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YAMILA GRECO




piedra sobre piedra el sol hecho pasta mal augurio
reúne la carne que el verbo mutila

cuando la infancia salpica el polvo amargo de los años
y las facciones comienzan a ensombrecer la cordura

desfigura la vergüenza con las manos calcinadas el vacío
la claridad dibujada por los puños ignorados del tiempo

incluso la luz burla el ámbito de lo humano

la región donde habita el corazón a su siniestra
derrama el espíritu bajo la tierra envenenada

algo busco entre ellos yo que cuando digo sol provoco espanto

reanima y propaga el frío la memoria en su nido de pesar
la imagen brilla pero el dolor sospecha tras la espalda de la noche

aquellos que juraron mirarme pero no lo hicieron

levanta el viento su calma curva mi brazo su sello resplandeciente
viste esas piedras el cuerpo deshabitado ni modo alguno ni gesto vivo




IVÁN PENALBA



NO DEBERÍA LLOVER CUANDO TE DEJAN

Qué difícil,
a veces, 
saber acostarse a tiempo
cuando la noche 
ya sólo puede tumbarte a golpes de tristeza
y mandarte por enésima vez a la cuneta. 
Qué difícil no pedir otra cerveza,
ni otro cubata, 
ni más porqués.
Qué difícil no lanzarse al vacío de la herida abierta.
Qué difícil no pensarse absurdo y roto 
frente a esos ojos negros 
que un día fueron mi firmamento. 
Qué difícil ver el sol, 
y las estrellas,
y todo lo que antes brillaba en este 
frío lugar.
Qué difícil sobreponerse a esta lluvia de sentimientos 
y guardarse las palabras 
para quien por fin las merezca.
Simplemente sonreír...
qué difícil.



(Poema enviado por el autor)

VICENTE MUÑOZ ÁLVAREZ



INDICIOS


mirar hacia dentro 
y describir el caos interior

el desasosiego la impaciencia 
la inconstancia la lucha

para mostrar al exterior
algún indicio

 el cielo y el infierno 
la duda y la ensoñación

aunque no te lleve a nada
aunque no consigas nada

 solamente
ser tú mismo




(Poema extraído de su blog Mi vida en la penumbra)

VICENTE MARTÍN




Ya tengo el inventario de batallas
ganadas y perdidas:
las ganadas,
guardadas bajo llave y en baúles
de cinc, no vaya a ser
que entre sueños las nombre sin querer
y acaso me despierte
el hedor que despiden sus cadáveres;
las perdidas,
de tanto acostumbrarme a su presencia,
las llevo en el bolsillo y me recuerdan
que existo, que estoy vivo,
alguna vez, incluso,
se me cae una lágrima y al cabo
de un tictac de silencios
aparece,
solitaria, una flor.


(Vicente Martín MartínHe aquí que aún me queda el dolor, Ed. Vitruvio, Colección Baños del Carmen, 2007)

CHUS SANESTEBAN




20 AÑOS


Me echo de menos en el adiós de tu boca.
Revivo aquel instante como adicta

al sufrimiento que no deja de pensar.
Cuelgan de tu boca péndulos de compensación,

palabras insonoras que el reloj marino

dicta cuando llegas a la meta.
Todavía escucho los gritos temblorosos de tu victoria.



(Poema enviado por la autora)

CRISTÓBAL NAVARRO




A CIERTOS POETAS


Sueño con ser libre, 
sin ataduras sociales que me declinen al silencio.

Sueño con no pasar hambre,
mientras mis manos se vacían de trabajo
y la miseria se despunta entre mis uñas.

Sueño con derrotar a sus mentirosos ministros a golpe de desencanto.

Sueño con la lucha sin tregua

sueño con dejar de soñar:

Con la sensibilidad de las amapolas aplastadas en mi camino.
Con metáforas calladas, en los poetas mudos;
aquellos que pierden la mirada con sosiego, 
entre los juegos de manos de ciertos dirigentes políticos.


(Poema enviado por el autor)

JOSÉ ALCARAZ



A ÁNGEL PANIAGUA


No volverás a ser joven. Y qué,
si no has abandonado aún la escuela
de calor, los amores intrigados,
el deseo egoísta de gustar;
si tiemblas de emoción como una niña
al leer estos versos- y no puedes
engañarnos-. Agrego, entenderás,
la acostumbrada lista de atributos
en homenajes y semblanzas: ínclito
consejero, poeta de legados,
cazador de miradas, obsesivo
del orden cuando la realidad
no parece ajustarse a nuestra métrica...
Quisiera preguntarte si le falta
algo a este poema. Di que sí,
que faltan muchas cosas todavía,
y todo lo que quieras, menos tú.



