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VICENTE MUÑOZ ÁLVAREZ

 


VIRUS 

como un virus
como la peste
como una epidemia

me contagian
los clientes
su miedo

avanzo en la ruta
se suceden las tiendas
las ciudades los pueblos

y en todas partes
pasa igual

la decadencia
la frustración
la rabia el tedio

como una plaga
como la metástasis
como una enfermedad

siento la crisis
huelo el incendio

mientras me repito

que nada me turbe
que nada me turbe

que nada
me turbe

(Vicente Muñoz Álvarez, Animales perdidos, Baile del Sol, 2012)

VICENTE MUÑOZ ÁLVAREZ

 


EL DESCRÉDITO 

     Si existe un novelista, por encima de cualquier otro, que
haya marcado a los escritores de mi generación y se merezca hoy
en día por méritos propios un homenaje, ese es Louis-Ferdinand
Céline, autor, entre otras, de dos de las novelas más importantes
del pasado siglo, Viaje al fin de la noche y Muerte a crédito, maldi-
to entre los malditos, estigmatizado por sus panfletos antisemitas y
su colaboracionismo con el régimen de Vichy durante la segunda
Guerra Mundial, vilipendiado, ninguneado y odiado, pero también
idolatrado, admirado e imitado hasta la saciedad. un homenaje que
incluso en su país natal, francia, le ha sido denegado por motivos de
oportunismo político, y que hoy, en España, aquí y ahora, en plena
debacle económica y social (y en un contexto muy semejante al que
él denunció en su día), un grupo de narradores nos hemos decidido 
a brindarle. 
    Porque creemos, en primer lugar (y en eso coincidimos
prácticamente todos), que su obra lo merece, por encima de cual-
quier consideración biográfica, histórica o política. porque para no-
sotros es un indiscutible referente y maestro, quizás el más grande de
todos, y desde nuestra posición de escritores nos sentimos obligados
a hacerle justicia. porque, hoy más que nunca, desencantados de la
política y el sistema imperante, el mensaje anarquista de sus novelas
sigue más vigente que ayer. porque no queremos seguir siendo cóm-
plices de su linchamiento y de tanta hipocresía. porque sus palabras
nos agujerean el corazón y enseñan gigantescas verdades, gusten o
no, duelan o no, escandalicen o no, hieran a quien hieran. porque
de su nihilismo aprendemos, gracias a él somos individuos pensan-
tes, no marionetas, y debido a él nos liberamos de velos y ataduras
y contemplamos objetivamente el mundo. porque si hubiera que
juzgar (como se le ha juzgado a él y a su obra) la literatura y el arte
por la catadura moral de sus artífices, las bibliotecas y museos se 
vaciarían… 
    Por todo ello y mucho más, esta antología, nuestro sentido
homenaje. 
    «Ya de puestos, hasta cuello», afirmaba a menudo Ferdi-
nand, y hasta el cuello nos hemos metido en su obra y hasta el fondo
hemos querido llegar. sin complejos ni prejuicios, sin filtros morales
ni consideraciones éticas, por el mero hecho de admirar su prosa y
reconocer su maestría, por el puro placer de hacerle (nuestra) justicia. 
    Cuando uno lee Viaje al fin de la noche o Muerte a crédi-
to o Norte o Rigodón, tiene que ser objetivo, lo primero. tiene que
reconocer, por encima incluso de la historia, que lo que el viejo y
resentido Céline afirmaba categóricamente desde su derrota: «soy
el escritor más grande de este siglo», tiene en parte su fundamento.
Es una fanfarronada celiniana, indudablemente, pero, en cualquier
caso, una indiscutible verdad. Lo que él hizo con el lenguaje, con las
palabras, lo que descubrió al fondo de nuestras atormentadas men-
tes, lo que intentó plasmar, lo que gritó, lo que cantó, fue la gesta de
nuestra desolación, el espectáculo dantesco de nuestro destino. Algo
que, al fin y al cabo, a todos nos da miedo: como ver nuestro cadáver
