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ANTONIO CUBELOS MARQUÉS



EPÍLOGO

Hubo más muertos. 
La fe pública 
en silencio esperaba
al borde en los caminos.
Pero no hay tiempo; 
hay nieve negra 
cayendo en las palabras
Y aquí, alzada la memoria, 
derribo el corazón 
buscando 
para nunca jamás el paraíso.



(Antonio Cubelos Marqués, La Mitad De La Luz, Ediciones Vitruvio, 2009)


VILMA TAPIA



He entrado a mi espejo
para tocarme.

Mirándome reflejada
me he palpado:

Varada en otras orillas
he descubierto la dulzura
de mi propio misterio.

En lo que pude asir
decayó mi miedo.

Ahora en mí cabe
mucho más viento.


(Vilma Tapia Anaya, Luciérnagas del fondo, Plural editores, 2003)

MIGUEL ÁNGEL CONTRERAS



EL PEQUEÑO COSMOS DEL HOMBRE

Vuelvo hacia adentro, donde siempre he estado,
donde está todo y nada es concreto; donde somos
los mismos. Vengo a los paisajes fractales del subsuelo,
a rincones sumergidos que se esconden tras paredes
de vísceras y entrañas. Cruzo por arterias del más frío
y oscuro anonimato: reconozco a un niño que me mira
asustado y a un adolescente arrogante que me increpa,
y quizás a ese viejo profesor. Las arterias lo son todo,
lo cruzan todo: los cuerpos, las ciudades... Siempre están
en todas partes. Y me apoyo -al sumergirme- en el osario
que aguanta y da firmeza a mis insomnios.


(Miguel Ángel Contreras, Libro de precisiones, Bartleby Editores, 2012)

VENTURA CAMACHO



Ulst-IlimsK


Bajo los escombros
de mi renovada moral de principios de siglo
agonizaban mis últimos impulsos elementales,
los restos de un subconsciente
venido a menos durante el destierro,
tras el fracaso
de un golpe de estado mental inoportuno.

No supe de mi síndrome de Ulises
hasta pasado dos meses,
cuando harto de deseos frustrados,
de impulsos reprimidos contra el cristal,
de haber rehecho veintidós veces
mi conciencia hecha pedazos,
veía el mar de lejos y lloraba.

Fui feliz mientras busqué la felicidad.
Esa fue mi última voz interior
al abrigo de la derrota mundial,
de la muerte y de lo breve.

  

(Camacho Ventura, De Nagasaki a Novosibirsk, Premio Federico García Lorca 2006,
Universidad de Granada)

VIOLETA NICOLÁS




TIFÓN DE INCIENSO REPELENTE DE MOSQUITOS DE VENUS*

I

Mi sangre vuela en un mosquito,
Una picadura de un insecto, dijeron, un bicho.
Más Aután, cada noche,
En el primer verano en la casa nueva,
Cerca del río, donde nos mudamos.
Esos huéspedes presentes invisibles,
Esperaban mi sonrisa para pinchar mi piel,
La sangre dulce, en la digestión, siesta,
Cuando todo iba bien; formaban parte del aire.

II

Otro verano, supe que se comían mi sangre, 
Era cierto, para qué, no se sabe a ciencia cierta. 
Sobreviven, y vuelan y pretenden perpetuarse, 
Sí, con mi sangre, mi ADN fluido,
Me dejan su veneno, su mensaje, en un zumbido.

III

El verano de 1992, caí en el barro, 
Mi hermano mayor y la vecina reían, 
Era una trampa el juego que me propusieron, 
El golpe me dejó sin respirar, en la oscuridad, 
Me lancé, engañada, al agujero de dos metros bajo suelo, 
-lo que sería una piscina tras dos años-
Me dolía el pecho y las rodillas, mucho barro, 
Llamé a mi padre para que me sacara de allí
No pude parar de llorar hasta que ya en la cama,
Los mosquitos me picaban,
Y yo miraba como entraba luz de la farola de fuera, 
Mi lengua pegada al paladar, confusión de contornos.
 
IV

La plaga de mosquitos en el campamento. 
Parecía en la guerra. 
Ninguno de mis dos amores me entendía, 
La superficie de mi piel enrojecida. 

V

De Ciencia ficción, gracias a un mosquito crean un dinosaurio,
Tenía su sangre, esencial, unas gotas,
Los dinosaurios eran anteriores a todo,
Le pregunté a la profesora de religión porqué no están en la Biblia.


VI

En Milán, quise morir varias veces,
Mi compañero de piso ironizaba con el suicidio por un mal de amor, 
Me dolía la cabeza de oír las ambulancias hacia el hospital de al lado.
Filippo me dejó, yo no entendía nada.
Esa casa nuestra en la que vivíamos a parte del resto.

Al llegar los mosquitos gigantes, Junio 2008, ya estábamos bien,
Y su presencia era lo pasado que entonces poco importaba,
Adquirimos medios para erradicarlos de nuestros cuartos.
Aunque prevalecían. Volvimos a España.