(Poema extraído de Ángel Paniagua, endecasílabamente nuestro, Huerga & Fierro editores, 2012)

JORGE CADAVID


LAPSUS

¿En dónde estamos?
En las palabras.
¿Perdidos en todas las palabras?
En todas las palabras y en ninguna
Uno se pierde a cada instante.



MÍMESIS

Las cosas habitadas
por las palabras

Basta nombrarlas
para verlas moverse.




(Poemas extraídos de la revista Poesía Digital)

JOSÉ MIGUEL COLMENERO




LÍQUIDA POESÍA

'Has de parar
antes de que el corazón
se detenga',

líquida poesía en los colmillos
de Lestat el Vampiro y
un excelente consejo
que tendría que haber seguido

aquel amanecer malva

en que nos intercambiamos sangre,
saliva

y los teléfonos.




¡AY!

Mi sangre
gotea gota a gota
sobre el blanco profiláctico
de la bañera.

Cualquier día de estos
le meto una demanda
a la Gillette.


(Poemas extraídos de la antología Arando versos, Acen, 2012)

SILVIA OVIEDO LÓPEZ



DESPUÉS


Para siempre
descontrolado entre empujones
tu cuerpo a manotazos entre las finas líneas del tiempo
y tan simple
tú,
tan claros nosotros.
A nadie se le ocurriría despojarnos de la desnudez de este momento,
puros como cometas rasgando el cielo
-me agarras la mano en este instante-
somos casi la pared blanca en la que se estrellan las olas.

Tu mano diminuta es bella como un diamante a escala.
Te acaricio
y parece lógico que hoy sea el único día que exista.
Tu cuerpo tan sencillo contra el tiempo,
indescriptiblemente perfecto y absoluto
para siempre.


(Poema extraído de su blog Salón con ventanal a la calle)

JOCE DEUX



SUFICIENTE

no es suficiente
abrir el esternón de la ciudad
o besar a la chica que come
algodón de azúcar
quizás golpearla sea suficiente
pero no tienes las agallas

no es suficiente
morder la brea
ni minar los cuartos de motel
para mutilar tu lascivia

no es suficiente
arrancar la botella
al ciego que duerme
con tu mordaza
aunque la bebas de un bocado
y vomites tu dolor

creer
no es suficiente

alguien dejará libre
a los perros
que arrancarán tu carne
y no será suficiente
el polvo que dejes atrás

morderán tu sed
tu cansancio
tus huesos
tu fiebre

pero estarás a solas
quejándote
y eso sí será suficiente
llorarás todo
el cemento
las almohadas
las lámparas de noche
lo que dices amar
y odiar
en un solo golpe
y serás inofensivo
un espejo roto
el invisible que retuerce
sus venas
sin resultado de piedad
y mi memoria estará
colgada de tu cañón
oliendo la pólvora
pero no será suficiente
para mí


(Poema extraído de su blog  Acéphale )

RAFAEL NARBONA




DIARIO DE UN HOMBRE ENSIMISMADO (3)


No sé si ya he superado la mitad de mi vida. Dentro de catorce meses cumpliré medio siglo. No creo que llegue a los cien años, pero el tiempo ya no me estorba.

El sol se ha convertido en una esfera tranquila que rueda sobre un cielo sereno. El cielo a veces copia nuestros estados de ánimo. Durante años, he pensado que el cielo era cárdeno, gris o blanquecino. Apenas apreciaba ese azul que ahora fulgura en mis párpados. El dolor ha cedido y la despreocupación crece, insinuando que vivir consiste en olvidarse de uno mismo y utilizar los sentidos para captar el destello de un tejado bajo una luz de membrillo. Siento que ha resucitado mi corazón de niño y ha comenzado a girar lentamente como un molino que se entretiene con el sonido del agua. La tristeza sigue acechando, pero he confiado mi porvenir a las palabras, que se anticiparán al infortunio, hundiendo sus raíces en mi canto esperanzado. No creo en un más allá, pero me he reconciliado con la finitud. Creo en un Dios que sufre, vulnerable y mortal, un Dios impotente y dividido, que escogió la vida porque ya había vivido la muerte y prefería las heridas a la nada. No sé hacia dónde me encamino, pero ya no escucho el latido del suicidio, golpeando en mi pecho.

