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BEN CLARK


EN ESTE VERSO


En este verso está mi juventud.
En ningún otro sitio. Me dijeron
otras cosas, algunas claramente
buscaban confundirme. Daba igual,
sabía que al final y sin que nadie
me indicara el camino encontraría
lo que andaba buscando y tanta gente
daba ya por perdido. Y allí queda.
En este primer verso;
principio de un poema que en su inicio
prometía ser más y aquí acaba.


(Ben Clark, La mezcla confusa,  VII Premio Nacional de Poesía Joven Félix Grande 2011, Ayuntamiento de San Sebastián de los Reyes, 2011)

PABLO LÓPEZ CARBALLO




ESPERANDO LO SUBLIME 

Y dices que parecen naranjas. 
Yo ya no salgo a buscarlo espero 
con el plato, color dorado por el sol. 
Se cayeron las flores y el fruto endurecido 
aguarda las señales. Te abriré 
la puerta, pasa desnudo, sin cables 
y dime qué vino beber 
qué pan comer si no lo estropearas todo 
como siempre pasa y tendré 
que buscar de nuevo o cambiar de plato. 





(Pablo López Carballo, Sobre unas ruinas encontradas, La Garúa, 2010)

RODRIGO VERDUGO



DESPUÉS DE ESE DÍA

Cambiaron la ubicación de las cosas
Sabían demasiado de una música de tierra para el viaje enemigo
El aura del mar levantándose dejando atrás nuestros terribles ejes
La forma de mirarnos a los ojos, de mirar a las piedras
Sabían demasiado bien como unirse, por eso recibieron el revés de las cosas
Y se empezó gota por gota, nombre por nombre
Mientras el mito se deshojaba a nuestros pies.
Sabían demasiado bien y no esperaron retratar a sus muertos
Les basto que el revés del mundo se levantara contra los árboles y las aguas
Contra las cosas y las vidas
Contra cualquier herida que no tuviese un arrojo de estrella
Lo sabían demasiado bien, apareando a las sílfides contaminadas
Saldando algo con ellas, poniendo plumas quemadas dentro de las almohadas
Reanudando las capturas, para que así llegaran
Y se ubicaran gota por gota, nombre por nombre
Como antes cuando las cosas no limitaban con los hombres

Sino que el tiempo limitaba con la piedra, limitaba con la luz
Y piedra y sangre por igual buscaban legitimar el rayo
Mientras la belleza ahuecaba los mares
Y al final dios estaba esperándonos con un ramo de accidentes en las manos.


(Rodrigo Verdugo, Nudos Velados, Ediciones Derrame, 2002)

FRANCISCA AGUIRRE


LAS CICATRICES


No puedo recordar
la primera vez que vi el mar
ni puedo recordar
la última vez que vi a mi padre.
Tal vez porque no se pueden recordar
el deslumbramiento del milagro
ni el encuentro con el horror.


(Francisca Aguirre, Historia de una anatomía, Hiperión, 2010)

JULIO MAS ALCARAZ



Viajo para no oír
cómo disparan con sus rifles
a los árboles que se agitan.

Viajo para acariciar
los colmillos del zorro,
bañarme con las nutrias,
untar mi cuerpo de resina

y quitar el hedor a humano que impregna mis ropas
y olfatean las bestias de lejos.




(Julio Mas Alcaraz, El niño que bebió agua de brújula, Calambur, 2011)

JOSÉ-MIGUEL ULLÁN



MANJAR LENTO


Benditas sean las cosas que llegan siempre tarde
y no lo sienten
                    —perdidas ya de vista o bien batidas
o incluso blanquecinas al sol del tacto—;
su demora nos libra del sofoco
propio de cualquier logro puntual
                                             engullido
sin pasar por el paladar ("¡a otra cosa!")
de la gratitud no rentable.





(José-Miguel Ullán, "Otros poemas 1991-2007", en Ondulaciones, Galaxia Gutenberg, 2008)

ÁLVARO TATO


SOBRE VIVIR


Seguimos
la vieja senda
del cazador de días.


Leemos huellas,
escuchamos en círculo,
nos movemos de prisa
tras cada leve rastro.


Nos contamos leyendas,
erramos juntos,
compartimos las noches
en extinción.


Pronto saldrán los días a cazarnos.



