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JEAN COCTEAU



EL POETA ES EXACTO. LA POESÍA ES EXACTITUD...


El poeta es exacto. La poesía es exactitud. Desde Baudelaire, el público ha comprendido, poco a poco, que la poesía es uno de los medios más insolentes de decir la verdad. 

No existe arma de mayor precisión; y para defenderse, con una defensa instintiva, de la angustia de la exactitud y de las claridades reveladoras, se obstinan las gentes en confundir la poesía con la mentira, la viveza de espíritu con la paradoja. 

¿Para qué referir una historia que no lleve en sí el peso inimitable de la verdad? ¿Para qué Memorias imaginarias, falsas anécdotas, frases que se equivocan de labios y recuerdos pintorescos? El peso muerto de la inexactitud abruma de fatiga. 
Muy distinto es el haz de luz de un proyector, que se pasea por la superficie de esa noche acumulada detrás de cada uno de nosotros y que se detiene sobre un rostro, un acto o un lugar significativos, de forma que les dé el máximo de fuerza expresiva y de resurrección.


(Jean Cocteau,  fragmento de "Retratos-Recuerdo", en  Obras escogidas, Editorial Aguilar, 1966)

FLORENTINO GUTIÉRREZ GABELA


POETAS MALDITOS

Un aire de autodestrucción y decadencia
desata el pensamiento en las tinieblas.


Baudelaire, la modernidad maldita.
Los trapos sucios de la moralidad prostibularia
y tu epitafio descarnado: “Yace aquí
quien por haber amado demasiado a las zorras,
descendió joven aún al reino de los topos”.


Nosotros, los “lisiados de la vida”, te llevaremos
las flores del mal a Montparnasse,
tu eterno paraíso artificial de opio terrestre.


Verlaine,
¿qué has hecho tú, maldito entre los malditos?
la bohemia te llenó de excesos y de absenta
hasta el amor pasional y el encierro.
Nostalgia y música por los versos de alma
simbolista.
Místico insaciable,
se llenó de tu figura el Barrio Latino.
Saturno nunca protegió al Don Quijote del Parnaso.


Y tú, joven Rimbaud, bohemio
vagabundo, consumiendo tu vida de rebelde precoz
entre manifiestos comuneros y tu Verlaine,
protector y amante desairado


asfixiándote con el humo evasor y clandestino
del Hotel Pimodán,
traficando carne humana
por el África dormida en la miseria,
paseando tu fatalidad sin redención
por el barco ebrio del infierno.


Aún tiembla el París decimonónico
con el espíritu de vuestros nombres oliendo
a escándalo y ajenjo.



(Florentino Gutiérrez Gabela, Caballos del paraíso, Visión Libros, 2008)