pudriéndose y contemplar atónitos nuestros gusanos. 
    Maurice Bardeche, en su biografía sobre LFC, afirma: «hay
algo que siempre resultará ingrato, que siempre espantará a los espí-
ritus timoratos, y es la no esperanza de Céline, el precipicio que nos
fuerza a contemplar, el abismo que no deja otro futuro salvo el caos.
Céline lo había dicho en una ocasión en una de sus entrevistas: no se
permite dudar de los hombres, y esa es una blasfemia para la que no
hay absolución.»” 
    Nuestro miedo, nuestra misantropía, nuestro espanto… Si
la literatura refleja (directa o indirectamente) nuestra experiencia,
¿cómo no va a reflejar nuestra desgracia? 
    Ese fue Céline, y ese, asimismo, su genio y maestría, su omi-
noso e iluminado talento: cantarle al horror y desnudar por dentro
nuestra mentira. 
    Su primera novela, Viaje al fin de la noche, abre la puerta al
carnaval: ahí está Bardumu, su alter ego, denunciando el sistema de
ser hombre, el mero hecho de estar vivo. La farsa de la colonización,
de la guerra, de la política, de la medicina, del orgullo, de la digni-
dad… Primer aviso. 
    Luego, Muerte a crédito. Aquí lo grotesco se erige ya sobre lo
ideológico o lo racional, se olvidan los contextos, las excusas, para ir
directamente al grano: nuestra infancia, los primeros pasos, el prin-
cipio del fin, el aprendizaje de la miseria y la muerte, el despertar…
Céline ya no es Bardamu, ahora es él mismo, Ferdinand, y lo será ya
en el resto de sus novelas. Ya no hay más lepras que ocultar. perdida
la esperanza, sólo queda ya el resentimiento. Comienza la función,
el espectáculo. La humanidad al completo es una mentira, una farsa,
una invocación de muerte. Y es precisamente esta revelación, la total
sinrazón, la absoluta desesperanza, la que le lleva a la exaltación final
y la que justifica, al menos de algún modo, su desafortunado error 
político. 
    Y entonces llega el odio, el aullido de la fiera herida, aco-
rralada, perseguida y demonizada: Fantasía para otra ocasión, De un
castillo a otro, Norte, Rigodón, etc. 
    Céline fue sin duda el perdedor del juego y él mismo se
regocijó en su derrota, se la sirvió en bandeja a la posteridad. 
    Aunque no pretendemos disculparle, exactamente. Lo que
más bien intentamos es mostrar cómo la experiencia influye a veces
de manera trágica y extraña en la literatura, cómo en ocasiones el
dolor engendra monstruos, para poder desglosar con tino de su obra
su inigualable estilo, su lenguaje emotivo grandioso, de los hechos
dramáticos que lo originaron. 
    ¿Fue Céline un escritor en esencia fascista o le llevó su des-
engaño a serlo? ¿fue realmente el más grande o fraguó deliberada-
mente su imagen desde su escritura? ¿fueron, en suma, sus panfle-
tos antisemitas fruto de su desencanto, o más bien el reflejo de un
sentimiento, «la tentativa de un sendero» (parafraseando a Herman 
Hesse)? 
    Sea cual fuere la respuesta, creo que lo más oportuno, por
encima de cualquier prejuicio e ideología, de cualquier sentencia
apresurada, es leer inteligentemente sus novelas, con la venia de los 
timoratos. 
    Y eso es lo que hemos hecho exactamente en esta antología,
Julio César Álvarez y yo como antólogos, y otros veintiséis autores 
españoles contemporáneos, algunos más y otros menos conocidos,
antes de escribir sobre el tema: leer imparcial y desprejuiciadamente
a Céline, primero, para poder hablar con fundamento de su legado
y obra después. Algo que muchos de sus verdugos y detractores, me
temo, no se han ni si quiera dignado a hacer, al menos con la debida
objetividad de espíritu. 
    Este es, pues, nuestro homenaje y tributo, Maestro, para ti
nuestra ofrenda. 