A veces, me urge escribir. Tengo la sensación de haberme quedado rezagado respecto de mi propio existir. Durante un tiempo, me he observado desde fuera, con una mezcla de horror y perplejidad. El miedo de ser dos se hizo realidad y sentí que otro vivía mi vida, convirtiéndome en una máscara que deambulaba entre llamaradas de ansiedad. El ser que usurpó mi identidad se aficionó a caminar entre avispas y espinos. Ahuyentaba a los pájaros y no quería saber nada de la claridad. Dormía en un lecho de paisajes umbríos. Mi yo se extravió en una negrura violeta, que vomitaba delirios y alucinaciones. La quimera de un absoluto fugaz liberó a las ratas que anhelaban beber de mis venas. Sentí que mi alma se astillaba y mi corazón se llenaba de musgo, como una vieja roca batida por un mar oscuro. Todo eso pasó. Ya no me levanto con el corazón encogido, lanzando manotazos contra la conciencia de existir. Ya no sueño con marcharme en un barco negro, celebrando que las sombras picotean mi carne como gaviotas enloquecidas. Las palabras ya no estrangulan mi nombre, mientras excavan una tumba fría. La luz ya no es un aullido debajo de mi nombre, sino un jardín que me ofrece sus mejillas. Las palabras me han devuelto a casa, revelándome que son hijas de la ternura.

Mi vejez ya no me asusta. Mis manos ya no huelen a llanto. Mi sangre ya no es un río de cuchillos. Mis ojos han dejado de temblar de soledad y no tienen miedo. Abrazo a los días que vendrán, con mis huesos regocijados por sentir que aún caminarán entre la piedra y el trigo, abriendo surcos de primavera y estío. Aún me aguardan muchos otoños y muchos inviernos. El otoño no es un tiempo de pérdidas. El otoño es una estrella en un pozo, regalándonos una lumbre de sueño. El invierno es un mar lejano que nos despierta con una aurora de plata. Mi invierno discurrirá entre árboles y libros, que crecerán poco a poco mientras yo declino. Los árboles son libros que extienden interminablemente sus raíces, propagando el rumor de su escritura. Creo que el libro es música enamorada del silencio. Yo escribo porque he logrado acallar la pena que me ahogaba. La página en blanco ya no es tierra fértil para mi suicidio. Ya no estoy cercado por dolorosos exilios de mí mismo. Ya no me arrastro por el fondo de mi alma, con hambre de carencias. La muerte ya no come de mi mano. La infancia ya no es un ángel ebrio que pinta el cielo con cenizas de ira y desengaño. No voy a mentir. He pagado un precio. El contacto con el mundo exterior aún me lacera. Suena el teléfono y me aterro. Se produce algo inesperado y la angustia hunde su aguijón en mi costado. Vivo en una eternidad de andamios que han aprendido a contener el tiempo
No me inquieta la perspectiva de morir. Sólo deseo que mi funeral se parezca a los de New Orleans. Nada me haría más feliz que ser acompañado hasta mi última morada por una banda de jazz. Arrojad mis cenizas al mar mientras suena “Blue Moon” y “My Favorite Things”. No quiero tristeza ni lágrimas. Me agradaría contemplar sonrisas entre la arena blanca y un cielo ardientemente azul. Y cuando yo sólo sea polvo embriagado de agua y viento, regresad a casa con un festival de trompetas, saxos, clarinetes, tubas, tambores y trombones, interpretando una música luminosa y alada, sin rastro de pena o duelo. No quiero más dolor. No quiero recordar los años que perdí entre lutos y quebrantos. Vivir fue suficiente. No pido más. Si os place, recordadme, pero no me afligiré si me olvidáis. Nada se marcha para siempre. Nos reencontraremos en un poema, pronunciando nuestros nombres sin miedo. El eco de mi muerte ya ha nacido y es una noche serena en un jardín de verano goteante de estrellas.  


(Rafael Narbona, texto extraído de su blog Into The Wild Union)

ÁLEX CHICO



ELLOS

No sabremos si este momento
formará parte de la vida.
Menos aún de la Historia.
S
i esta luz -minúscula, azulada-
podrá sobrevivir cuando no quede nadie.
Si permanecerá pasados los años,
y logrará al final convertirse en nosotros.
Ser nosotros.
Definirnos.
Si este instante merecerá el recuerdo
o acabará disgregándose, como siempre
ocurre con los segundos
que no son, en apariencia, importantes.

Quién lo sabe.
Que quede, al menos, escrito.


(Álex Chico, Dimensión de la frontera
Isla de Siltolá, 2011) 

CARLOS ALABEDRA



TIC TAC

No hay antídoto.
Ni bálsamo.
Ni cura.

El tiempo pasa.

Yo aquí,
viviendo
en carne propia
la catástrofe.
  