ANTONIN ARTAUD



CARTA DE RODEZ
(Fragmento)
.
Rodez, 22 de setiembre de 1945
.
......................................Al señor Henri Parisot.
.
Querido amigo,
.
No he traducido a Jabberwocky. He tratado de traducir un fragmento pero me aburrió. No me ha gustado nunca ese poema que me pareció siempre de un infantilismo afectado; me gustan los poemas que han brotado y no los lenguajes buscados. Yo quiero, cuando escribo o leo, sentir estirarse mi alma como en la Carroña, la Mártir o el Viaje a Citerea de Baudelaire. No me gustan los poemas o los lenguajes de superficie y que respiran felices ocios y logros del intelecto, apoyándose éste sobre el ano pero sin poner en ello alma o corazón. El ano es siempre terror, y yo no admito que se pierda un excremento sin desgarrarse por perder en ello también el alma, y no hay alma en Jabberwocky. Todo lo que no es un tétano del alma o no viene de un tétano del alma como los poemas de Baudelaire y de Edgar Poe no es verdadero y no puede ser recibido en la poesía. Jabberwocky es la obra de un castrado, de una especie de mestizo híbrido que ha triturado la conciencia para hacer salir de ella algo escrito, allí donde Baudelaire ha hecho salir escaras de afasia o de paraplegia y Edgar Poe mucosas ácidas como ácido prúsico, como ácido de la alcoholía, y eso hasta el envenenamiento y la locura. Porque si Edgar Poe fue encontrado muerto una mañana al borde de una vereda en Baltimore, no es en una crisis de delirium tremens debida al alcohol, sino porque algunos soeces que odiaban su genio y no querían su poesía lo han envenenado para impedirle vivir y manifestar lo insólito, horrífico dictamen que se manifiesta en sus versos. Uno puede inventarse su lengua y hacer hablar la lengua pura con un sentido fuera de lo gramatical pero es necesario que ese sentido sea válido en sí, es decir que venga del pavor — pavor esa vieja sierva de pena, ese sexo de cepo enterrado que saca sus versos de su enfermedad: el ser, y no soporta que se lo olvide. Jabberwocky es la obra de un aprovechador que ha querido intelectualmente alimentarse, él, harto de un convite bien servido, alimentarse del dolor de los otros. Y eso no se ha visto nunca en su poema y nadie lo ha dicho nunca. Pero yo lo digo porque lo he sentido. Cuando se cava la caca del ser y de su lenguaje, es necesario que el poema huela mal, y Jabberwocky es un poema que su autor se ha guardado bien de mantener en el ser uterino del sufrimiento donde todo gran poeta se ha mojado y donde, acostándose, él huele mal. Hay en Jabberwocky pasajes de fecalidad, pero es la fecalidad de un snob inglés, que riza en él lo obsceno como bucles en tenacillas calientes, como de una suerte de explorador de lo obsceno que se guarda bien de ser obsceno, él, como Baudelaire en su afasia terminal o como Edgar Poe sobre su boca de cloaca la mañana en que fue encontrado muerto de una apoplejía de ácido prúsico o de cianuro de potasio. Jabberwocky es la obra de un flojo que no ha querido sufrir su obra antes de escribirla, y eso se ve. Es la obra de un hombre que comía bien, y eso se siente en su escrito. Me gustan los poemas de los hambrientos, de los enfermos, de los parias, de los envenenados: François Villon, Charles Baudelaire, Edgar Poe, Gérard de Nerval, y los poemas de los supliciados del lenguaje que están en pérdida en sus escritos, y no de aquellos que se afectan perdidos para instalar mejor su conciencia y su ciencia y la pérdida y lo escrito. Los perdidos no lo saben, balan o braman de dolor y de horror. Abandonar el lenguaje y sus leyes para retorcerlos y pelar la carne sexual de la glotis de donde surgen las acritudes seminales del alma y los lamentos del inconsciente está muy bien, pero a condición de que el sexo se sienta como un orgasmo de insurgente, perdido, desnudo, uterino, lastimoso también, inocente, asombrado de que se lo repruebe, y que no aparezca, ese trabajo, como el éxito de una carencia donde el estilo hiede en cada ángulo de sus discordancias los olores a rancio de un espíritu harto, porque el hombre se ha hartado bien, aún cuando su carencia como en Jabberwocky es provocada como un alimento fortificante de más. Me gustan los poemas que hieden a carencia y no las comidas bien preparadas...
.
(Francia, Marsella, 1896 - Ivry-sur-Seine, 1948)
.
(Traducción de Rodolfo Alonso)
.
Nota: "Jabberwocky" es un poema sin sentido escrito por el británico Lewis Carroll, quien lo incluyó en su obra "Alicia a través del espejo", en 1872. Jabberwocky es generalmente considerado como uno de los mejores poemas sin sentido escritos en idioma inglés.