(Álvaro Tato, Gira, Hiperión, 2011)

ÓSCAR R. CARDEÑOSA


EN COMA


        Acumulo la ropa sobre la cama y no la muevo cuando duermo. Mi cama se ha convertido en un balaguero de trapos, y en algún lugar la almohada. Quiero levantarme abrazado a tu piel y duermo más horas de las necesarias. Disfruto de mi imaginación, de un tiempo que no existe, de un cuerpo que no está aquí, de un olor que quiero que me impregne las manos.

      Al despertar el calor me presiona en cada poro, me tapona y me dice que me aparte de lo que abrazo. Y tú me besas y me das los buenos días. Y sé que ha ocurrido, que he traspasado la frontera del coma, que a partir de ahora nada será más real, porque he perdido la cuenta.

     Duermo, despierto, duermo, duermo, despierto, duermo, d, d ,d...

     Ya no despierto si no sé qué duermo, y el sueño le roba realidad al mundo. Y sueño dentro de un sueño como los malos poetas, y no sé donde empiezo ni donde está el más alto grado de conciencia.

     Sólo sé que vivo, en algún momento, avanzo. En algún momento siento, y todo ello se retuerce tras cada barrera hasta que los nombres no importan más que la numeración del diccionario. En la misma página encuentro recuerdo, realidad y rechazo. Rocanroll de una canción que me sé a medias, que realmente rechazo recordar.

     Duermo abrazado a un rebujo de trapos, y despiertas, y me besas.


(Texto extraído de su blog Goliat Reformado)

ANTONIO RIGO



Tengo 49 años,
vivo en un bolsillo vacío
o en un vaso prestado,
y noto cada día
el corazón más extraño:
Acabo de dejar otro empleo.
Amor, ¿tenemos para el alquiler?
Ese miedo, esa duda, esa libertad
tan creciente y blanca.


(Antonio Rigo, Masticando Adelfa. Obra Reunida, 1991-2011, Ediciones La Baragaña, 2012)

MANUEL VILAS



AMOR

Una mañana Manuel Vilas sacó todo su dinero de los bancos.
Fue a las cajas de ahorro, fue a las compañías de seguros,
vendió su coche, anuló su plan de pensiones,
se lo llevó todo en efectivo, un buen fajo de billetes calientes.
Qué bien, dijo, qué fuerte,
y todos los empleados y los directores querían disuadirle
pero Vilas tenía unas ganas infinitas de pasarlo bien.
Y luego se fue a ver enfermos,
a ver emigrantes, incluso se fue a las cárceles.
Quería ser un santo espectacular, tenía esa marcha,
tenía esa gran ilusión.
Quería ser Cristo, Lenin, San Pablo,
quería ir más allá del orden, de la naturaleza y de la vida.
Recorrió la ciudad de Zaragoza repartiendo dinero.
En Conde de Aranda, dio mil euros a tres árabes,
que le besaron los pies, y las manos y se arrodillaron.
En el barrio de Delicias, en la calle Barcelona,
dio trescientos euros a una negra africana,
y ella quería comerle el sexo al buen Vilas,
pero Vilas dijo hoy soy San Vilas,
consérvate para tu marido, él te necesita,
y yo os bendigo; anda, nena, ve en paz.
Y Vilas se echó a reír.
Fuego, qué fuego más grande,
y siguió repartiendo, a una vieja china
de un todo cien le dio seiscientos euros,
y la vieja le hizo una foto de diez millones de megapixels
y la amplió y la enmarcó y la colgó
en mitad de su tienda con dos velas debajo.
A un vendedor de La Farola, ese periódico
de los pobres, le dio ochocientos euros.
Y el vendedor se echó a llorar y ardía
como una vela en mitad de las catedrales antiguas.
Vilas quería ser un santo, tenía esa marcha.
Toda la mañana y toda la tarde estuvo quemando su dinero.
Miró la atmósfera y se estaban abriendo los palacios celestiales.
Estaba enamorado de sus semejantes.
Nunca vimos a nadie tan enamorado.