                                      VICENTE MUÑOZ ÁLVAREZ 


(VV.AA. El descrédito. Viajes narrativos en torno a Louis-Ferdinand Céline, Ediciones Lupercalia, 2013)
    

VICENTE MUÑOZ ÁLVAREZ

 


ALGO PASA 

por qué todo 
me cansa tanto

por qué me decepciona tanto
por qué espero de la vida tanto
por qué me auto cuestiono tanto
por qué el mundo me enerva tanto

y sobre todo 

por qué veo yo negro
cuando los otros
ven blanco

toca repasar
la lección







YO, FÉNIX

no me reconozco
me busco me pierdo
me quemo a diario
me alejo de mí

de mis cenizas

como fénix 
hambrientos

huyen
los cuervos


(Vicente Muñoz Álvarez, Haga lo que haga en la tierra, Canalla Ediciones, 2020)

VICENTE MUÑOZ ÁLVAREZ





EL TIEMPO DE LOS ASESINOS


llega un punto

en nuestras vidas

en que las circunstancias
nos fuerzan
definitivamente
a rebelarnos

a posicionarnos

a no ser cómplices
a jugar fuerte
a gritar claro

cuando
la mentira
la farsa del sistema
es ya evidente

los poemas

en lugar
de en 
trincheras

deberían
convertirse
en bombas




(Vicente Muñoz Álvarez, Gas: Antología poética personal 1999-2016, Lupercalia, 2016)

VICENTE MUÑOZ ÁLVAREZ




PALIMPSESTO

 arden los corazones
 cambian las metas
 las direcciones
 las pérdidas
 lo que pudo
 haber sido
 y no fue

 el gesto

 sin embargo

 permanece



(Vicente Muñoz Álvarez, Gas, Ediciones Lupercalia, 2016)

VICENTE MUÑOZ ÁLVAREZ



GRISTEZA


por los días grises
por las nubes bajas
por el cielo triste
por la lluvia amarga

como una asfixia
como una angustia
como una amenaza

lo irreparable
se desborda

gota

a

gota

dentro
de mí



(Vicente Muñoz Álvarez, Días de ruta, Ediciones Lupercalia, 2014)

VICENTE MUÑOZ ÁLVAREZ



INSURRECCIÓN


son estos 

en parte 

los días que dan 
sentido a todo 

soledad tedio 
angustia desolación 

frente al folio 
en blanco 

vacío 

sentirse acompañado 
en este viaje 

contra babilonia 

sin armas 

nuestra insurrección




(Poema extraído de su blog Mi vida en la penumbra)

VICENTE MUÑOZ ÁLVAREZ



ULTRAMARINE

en los días
oscuros

en las tormentas
y las derivas

en las resacas
y las tempestades

en los naufragios
y los hundimientos

agarra
fuerte 
el poema

será
tu salvaguarda
y guía



(Vicente Muñoz Álvarez, Animales perdidos, Baile del Sol, 2012)

VICENTE MUÑOZ ÁLVAREZ



OLVIDAR LAS OSCURAS GOLONDRINAS


 Ser poeta en la calle
en el metro
en el supermercado

olvidar las oscuras golondrinas

llamar a las cosas por su nombre
y dirigirse al pueblo

impedir que la poesía
se convierta en algo inútil

cargarla de pólvora
y apuntar certero al blanco

evitar que te alcance
la explosión.


(Vicente Muñoz Álvarez, Canciones de la gran deriva, Editorial Origami, 2012)

VICENTE MUÑOZ ÁLVAREZ



INDICIOS


mirar hacia dentro 
y describir el caos interior

el desasosiego la impaciencia 
la inconstancia la lucha

para mostrar al exterior
algún indicio

 el cielo y el infierno 
la duda y la ensoñación

aunque no te lleve a nada
aunque no consigas nada

 solamente
ser tú mismo




(Poema extraído de su blog Mi vida en la penumbra)

VICENTE MUÑOZ ÁLVAREZ

CULT MOVIES
Películas para llevarse al infierno


BOHEMIA PERDIDA
Pedro de Liza (1966)


Uno de los documentos más desoladores que he visto en toda mi vida y un testimonio impagable sobre la malograda bohemia española de los años veinte en Madrid.

Pedro de Liza, el director, se suicidó en 1973 sin haber visto estrenada en ningún medio su única e inclasificable película, quedando la cinta durante mucho tiempo olvidada.

Su documental se centra en la figura de Ismael Tejada (con el que Liza había coincidido en la cárcel tras la Guerra Civil), poeta inédito y maldito donde los haya, que a principios del pasado siglo merodeó por las tertulias literarias y cafés de Madrid intentando hacer valer sus escritos. Aunque de soslayo se aborda también la vida de otros bohemios contemporáneos, como Alfonso Vidal y Planas, Eliodoro Puche, Armando Buscarini o Pedro Luis de Gálvez, todos ellos caídos igualmente en desgracia.