CHARLES BAUDELAIRE

L’Héautontimorouménos
-
À J.G.F.
-
Je te frapperai sans colère
Et sans haine, comme un boucher,
Comme Moïse le rocher!
Et je ferai de ta paupière,
.
Pour abreuver mon Saharah,
Jaillir les eaux de la souffrance.
Mon désir gonflé d’espérance
Sur tes pleurs salés nagera
-
Comme un vaisseau qui prend le large,
Et dans mon coeur qu’ils soûleront
Tes chers sanglots retentiront
Comme un tambour qui bat la charge!
-
Ne suis-je pas un faux accord
Dans la divine symphonie,
Grâce à la vorace Ironie
Qui me secoue et qui me mord?
-
Elle est dans ma voix, la criarde!
C’est tout mon sang ce poison noir!
Je suis le sinistre miroir
Où la mégère se regarde.
-
Je suis la plaie et le couteau!
Je suis le soufflet et la joue!
Je suis les membres et la roue,
Et la victime et le bourreau!
-
Je suis de mon coeur le vampire,
– Un de ces grands abandonnés
Au rire éternel condamnés,
Et qui ne peuvent plus sourire!
-.
.
El Heotontimorumenos
-
Para J.G.F.
-
Yo te golpearé sin cólera
Y sin odio, como un leñador,
¡Como Moisés la roca!
Y haré de tus párpados,
-
Para abrevar mi Sahara,
Brotar las aguas del sufrimiento.
Mi deseo preñado de esperanza
Sobre tus lágrimas saladas flotará
-
Como un navío que zarpa,
Y en mi corazón que embriagarán
¡Tus queridos sollozos resonarán
Como un tambor que bate a la carga!
-
¿No soy yo un falso acorde
En la divina sinfonía,
Gracias a la voraz Ironía
Que me sacude y me muerde?
-
¡Ella está en mi garganta, la grita!
¡Es toda mi sangre, este veneno negro!
¡Yo soy el siniestro espejo
Donde la furia se contempla!
-
¡Yo soy la herida y el cuchillo!
¡Yo soy la bofetada y la mejilla!
¡Yo soy los miembros y la rueda,
Y la víctima y el verdugo!
-
Yo soy de mí corazón el vampiro,
—Uno de esos grandes abandonados
A la risa eterna condenados,
¡Y que no pueden más sonreír!

.
(Charles Baudelaire, Las flores del mal, traducción de Vicente J. Morales)

EMILIO QUINTANA


. EL MAL POETA
.
Tantas tardes leyendo a Baudelaire.

Tanto esfuerzo para ir de maldito.
Las peleas con mi padre,
que nunca comprendió
por qué yo le llamaba
Aupick y no Quintana.
Aquella temporada en que me puse
a buscar una mulata
por amante.
...................Y en Loja.
Fue cuando me di cuenta
de que la castidad no era lo mío.
Aquella novia belga que perdí.
.
Pero soy un Quintana,

un poeta burgués y provinciano.
Un tipo que se aburre
–como todos ustedes–
y en vez de hacer turismo
escribe versos. Alguien
que poco a poco va aceptando
que a nadie le hace falta,
afortunadamente:
............................y menos
a la historia de la literatura.
.
En fin, ya lo están viendo,

una vergüenza.
.
(Emilio Quintana, Las leyes de la herencia, 1992)

CHARLES BAUDELAIRE

XIII

Sentimiento de soledad, desde mi infancia. A pesar de la familia, y entre los camaradas, sobre todo, sentimiento de un destino eternamente solitario.

Sin embargo, gusto muy vivo por la vida y por el placer.


XXXVI

Hay ciertas mujeres que se parecen a la cinta de la Legión de Honor. No se las quiere porque se ensuciaron contra ciertos hombres.
Por la misma razón que yo no me pondría los calzoncillos de un sarnoso.
Lo que el amor tiene de aburrido es el ser un crimen, para el cual se necesita un cómplice.


LXXIV

De niño, sentía en mi corazón dos sentimientos contradictorios: el horror de la vida y el éxtasis de la vida.

( De Mi corazón al desnudo, Barcelona, Círculo de Lectores, 2005. Traducción de Rafael Alberti)

CHARLES BAUDELAIRE

Porque no somos amigos de los himnos..., pero si este blog tuviera alguno sería sin duda éste:

L’ ALBATROS
.
Souvent, pour s’amuser, les hommes d’équipage

Prennent des albatros, vastes oiseaux des mers,
Qui suivent, indolents compagnons de voyage,
Le navire glissant sur les gouffres amers.
.
A peine les ont-ils déposés sur les planches,

Que ces rois de l’azur, maladroits et honteux,
Laissent piteusement leurs grandes ailes blanches
Comme des avirons traîner à côté d’eux.
.
Ce voyageur ailé, comme il est gauche et veule !

Lui, naguère si beau, qu’il est comique et laid !
L’un agace son bec avec un brûle-gueule,
L’autre mime, en boitant, l’infirme qui volait !
.
Le Poète est semblable au prince des nuées

Qui hante la tempête et se rit de l’archer ;
Exilé sur le sol au milieu des huées,
Ses ailes de géant l’empêchent de marcher.
.
Les fleurs du mal, 1957.