(Manuel Vilas, Amor. Poesía reunida, 1988-2010″, Visor, 2010) 

DAVID LEO GARCÍA



FUERA
Entra en el mundo. Vámonos de mí, 
no me mires ya más, piensa en el mundo, 
es un incendio largo donde caben 
promesas, travesuras, 
las frases que decimos convencidos 
y no llegan a oírse, la mezclada 
respiración de dos enfermos. 
Algo de euforia por estar, 
algo de espanto, estar aquí. 
La mente que descubre: «no hay propósito en la evolución», 
se despliega la noche sin estrellas 
y luego como ves: 
educar a la médula espinal, 
una tragedia vista desde arriba, 
una demolición destapa la bahía. 
Los bordes de la herida, su lento parpadeo. 
El atlas está húmedo, 
la enciclopedia pesa como un No. 

No estamos en el mundo pero estamos aquí.

(David Leo García, Dime qué, DVD Ediciones, 2011)

CARMEN BELTRÁN FALCES




Un día nos sentimos la sangre.
No nos gustó del todo
pero no nos hirió lo suficiente
y conocimos al monstruo que nos habita.
El niño que fuimos aún vive
pero el anciano que hemos de ser
ya comienza a reclamar su espacio.



(Poema extraído de Heterogéneos. Poemario colectivo, Ediciones Escalera, 2011)

JOSÉ MIGUEL COLMENERO


MIRADAS


Por fin has decidido ser otro.
Lo has decidido esta misma mañana
y desde sus primeras horas
te has aplicado a la tarea con determinación
casi obsesiva.
Has ensayado diferentes muecas,
impostado la voz e, incluso,
renovado tu vestuario con modelos
inspirados en los 70.
Has decidido firmemente volver sobre tus pasos
para esta vez, sí, extraviarte siendo
un perfecto desconocido.
Todo esto lo has decidido hoy,
justo hoy en que el tipo del espejo
te guiña los ojos.
A ti, que los tienes abiertos como platos.





(Poema extraído de la revista Ágora. Papeles de Arte Gramático, nº 12)

ANTONIO MARÍN ALBALATE




HOMO HORRIBILIS

                                         Y me quedo solo, ¡aplastado sobre mí!
                                                                                MÁRIO DE SÁ-CARNEIRO



Como innoble despojo de una noche
pasada a cuchillo por ordenanza
del ario caudillaje de los más
crueles ojos, es él, entonces, cuando
vuelve a la realidad del espejo
para espantarse y seguir huyendo.


Ni poeta ni semejante o así
le encontraréis ya entre las falsas
flores de la belleza y su mentira.


Bajo la basura del mundo, mejor
buscadle,
              si acaso hallar quisierais
el inmortal sentido de lo horrible.




(Antonio Marín Albalate, Leopoldo María Panero, poema que llama al poema, Huerga & Fierro editores, 2012)

JOSÉ MARÍA CUMBREÑO




LA GUADAÑA Y LA MUERTE

La muerte es un ser literario que, por encima de todas las cosas, odia las historias mal contadas o resueltas con precipitación.
No cree en dios: cree en la retórica.
De ahí su predilección por la guadaña, cuya hoja curva mata dando un rodeo.



(José María Cumbreño, Diccionario de dudas, Calambur, 2009)

NACHO VEGAS



EL COLCHÓN

Ninguno de los dos dijo nada
tras bajar la cama plegable
que estaba empotrada en el armario.
Habían pasado ya varios días pero
el olor aún era extraño: una mezcla
de muerte y desinfectante.
Nos quedamos mirando un rato
la mancha de sangre que había tomado
un untuoso color parduzco. Luego
alguno habló primero y lo sacamos
de allí como pudimos, la puerta parecía
demasiado estrecha, y nosotros
íbamos muy rígidos para no tener que mirar la mancha desde tan cerca,
ojos y nariz casi tocando la espuma.
Mientras bajábamos las escaleras bromeé
con mi hermano pero los dos sabíamos
que aquel era un trabajo sucio.
Una vez en la calle lo dejamos apoyado
contra el contenedor de basura de enfrente,
asegurándonos de que no quedaba
a la vista la mancha de sangre.
Después nos dimos media vuelta
para no volver a verlo jamás, acaso
alguna vez desde el recuerdo.
Nos sacudimos las manos y aquel día
ya no volvimos a pensar en ese colchón
sobre el que mi padre había partido
hacia el más insólito lugar de todos.


(Nacho Vegas, Política de hechos consumados, Editorial Limbostar, 2006)

JOSÉ LUIS PARRA JURADO




EL VUELO ESCINDIDO
Hoy los huesos juncos alancean un atardecer de lápiz.