 Hambre, humillación y rechazo, locura, alcoholismo y frío, penuria,  enfermedad y muerte, todo ello en clave surrealista y poética, es lo que Bohemia perdida nos muestra sin edulcorantes y con lo que consigue helarnos la sangre en las venas (sobre todo, lógicamente, a los poetas).


(Vicente Muñoz Álvarez, Cult movies, eutelequia, 2011)

VICENTE MUÑOZ ÁLVAREZ


EL VIDENTE


   Caminaba por el bosque sumido en pensamientos no muy gratos. El viento helado anunciaba la llegada del otoño y en las cumbres los árboles comenzaban ya a cubrirse de rojo. La tarde declinaba velozmente, teñida por las brumas del ocaso, y se desperezaban con gemidos lúgubres las criaturas nocturnas del bosque.

Cerca de la senda un grupo de sabinas tapizaba la falda de un risco escarpado, erigiendo sus copas fantasmales hacia el cielo carmesí. De su enhiesta silueta se elevaban sombras vacilates animadas por un aliento malsano. Y fue entonces cuando, enervado por una indescriptible pesadez, contemplé apostado en el camino los arcanos de los druidas.

Sobre un pilar de piedra yacía maniatada una joven virgen cuyos lamentos se fundían en el ritmo de varios tambores. Junto a ella, el Sumo inhalaba un vapor cetrino mientras los acólitos danzaban a su alrededor. LLegado pronto al éxtasis, arrancó un puñado de muérdago y dibujó con él un círculo sobre la joven. Después, empuñando su cuchillo, elevó su rostro al cielo y, susurrando en trance algunas preces, hundió la hoja en su seno. Pronto estuvo desollada y su vísceras se repartieron entre los cofrades. El corazón quedó reservado al Sumo, que tras exprimir su néctar lo engulló sin masticar. Luego cesó el febril tan tan y aquella visión volvió a fundirse entre las sombras del infame sabinar.

Era el momento en que el ocaso comenzaba a extinguirse y yo recuperaba paulatinamente el movimiento.


(Vicente Muñoz Álvarez,  Marginales, Eje Producciones, 2008.  Blog Mi vida en la penunbra).

VICENTE MUÑOZ ÁLVAREZ


MALDITOS


durante el paseo por el bosque esta mañana 

pensé que ninguno de los escritores de mi entorno (y conozco a cientos) vive realmente de la literatura, su literatura no se remunera, no se reconoce, apenas se reseña, algunos tienen trabajos que les desconcentran y alienan, otros ni siquiera eso, se dejan la sangre y las vísceras en el papel y a veces, si hay suerte, les publican libros (que apenas se distribuyen y nadie logra encontrar), pero casi nunca cobran por ello derechos de autor, un simple comentario les tumba o anima, son los mejores cerebros de mi generación y están perdidos, frustrados, rotos, aunque casi nada logra hundirles, vuelcan en sus textos sus esperanzas y miedos y eso les suele salvar, se caen y se levantan cientos de veces, reciben golpes bajos, sudan tinta a chorros, se reúnen, se asocian y montan revistas, organizan sus propias lecturas, encajan mil negativas, les engañan, les ningunean, les traicionan, madrugan o trasnochan para escribir y corrigen y destruyen continuamente sus libros, aguantan suspicacias y recelos, se queman y renacen a diario de sus propias cenizas, no tienen casa propia ni planes de jubilación, les fagocita el sistema, escuchan resignados el dedícate a otra cosa, se refugian en trincheras, malviven y envejecen en pisos de alquiler, frecuentemente les abandonan sus parejas, padecen insomnio, dudan, naufragan, se ahogan, les miran mal los cuerdos, no les entienden los locos, sus coches, si los tienen, son chatarra pura, imposible pagar el seguro y llegar a fin de mes... reman contracorriente, luchan contra todo, pelean siempre a la contra... y aún así conservan la dignidad ¿son o no escritores malditos? 