MIEDO

Miedo a los atolladeros.
Miedo al sonido de un teléfono en mitad de la noche.
Miedo a creerme Baudelaire.
Miedo a que el pasado regrese para torturarme.
Miedo a vivir en las nubes permanentemente.
Miedo a que me sangre la úlcera en medio de un atasco.
Miedo al tamaño de mi herida.
Miedo a los espejos y los espejismos.
Miedo a que me salga el tiro por la culata.
Miedo a la primavera y sus nefastas consecuencias.
Miedo a socavar mis cimientos.
Miedo a tener el día tonto.
Miedo a los manuales de autoayuda.
Miedo a los quirófanos.
Miedo a las declaraciones de un político.
Miedo a las agujas del reloj.
Miedo a la muerte.
Miedo a poner las cartas boca arriba.
Miedo a las felicitaciones navideñas.
Miedo a los traspiés.
Miedo a las pesadillas.
Miedo a la oscuridad.
Miedo a que te vayas.
Miedo a que decidas irte
dejándome con todos y cada uno de mis miedos.


(Poemas extraídos de su muro de facebook)

VICENTE VELASCO MONTOYA


LUGAR

Aquel era un naufragio
que desprendía olor a derrota.

Nadie contaba con el desierto,
ni los restos, ni las botellas,
ni sus mensajes sin remite,
sin destino y nunca leídos.

Ni las calaveras expoliadas por la arena.

Nadie podía escenificar aquella escena
como el último acto de un guión
ahogado en sus propios diálogos.

Nadie, sólo yo, podría esbozar
aquel esqueleto de hierro
fundiéndose bajo un cielo
que no era más que azul.

Nadie para relatar,
ningún lugar para el naufragio
y nadie para el desierto.



(Vicente Velasco Montoya, Ningún lugar, Diputación Provincial de Jaén, 2012)

PABLO MÉNDEZ



AMO LA VIDA
Amo la vida,
dejadme decirlo así como suena,
como un cohete, como una larga
piedra que rompe en la distancia,
amo la vida, y amo este dolor
que llevo en mi costado,
mi larga cadena, la lluvia
de decir adiós
demasiado pronto,

la vida no es nada, detrás
de cada hombre no hay nada,
si lo piensas, sólo el reloj,
y el amor a la vida.


(Pablo MéndezAna Frank no puede ver la luna, Ed. Rilke, 2010)

JAVIER GARCÍA CELLINO



EL FUGITIVO


Llegó a la choza cuando aún se escuchaba, 
a lo lejos, el canto de la iluminada abubilla 
y del avefría madrugador. 

Sonrió a la tierra húmeda por la nieve, 
al olor de tantos calderos que crepitaban 
dentro de las paredes. 

Desde la ventana vio la angustia 
de los olivos y salió afuera, 
al viento confiado de la mañana, 
al sol de los emperadores 
que tardaba en ponerse en lo alto. 

Entre las piedras de granito que circundaban 
las nevadas orquídeas, escribió su nombre 
sin otra voluntad que arraigar 
su permanencia entre los mortales. 

Era suyo el olor de los generosos montes, 
la lira de aquel árbol solitario erguido 
en el centro de las sabinas, la transparente 
mordaza que cubría los arroyuelos.


(J
avier García Cellino, Territorio para el fuego, Ed. Vitruvio, número 321 de la Colección Baños del Carmen, 2012)

ANTONIO Gª. VILLARÁN



                              A veces un hombre tiene que refugiarse en
                                                                 la habitación de un motel
                                                                 para salvar su

                                                                maldita alma.
                                                                                        C.Bukowski




BUZÓN DE SUGERENCIAS

                               
Sugiero que todo está muy caro,
que los taxistas tienen
mucha prisa y pocas ganas,
que la gente no mira a la cara
de la gente que los mira,
ni se toca,
ni se cambia los ojos
para ver cosas nuevas.
Sugiero que el agua no valga dinero,
que un “lo siento”
no valga dinero,
que dejemos en paz
a las mujeres de trapo,
que dejemos de meterle la mano
por el culo
a los hombres marioneta.
Sugiero que alguien abra
de una vez
el buzón de sugerencias
y haga de una puñetera vez
lo que piden.





