar sus vacas. Entonces, el rayo atravesó el tejado impactando de lleno en Félix. La electricidad recorrió su columna vertebral, destrozándosela, y dejándole paralítico de cintura para abajo. Lo peor de todo fue que la descarga mató al bueno de Nicolás y a la totalidad del ganado. Los vecinos que hasta entonces defendían a Félix porque estaban convencidos de su mala suerte, se unieron al grupo de los que creían que estaba maldito. Convocaron un pleno en el ayuntamiento para decidir que medidas tomar de cara a prevenir futuros incidentes. Después de mucho discutir, llegaron a un acuerdo: Cuando el cielo viniese negro y con nubarrones, una pareja de la guardia civil se encargaría de escoltar a Félix a las afueras del pueblo y dejarlo allí hasta que escampase la tormenta. A tal efecto, levantaron allí para Félix una especie de caseta con una tejavana para protegerlo, si no de los rayos, al menos de la lluvia y el frío…
La tormenta se aproximaba. El sargento Ochoa ordenó a López acelerar el paso. No tuvo que insistir, López sentía una aversión exagerada a las tormentas eléctricas, quizá porque años atrás fue testigo directo de la fatídica descarga a la salida de la iglesia. Él vio en primera línea como se freían aquellos mozos, salvándose de milagro. Félix intentaba inútilmente resistirse y les insultaba con su voz gangosa y entrecortada. Lloraba de rabia e impotencia, meneando los brazos con movimientos torpes y acentuados, como las aspas de un viejo molino que desencajadas de sus ejes, son incapaces de girar formando un círculo perfecto. Llegaron a la caseta y metieron a Félix dentro. Cerraron la portezuela con un candado y se fueron de allí. Mientras se alejaban, oían los gritos amortiguados del pobre Félix suplicando que tuviesen piedad, que no lo dejasen allí. Un par de gotas de lluvia se estrellaron en la cara del sargento y aceleraron el paso. El cielo estaba cada vez más negro. La llovizna dio paso a una borrasca intensa.

    - Esta va a ser de las gordas – presagió López.
    - Corre que nos vamos a calar – ordenó el sargento echando a correr.

Según se alejaban, las protestas de Félix fueron dejando paso al sonido intenso de la lluvia golpeando contra el suelo. De pronto, un trueno ensordecedor retumbó por todo el valle. La tormenta había llegado.


(Relato extraído de la revista Ágora. Papeles de Arte Gramático,  )

ALFONSO COSTAFREDA


UNA VIDA GROTESCA


Me acerqué, vi el reflejo
de una vida deforme,
que por esta ciudad
he caminado tanto
que todo temor mío
encuentra su nombre.


Tuve de mi existencia
la imagen que me daba
el temor de la muerte,
salí de un laberinto
donde todo era enorme.


Salí, así lo espero,
de una vida grotesca.



(Alfonso Costafreda, Suicidios y otras muertes, Barral Editores, 1974)

NARES MONTERO




... LE LLAMABAN NIHILISTA


Ahora, que no es el presente
ni es ningún otro momento, sospecho
que no hay  lugar donde existas más
que en este cerco, en esta sima,
en esta aldea vallada de piel
que se alimenta de la trayectoria
de tantos ideales
incorruptos como mentiras.

No hay en la realidad verdad ninguna,
no está en las palabras ese misterio
que buscas.

¿Qué haces leyendo este poema?
¿Cómo respuesta a qué silencios?
No hay nada que esté vivo.

Malgastas tu tiempo en el espacio
finito de la hoja en blanco.
Luego dirás: "Carpe diem".


(Poema extraído de su blog A quemarropa)

DIEGO MEDRANO



DEJEMOS EL PESIMISMO PARA TIEMPOS MEJORES (Fragmento)
      

         Rosaleda de hachís y nalgas rosas, puño de nieve en lunación, vidrieras de Murano, noche de náyades muertas, Ofelia de las algas marinas, aletazo súbito de falso delfín. Comparaba en su palacio de imágenes los atributos de Cyril Connolly con los propios y no los distinguía: erudito, dandi, bibliófilo, gourmet, diletante, gordo. Poder ser Baudelaire y Rimbaud al mismo tiempo, sin pobreza ni sufrimiento. El lujo de este palacio y su locura entrelazados como cuerpo y caftán: dinero y desvarío en mitad del insomnio. Preferir siempre el dinero, y después el sexo. Cierto clasicismo: "Placer breve, pena larga". Seguir los mandamientos de Connolly como único camino entre la espesura: "Cuantos más libros leemos, más claro resulta que la verdadera tarea del escritor es elaborar una obra maestra; ningún otro quehacer tiene en comparación con éste la menor relevancia". Pronto su obra maestra fue su propio cuerpo: sudoroso, desodorizado, feo, grasiento, repugnante. Fue entonces cuando se hizo crítico de arte de artistas generalmente esqueléticas, bellísimas, desorientadas. Siempre se presentaba a estas chicas del mismo modo. Lo recuerda ahora, no como anécdota sino como autopsia:

        
      - Soy Manuel Mirador y soy crítico. El objetivo del crítico, según Connolly, es vengarse del creador.

