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ALBERTO INFANTE



NO HAY GODOT EN BECKETT

Que seas irlandés, flacucho y desgarbado,
y salgas de un cine junto al Sena,
y sea el invierno del 38,
y te apuñale un vagabundo
que sobrevivas,
y vayas luego hasta la cárcel
y preguntes “¿por qué lo hiciste?”
y él, tranquilo, responda “y yo qué sé”,
algo tendrá que ver me digo
con que en el 52 Estragón y Vladimir,
en medio de la nada
hablen, peroren, disparaten,
se crean necesarios
esperen a quien no vendrá,
Godot nunca vendrá.
¿Cómo va a venir si ya sabe lo que le espera?

(Alberto Infante, Los poemas de Massachussets, Vitruvio, 2010)

SAMUEL BECKETT

EL INNOMBRABLE (Fragmento)
.
.........¿Ahora dónde? ¿Ahora cuándo? ¿Ahora quién? Sin preguntármelo. Decir yo. Sin creerlo. Llamar a esto cuestiones, hipótesis. Avanzar. Llamar a esto andar, llamar a esto adelante... Parece ser un hecho, si en la situación en que me encuentro se puede hablar de hechos, que no sólo voy a tener que hablar de cosas de las que no puedo hablar, sino que también, lo que es además más interesante, que yo, ya no sé más, no importa. Sin embargo, estoy obligado a hablar. No me callaré nunca. Nunca.
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( Samuel Bécquer, L´innombrable, traducción de Klaus Birkenhauer)

SAMUEL BECKETT


CASCANDO
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I
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por qué no simplemente no esperar
a ser ocasión de
un vertedero de palabras
.
¿no es mejor abortar que ser estéril?
.
después de tu partida las horas son tan tristes
siempre empiezan a rastras demasiado pronto
los garfios desgarrando con ceguedad
el lecho de miseria
rescatando los huesos los amores antiguos
cuencas una vez llenas con ojos como tuyos
¿es mejor siempre demasiado pronto que jamás?
negra necesidad salpicando los rostros
diciendo una vez más nunca flotó lo amado
nueve días
ni nueve meses
ni nueve vidas
.
(Samuel Beckett, Dublin Magazine , vol. XI, 1936, versión de Jenaro Talens)

SAMUEL BECKETT


.
EL EXPULSADO (fragmento)
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No era alta la escalinata. Mil veces conté los escalones, subiendo, bajando; hoy, sin embargo, la cifra se ha borrado de la memoria. Nunca he sabido si el uno hay que marcarlo sobre la acera, el dos sobre el primer escalón, y así, o si la acera no debe contar. Al llegar al final de la escalera, me asomaba al mismo dilema. En sentido inverso, quiero decir de arriba abajo, era lo mismo, la palabra resulta débil. No sabía por dónde empezar ni por dónde acabar, digamos las cosas como son. Conseguía pues tres cifras perfectamente distintas, sin saber nunca cuál era la correcta. Y cuando digo que la cifra ya no está presente, en la memoria, quiero decir que ninguna de las tres cifras está presente, en la memoria. Lo cierto es que si encuentro en la memoria, donde seguro debe estar, una de esas cifras, sólo encontraré una, sin posibilidad de deducir, de ella, las otras dos. E incluso si recuperara dos no por eso averiguaría la tercera. No, habría que en contar las tres, en la memoria, para poder conocerlas, todas, las tres. Mortal, los recuerdos. Por eso no hay que pensar en ciertas cosas, cosas que te habitan por dentro, o no, mejor sí, hay que pensar en ellas porque si no pensamos en ellas, corremos el riesgo de encontrarlas, una a una, en la memoria. Es decir, hay que pensar durante un momento, un buen rato, todos los días y varias veces al día, hasta que el fango las recubra, con una costra infranqueable. Es un orden.
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(Samuel Beckett, El Expulsado, Tusquets Ed., Barcelona, 1970. Traducción de Álvaro del Amo)