(Antonio Gª. Villarán, NOCAUT, El Cangrejo Pistolero, ed., 2009)

JORGE ARBENZ



No estás La palabra que
te llama no está No he hecho
nada No sé hacer nada

Te lo he explicado tantas veces
que no entiendo tu enfado

Sé con certeza que no te he querido
o eso creo Sin tu presencia
sin tu olor sin tu recuerdo

No entiendo cómo he podido
olvidarte con tanta facilidad
Me gustaba mirarte cuando
te ponías las medias
o te peinabas

Deberías volver a recoger
tus cosas Como el abrigo que
necesitarás en invierno

No estás



(Jorge Arbenz, Días como todos, Editores Policarbonados, 2009)

PEDRO MAESTRE




Fragmento de MATANDO DINOSAURIOS CON TIRACHINAS


      y no cabías en el agujero, abuelo, y yo no pensaba en nada en particular, luego para distraerme de que me picaba un huevo observé científico, científico quiere decir pensando las cosas por dentro y por fuera, a todos tus parientes esperando que alguno llorara, la abuelica sí que daba pena envuelta en el chal rastrero de toda la vida, parecía una cría gimoteando porque le habían robado la piruleta, y eso que no gimoteaba, a veces respiraba fuerte pero ya está, que tampoco hay que cargar las tintas, todo el panorama lo absorbía las quejas de cazalla del sepulturero al comprobar que no y que no te querías ir al otro barrio, abuelo, hasta el último instante dando guerra, ¿eh?, yo me decía, digo éste es capaz de resucitar y ponerse a dar indicaciones, no quiero darte mala fama pero tampoco tengo por qué pregonar tus grandes virtudes, decías que no está bien hablar mal de los muertos...

(Pedro Maestre, Matando dinosaurios con tirachinas, Ediciones Destino, 1996)

HÉCTOR CASTILLA


S/T

Mira las palabras,
mira cómo juegan y se ríen de nosotros,
de nuestras ganas de teorizar
sobre cómo se comportan.

Hablamos de estar desechos
y se nos olvida que hubo un tiempo
en que realmente éramos plenos,
totales y absolutos como un puzle
terminado y enmarcado.



(Héctor Castilla, Una canción en la memoria, Tres Fronteras, 2006)

JÉSSICA VARELA




DIÁFANA IMPRECISIÓN


Qué hay de cierto
en las palabras sordas
en oídos necios. ¿No es acaso
aquel ciego el mismo cojo
cuya limitación no le bastaba ayer?

El día termina con sed y hambre,
y no hay manera que la comparta.

Qué hay de cierto en las piedras
que el río no se lleva. ¿Es necesario
haber violentado la humanidad para
que aceptara a su espíritu?

Con hábiles trucos logra
enseñarle un solo camino:
el camino de la perdición.  

Qué hay de cierto en la transparencia
de las mentiras, cuando no existe
la verdad. ¿Quién ha intentado sanar
las alas del ángel caído?

Un bufón llora su desgracia:
ver reír a los tristes del mundo.

Qué hay de cierto en acelerar el tiempo,
y convertirse en inmortal. ¿Por qué hieres mis raíces,
si amaste mis semillas?

No era más que el día, lo mismo
que la noche, diáfanos son ahora
sus cuerpecitos.

Apresura, que escucho su velocidad
a sonido de la luz.



(Poema extraído de su blog La mandrogorina)

ANA GORRÍA



COMO COMER ARCILLA
      A medias, sin hacer, la noche pende del hilo del silencio. Deja estancado el día las derrotas, conquistas desoladas para orillar el frío. Si es que supone el grito una victoria, abre las manos, cielo, a este lugar cansado donde muere el destino, extiende el horizonte, porque no hay transparencia ni paisaje. Si el hambre es galardón hacia los márgenes, apetito rendido y suficiente donde se cierra el verbo y cae el huso, vuelve a tu madriguera, deja la oscuridad a la deriva, vuelve para buscar la hora de nadie, pregúntate a quién obliga el celo, quién cerca tu desgana, quién cubre tu apatía, quién sueña con tu sueño.
Como el que come arcilla, pan y barro.

(Ana Gorría, Araña , El Gaviero ediciones, 2005)

SERGIO C. FANJUL



Esta lluvia refleja
el mundo en el asfalto
la caída del agua en vertical
señala la dirección que hay que seguir

hay otro espacio
al otro lado
del espejo
de los charcos
otro mundo
simétrico y borroso
debajo de la tierra.

allá podrán huir
aquellos que no tienen dónde amarse
los que quieren emigrar
y no les dejan
los que buscan piso
pero no quieren hipoteca

hay un mundo entero
cuando llueve
vacío y escondido
debajo de la acera

los charcos son las puertas


(Sergio C. Fanjul, Otros demoniosKRK ediciones, 2008)

EMILIO VARELA FROJÁN



A cierta distancia los objetos coinciden con sus nombres

alejándose son completas figuras de sombra


con más aire en los ojos se silencian


y van perdiendo peso y medida


hasta reposar en sí mismos


y en la palabra justa:


nada.





(Emilio Varela Froján, Las fuentes de arena, Bermingham Edit., 2003)