       Unas pocas solían reírse, la mayoría vomitaban. Unas pocas, le frotaban la barriga como si fuera un oso polar, la mayoría le insultaban con lo más profundo y hondo de su pupila.
(...)
Ilustración de Miguel G. Díaz, extraída de la espléndida edición de Pez de Plata



(Diego Medrano, Dejemos el pesimismo para tiempos mejores, Pez de Plata, 2010)

GSÚS BONILLA


UN APUNTE SOBRE LOS BUSCADORES DE ORO


antes que nada 
quiero dejar claro mis intenciones.

motivo:

la fiebre
como síntoma de guerra.


si de lo que trato
en un poema
es de extirparle
el corazón

de destrozar               todo principio
de belleza

no me cortaré
a la hora de controlar
cualesquiera de sus vísceras,
y
me negaré
a todas las palabras
que sirvan de paraguas

de resguardo.

el resultado, a largo plazo,
siempre es negativo

incluso
para mí, como agresor
que me quedaré sin enemigos

por mucho
que me embolse
unos cuantos aliados

por mucho que me empeñe
en separar el oro                  de las piedras.



(Gsús Bonilla, Menú del día... a día, Ediciones Baile del Sol, 2011)

JUAN MANUEL MACÍAS



ADESTE HENDECASILLABI QUOT ESTIS


Esta vez no
vendrán, Catulo,
los endecasílabos.
Aunque vacíes las botellas hasta el fondo de los ojos,
y persigas en todos los desaguaderos las últimas notas y la rúbrica aceitosa con que la noche se despide,
sólo obtendrás en respuesta tu propia saliva cayendo por el día,
el vacío, el deseo, el sutil infinito que media entre palabra y palabra
mientras las cosas te entregan su luminosa espalda ausente. Miedo. Miedo

o, sencillamente, el esbozo de una pantomima a punto de quebrarse
como el débil filamento de un recuerdo.
El beso, la caricia, la demora y la teta,
acaso una docena de naufragios, sueños enfermos de brea y acordeones malheridos,
la geometría intachable de la muerte en el sombrero de copa de Fred Astaire
—palabra y palabra—, y todo a la deriva en un puñado de islas desconocidas entre sí,
un vaivén de alas escoradas con un fondo elemental de ira,
sin remedio,
sin encontrar la tecla precisa, la trenza indispensable
que ponga en marcha, una vez más, ese pequeño y dulce y obediente animal retórico.
Hay un íntimo estruendo de máscara.
La certeza del mundo rendido a su intemperie.
El largo mundo donde llueve o lesbia.
Y en cada sílaba muerta, irreparable,
la perfumada culpa de su nomeolvides.

(Juan Manuel Macías, Tránsito, DVD Ediciones, 2011)

CHEMA RUBIO VELASCO


EPÍLOGO
 
Tres veces envuelto en tu piel.
La primera vez
Nos aburrimos de sabernos.
La segunda
De libres que nos queríamos
Llegamos a encontrarnos solos.
La tercera
Amamos en tiempos invertidos.
Tres veces confundí otra piel con la mía,
Siendo despedido tres veces, por los nudillos del odio.


OJO DEL SUEÑO MADRUGANDO EN EL OTRO OJO
 
Brilla la soledad hasta oscurecer la luz.
Lento suceder de las horas en el cuerpo que atardece.
Espacio en que crece la sombra.
Los recuerdos son: como despertadores de la vida
para el ojo que viene más que cansado, sin luz apenas.
La mirada se alimenta de la palidez del color
y la piel se       a    r    r   a     s     t     r     a
                               sobre
                    las Manchadas Sábanas de la Memoria.


(Chema Rubio Velasco, Amor Entre Guerras Devuelto, La Noria del Siglo, 2002)
                                                

PABLO MEDEL


PARAÍSO EN RUINAS


La ventana está abierta
y por una de las hojas
se cuela una brisa transparente.

La ropa, revuelta en el suelo,
delimita el mapa de una guerra
que se libró a golpe de silencios.

Ella culebrea entre las sábanas
y te dibuja con su cuerpo un te quiero.
Tú, sumido en el marasmo,
escupes al aire tu indiferencia.
Ella te mira con sus ojos mentolados
y tú sigues dando vueltas y vueltas
atrapado entre el ventilador del techo.

La noche avanza sigilosa y de puntillas
esparciendo su ceniza y sus brasas
sobre el colchón de esta cama tan vacía.

Ella apaga la luz de su cuerpo
y escondiendo una lágrima azul
bajo la almohada,
parece clavar entre las sábanas
una bandera, deshilachada y polvorienta,
que dice: se alquila paraíso en ruinas.