Hoy ya no puedo volar, alas de cera por unas  rodillas de barro tan seco.
Soy un corredor de sueños, paseante sobre el paraíso de tus mejillas.
El mar es para andarlo del revés, para bebérselo a pasos lentos sin migrañas de anaquel,
O dúplices biografías calibradas con sales de baño.
Hoy tengo los pies planos y no sé nadar. Voy como esos peces pintados en aires turquesa
Bajo los sellos de una tumba egipcia.
Mis ojos serán topacios, azabache mi pelo, mi alma de coltran no cotiza en el mercado.
Los antílopes duermen bajo la luna. Tengo la lengua en brasas bajo el té de la impaciencia.
Mi vida es lo único que tengo y ésta podría encender la luna, apagar el sol a dentelladas.
Mi vida sin alas vuela alto.

(Poema extraído de su blog Crónicas de LIMOSA)

GABRIELA COLLADO


SOMBRA Y LUZ

Sí, tengo una sombra, 
pero no la arrastro
ni le rindo pleitesía. 
Sé quién es
y ella sabe de mi luz.
Ninguna existiría
sin la otra. 
¿Por qué negarlas?
¿Acaso podría la tierra 
pretender al sol sin las nubes? 



(Poema extraído de su blog Causa y Efecto... el devenir de una Maga)

MANUEL DEL BARRIO DONAIRE


[17]
CONFESIONES DE UN CARNÍVORO EN AYUNAS


HANNIBAL


No entiendo lo que pasa, pero cuando
te miro me entran ganas de comer.
Lo digo de verdad, no me lo explico,
es verte aparecer por esa puerta
y empiezo a salivar, me dan ardores
de estómago, me excito y ya no puedo
pensar en otra cosa. Necesito
no sé, morderte un muslo, por ejemplo,
una teta o debajo de la falda.
Cualquier trozo de carne [8] [15]* es digerido
si proviene de ti, con mucho gusto.


Pero acércate más, no tengas miedo
sabes que no me gusta picar entre comidas.




(Manuel del Barrio Donaire: Confesiones de un soltero autopoético, Sevilla, Point de Lunettes, 2009)
* Todos los poemas de este poemario están conectados mediante palabras o frases que funcionan como links.

JAVIER CORCOBADO



NUBES ERECTAS


Que se mueran de vergüenza
todos los que comparan
las nubes con algodón:
el algodón es un despojo blanco
para limpiar basura
y para abrigar humanos.
Las nubes son el aliento del cielo
y el cromo en blanco
de la melancolía de un niño.




DÍA DE SOL


Hace tan buen día,
que hasta el Diablo en el infierno
se enamora
repasando mentalmente
su catálogo de oscuridades.



(Javier Corcobado, Cartas a una revista pornográfica viuda, Arrebato Libros, 2009)

MIGUEL MERINO




Los zapatos


que anoche arrumbé
en un rincón de la cocina,
atropellada y torpemente, antes
de orinar dando tumbos y acostarme,

ahí están todavía, abiertos y vacíos
en el suelo,
sucios y descascarillados,

vestigio de otro ataque infructuoso
a la soledad.






Ante el espejo, recién duchado


Miras tu pecho pálido,
tus brazos y tus piernas flacos.

Miras tus nalgas blandas,
tu espalda débil y encorvada.

Miras tus genitales relajados,
tu mano izquierda, tu mirada…

Qué duda cabe: sigues siendo
ese animal acorralado.





(Miguel Merino, Hierros invisibles, Huacanamo, 2010)

VÍCTOR SIERRA MATUTE



UNA NUEVA FORMA DE QUERER

Para Ángela de Luis

God and men
don’t believe in modern love
David Bowie

Si pasara la carne que devora
fotones cuando vamos a la cama
quitándonos la vida como escama
y arrancando la piel infracolora

Si pasasen los días como arena
en un hilo de sangre melodiosa
Si la roja arquitectura sinuosa
salpicase de luces cada vena 

Si pasara la sangre, esa otra sangre
transparente, esa muerte de saliva
que deifique tu cuerpo y lo descarne

entrega tus placeres a la sangre
La carne fue misión y estuvo viva
cuando tuvo a su lado esa otra carne


(Víctor Sierra Matute, Nuevos poemas [2009-2012], en http://victorsierra.blogspot.com.es/ )