VII

Verano 2012, mosquitos robots en EEUU,
Nos informan que son para difundir vacunas,
Tienen cámaras y se programan como espías.

Me pica un mosquito justo en el muslo,
¿Se extinguirán antes de mi defunción?
No puedo parar el insecto por su zumbido, 
Espero, doy un paseo por los límites del jardín,
Recuerdo rostros queridos invisibles crecientes,
Me siento en un campo de concentración muda,
Mi lengua pegada al paladar, me duermo y amanece.
Mosquitos, mi sangre no vale nada, volveréis,  
Contaré vuestra historia de nuevo, actualizada.


*Es uno de los poderes de Sailor Venus, uno de los personajes del manga "Sailor Moon".


(Violeta Nicolás, Digestión Idílica,  Diego Marín, 2012)

ALAN MILLS




FOTOGRAFÍA CON AUTORRETRATO


De engaño a engaño va la luz y no calla.
Da un salto la luz y es el vacío entre dos cuerpos.
Ese espacio iluminado recuerda a la permanencia
o a la necedad de querer ver y ser en la luz.
De engaño a engaño va la luz y no cesa.
Nada termina si no hay un límite oscuro.
Ese límite oscuro somos nosotros.
Flash.




(Poema extraído de la página http://www.artepoetica.net/Alan_Mills.pdf)

MICHEL HOULLEBECQ



PERCEPCIÓN-DIGESTIÓN

Cuando la vida ha cesado de ofrecer nuevos mundos
A la mirada asombrada, cuando la vida sólo sabe
Repetir frases mezquinas y estériles
Cuando los días se mueren, cuando se detienen los flujos

En mitad de los objetos secos y definitivos
Una bolsa de percepción se despliega y orienta,
Se hincha y deshincha al ritmo primitivo
De los pulmones cansados por la violenta jornada.

No hay sabiduría agazapada en el fondo de los cuerpos
Y la respiración no libera sino vacío
En plena digestión todo vuelve a ser esfuerzo,
El peso ligero de los huesos nos arrastra hacia el vacío.

El peso ligero de los huesos acaba por ofrecernos
Como alternativa al choque de los parásitos
que se alimentan de piel, ¿y por qué sufrir tanto?
Un poco de vida que resiste y se apaga en la polla.


(Michel Houellebecq, Poesía, Anagrama, 2012)

NACHO VEGAS



ÚLTIMA PÁGINA

“La existencia del espíritu es una anomalía de la vida”
E. M. Cioran

Tengo un reproche que hacerle al mundo.
Lo culpo por haber desatado sobre mí
toda la furia de este mal incurable,
de esta patología del espíritu:
El doble don de la sensibilidad suficiente
para apreciar las cosas buenas y sencillas,
y la absoluta incapacidad para disfrutar de ellas.
No es la mala vida la que me mata, no;
es la vida toda
y mi conciencia extrema de ella
-vislumbre de la muerte.
Primero maldigo. Luego
reclamo un poco de atención:
Dimito como ser humano.




(Nacho Vegas, Política de hecho consumadosLimbo Starr, 2009)

ANNABEL MARTÍNEZ ZAMORA



SINCERAMENTE

La noche puebla las chimeneas
detrás de los muros.
Los pájaros que crié en tu nombre
han ido muriendo.
Llega el invierno,
pero he tenido que rasgar el yeso,
con mis uñas cortas,
para esparcir nieve
sobre muñecas prestadas
esta tarde,
cada tarde,
mientras les cuento la historia de los buenos amigos
que cruzan los dedos tras la espalda.



(Annabel Martínez Zamora, Los pájaros que crié en tu nombre, Prensas Universitarias de Zaragoza, 2009)

JUAN CAMPOY NAVARRO



ICTUS DE SOMBRA

De algo me ha servido
habituarme a este mundo de tinieblas,
donde brotan las voces
como ecos lejanos,
dejando su rastro de incertidumbres.
Ahora, he descubierto
que persisten las sombras
más allá de la sima de mis ojos
y que cada voz conserva en su aliento
un eslabón del miedo.



(Poema extraído de la página web http://www.centromeca.com)

JOSÉ SILES



PARADOJA

LA muerte
esa fulana maldita
con fama de puta
es la asalariada
peor retribuida
por la vida
causa y fin
de su existencia
y su principal explotadora.



(José Siles González, La sal del tiempo, Huerga & Fierro, 2006)

ÓSCAR PIROT



HORMIGAS
Es ya sabido que las hormigas son capaces
de levantar 50 veces su propio peso
por eso es común verlas arrastrar hojas que superan
la dimensión de sus carnes
signos cargando el llanto verde del sauce .
el silencio es una hormiga que no pesa
por eso es capaz de levantar infinitamente
su propio peso .
la carne del poema
en la ingravidez de la palabra.

(Óscar Pirot, Bestimenta, Papel de Fumar Ediciones, 2011)