(Pablo Medel, Paraíso en ruinas, Madrid, Ediciones del Primor, 2007)

ÓSCAR HAHN


PENA DE MUERTE


Lo peor es despertarse en la mañana
pensando que ahora nada puede ser igual
y hay que levantarse y ducharse
y preparar el café como siempre
y partir al trabajo como siempre
como si no hubiera pasado nada
aunque ha pasado todo
pasó se acabó llegó a su fin
«es mejor así»
y caminas por la calle como un sonámbulo
chocando con los transeúntes
con los vendedores de diarios
y te sientas en un banco de piedra
sin saber si estás vivo o muerto
da lo mismo
porque la muerte también puede ser
una mesa en un bar dos martinis secos
y un par de labios rojos
pronunciando palabras
que caen como guillotinas

(Óscar Hahn, En un abrir y cerrar de ojos, Visor, 2006)

ESTHER RAMÓN


En la playa

todos son

el niño que acuna

esa enorme roca negra

No saben apuntar

arrojarla con fuerza

acertarle al mar

entre los ojos



(Esther Ramón,  Reses,  Ed. Trea Poesía , 2008)

HERNÁN MIGOYA


RETAHÍLA BEODA A UN PROBABLE CRETINO


Querido amigo,
Posible imbécil:
Si ves al bueno de Hank
Dale muchos recuerdos,
Dile que aquí todo sigue igual,
Que le sigo echando de menos,
Y que lo peor de todo
 
Es que hay más como yo.


¿Que cómo sé le conoces?
Por tu manera de acodarte en la barra
Como si fuera la grada del fútbol,
De escupir de soslayo
Intentando espiar que te miran,
Por el desgarbo con que ojeas las pibas
Como si fueran unas
putas todas.
Por tu manera de tomar
Como si a cada trago
Creciera el crédito
De tu oficio,
Por la barrila que me pegas,
Insoportable,
Por tu afán de trabarte a hostias
Que, ay, no llegan nunca.
Por tu manera de hablar de Hemingway
O Huston
Como si fueran tus primos mayores,
Los chulos de la esquina,
No los santos del zulú converso,
Por ese aura prefabricada que adhieres
En torno al simple acto de escribir
Y, sobre todo, por esa basura
De cuentos que me endilgas
 
Cada vez que paso por aquí.


Igual que lo peor de la vida
De Lennon fue su vida
Y lo peor de su muerte
Fue dejar a Yoko viva,
Lo peor de Chinaski
Fueron sus discípulos
Desaventajados.
Millones de cretinos
Tirados en la cama,
Muertos de asco,
Al toque
Se empalmaron ilusos
Ilusionados,
Creyendo que el inventario de sus pajas
Justifica la falta de talento
Y la presencia de vacío.
Vacío tiene hasta la oruga.
Como góticos o místicos
Con disfraz de pordioseros,
El tuyo apesta
no sólo a vino.


Borrachuzo posero,
Cliché clichado,
Te pago todas las copas del mundo,
Te río tus trolas de inmundicia
Pero, por lo que más quieras,
Por la memoria del bueno de Hank,
Ya no escribas,
¿Oíste?
Que seas mal bebedor
No justifica tu arte.
Tu mierda no sabe mejor
Vomitada sobre papel.



(Poema extraído de AAVV, Resaca /Hank Over. Un homenaje a Charles Bukowski, Caballo de Troya, 2008)

GIOVANNI COLLAZOS CARRASCO



DAÑINO PARA MI SALUD

Mi cuerpo necesita otra alma
porque soy dañino para mi salud

se me van deshaciendo los acervos
y el incesto de mis adagios
se acentúan en un cameo de tragicomedia

es el principal acertijo de mis piernas dormidas
donde el hormigueo se vuelve halófilo
ante mi sangre que se desdenta.

El filo de mi razón de antonimia
corta entre jácaras
las venas que alimentan mi cerebro
y todo el pensamiento se desangra
sin que pueda mudarme de piel

mi cuerpo necesita otra trova
porque mi rostro en el espejo
se descompone.


(Poema extraído de su blog  El PLEBEYO)

MJ ROMERO (ALFARO)



OTR E DAD

Para no ser yo
o solo para ser
lo que es evidente
en mi referente textual
de voz amordazada
me repito
en otra escritura
y de otro yo.



LIBROS CERRADOS

Todo lo que juró fue en vano. Volvió a dormir solo.
Temblando apagó la luz, se cubrió totalmente con la
sábana, hasta la cabeza.
Cerró sus ojos con los ojos de ella dentro.
Vio las chispas antes de dormirse.


El libro queda leído. Él hubiera dicho sellado.
Ella lo tira al contenedor de la basura, aún se leen algu-
nas líneas...


Se recoge la melena, con olor de vómito.

Ella tampoco avanza.


(MJ Romero, Tiempos, 2010. Textos publicados en el blog La ciudad sinnombre)