.
ALBATROS
.
Por divertirse, a veces cazan los marineros

albatros, altas aves de los cielos marinos,
que siguen, indolentes y fieles compañeros,
a las naves que surcan los amargos caminos.
.
Esos reyes del aire, presos en las cubiertas,

apenas si consiguen caminar, y los vemos
arrastrando sus grandes, blancas alas, abiertas,
tímida y torpemente, como si fueran remos.
.
¡Qué desmañada y débil, alada criatura,

antes bella, y ahora tan ridícula y fea!
El uno, cojeando, remeda su figura;
el otro, con su pipa, el pico le golpea.
.
El poeta, a ese príncipe de las nubes, que habita

libre en la tempestad, del todo es semejante;
exiliado en la tierra, entre el vulgo que grita,
le impiden caminar sus alas de gigante.
.
(Charles Baudelaire, Las flores del mal, 1957. Traducción de Esteban Torre.)

VAMPIROS Y POESÍA (IV). BAUDELAIRE

Son muchos los autores que a lo largo de la historia de la literatura han cogido el vampiro como motivo o símbolo poético ( por ejemplo, Gabriel Rossetti, Allan Poe, Delmira Agustini, Gottfried August Bürger, Heinrich August Ossenfelder, Leopoldo María Panero, cuyo Lamento del vampiro ya publicamos en este blog, etc), pero para terminar este pequeño ciclo nadie mejor que el poeta maldito por excelencia: Charles Baudelaire, y dos clásicos de Las flores del mal:
.
El vampiro
.
Tú que, como una cuchillada;
Entraste en mi dolorido corazón.
Tú que, como un repugnante tropel
De demonios, viniste loca y adornada,
.
Para hacer de mi espíritu humillado
Tu lecho y tu dominio.
¡Infame!, a quien estoy ligado
Como el forzado a su cadena,
.
Como al juego el jugador empedernido,
Como el borracho a la botella,
Como a la carroña los gusanos.
-¡Maldita, maldita seas tú!
.
Supliqué a la rápida espada
Que conquistara mi libertad
Y supliqué al pérfido veneno
Que sacudiera mi ruindad.
.
¡Ay! el veneno y la espada.
Me desdeñaron diciéndome:
.-No eres digno de que se te libere
De tu esclavitud maldita.
.
-¡Imbécil! -Si de su dominio
Te libraron nuestros esfuerzos,
Tus besos resucitarían
El cadáver de tu vampiro.
.
(Versión de María Fasce)
.
La metamorfosis del vampiro
.
La mujer, entre tanto, de su boca de fresa
Retorciéndose como una sierpe entre brasas
Y amasando sus senos sobre el duro corsé,
Decía estas palabras impregnadas de almizcle:
«Son húmedos mis labios y la ciencia conozco
De perder en el fondo de un lecho la conciencia,
Seco todas las lágrimas en mis senos triunfales.
Y hago reír a los viejos con infantiles risas.
Para quien me contempla desvelada y desnuda
Reemplazo al sol, la luna, al cielo y las estrellas.
Yo soy, mi caro sabio, tan docta en los deleites,
Cuando sofoco a un hombre en mis brazos temidos
O cuando a los mordiscos abandono mi busto,
Tímida y libertina y frágil y robusta,
Que en esos cobertores que de emoción se rinden,
Impotentes los ángeles se perdieran por mí.»
.
Cuando hubo succionado de mis huesos la médula
y muy lánguidamente me volvía hacia ella
A fin de devolverle un beso, sólo vi
Rebosante de pus, un odre pegajoso.
Yo cerré los dos ojos con helado terror
y cuando quise abrirlos a aquella claridad,
A mi lado, en lugar del fuerte maniquí
Que parecía haber hecho provisión de mi sangre,
En confusión chocaban pedazos de esqueleto
De los cuales se alzaban chirridos de veleta
O de cartel, al cabo de un vástago de hierro,
Que balancea el viento en las noches de invierno.
.
(Versión de Antonio Martínez Sarrión)