(Texto extraído de su blog MI VIDA EN LA PENUMBRA)

RAÚL NÚÑEZ SEGÚN VICENTE MUÑOZ ÁLVAREZ

Vicente Muñoz Álvarez


¿Qué significa Raúl Núñez para ti?
Un autor al que venero con especial devoción, el heredero hispano de la Beat Generation y el pionero del realismo sucio en nuestro país.
Le descubrí con poco más de veinte años, vía People, y desde entonces le he tenido presente siempre.
El suplemento Poemash, incluído en el número 10 del fanzine Vinalia Trippers, está íntegramente dedicado a él.
Ha sido nuestra aportación y granito de arena a su causa y un homenaje que le debíamos hace tiempo.

¿Ha ejercido Raúl Núñez alguna influencia en la literatura actual?
Poco a poco, con la recuperación y reedición de su obra, las nuevas generaciones de escritores van conociendo su legado y tomando nota de él, como referente patrio de un estilo de vida y poesía y como punto de conexión con los beat norteamericanos.
La editorial Baile del sol ha reunido toda su obra poética recientemente en un volumen titulado Marihuana para los pájaros, que espero ayude a difundir más y mejor su obra.
Y en el citado suplemento Poemash, 12 autores españoles contemporáneos escribimos un poema inédito dedicado a él.
Esa, creo, es la prueba fehaciente de su influencia de su obra en la nuestra.

¿Por qué hay que recordar a Raúl Núñez?
Por libros como People, Derrama whiski sobre tu amigo muerto, Sinatra o Cannabis Flan, desde mi punto de vista ya clásicos e imprescindilbes, y por la humanidad, ternura y desolación que emana de ellos.

VICENTE MUÑOZ ÁLVAREZ

LÍMITES
.
A un lado
estoy yo
.
y en la distancia

.
al otro lado

.
el mundo.

.
Y en

el centro
.
invisible

intangible
infranqueable
.
la misma

frontera.
.
(Vicente Muñoz Álvarez, Privado, Baile del sol, 2005)

VELPISTER & VICENTE MUÑOZ ÁLVAREZ

(Vicente Muñoz Álvarez)
.
MUSICOPLASTIDRAMA: "DÍAS DE RUTA"
.
(UN POEMA DE VICENTE MUÑOZ ÁLVAREZ CON CUADROS Y MÚSICA DE VELPISTER)

.

.
DÍAS DE RUTA
.
de nuevo
en la carretera
.
disfrazado
de hombre cuerdo
.
con las maletas
de calzado a cuestas
.
fragmentado
extraño ajeno
.
perdido
en la tierra
.
reencarnado
en otro yo
.
(Extraído del blog de Vicente Muñoz Álvarez Mi vida en la penumbra)

VICENTE MUÑOZ ÁLVAREZ


HEMORRAGIA DE AMOR
.
santo Raúl
que estás en los cielos
.
tú nos enseñaste a amar
nos mostraste el camino.
.
cada verso una rosa
cada palabra una visión
una iluminación un guiño.
.
tom rat cat
cabeza de huevo
picaporte dream
hemorragia de amor
cuando muera allen ginsberg
.
navegamos contigo
sin salvavidas
& aprendimos
bien la lección
..
aunque naufraguemos
aunque nos perdamos
aunque nada tengamos
.
ahí seguirá
el Poema
.
sobreviviendo al desastre
.
sobreviviendo a todo.

& nada
ni nadie
.
nunca

nos lo podrá robar.

VICENTE MUÑOZ ÁLVAREZ


UNA VIDA MODELO
.
Qué vacío descubre uno en sí mismo/ cuando uno mismo busca su yo interno./ Qué ser desagradable se contempla/ cuando su propio ser uno examina.
....................José María Fonollosa.
.
Se despertó cansado y con dolor de cabeza. Con dolor de brazos. Con una insoportable pesadez de espalda.
Eran las siete y diez de la mañana. Igual que todas las mañanas.
Hacía años que no necesitaba ya el despertador. Su reloj interno le marcaba siempre la hora, mecánica, rutinariamente, incluso los días en los que no tenía que ir a trabajar.
Buscó a tientas las zapatillas por la alfombra, para no despertar a su mujer, y salió sin hacer ruido de la habitación.
Mientras se duchaba, enjabonándose lentamente y recibiendo el agua tibia en la cara, pensó de nuevo en lo mismo.
La cosa, ciertamente, estaba llegando a un punto extremo. Tenía cuarentaiséis años, una mujer y dos hijas que alimentar, y no podía soportar más su trabajo.
Se sentía desmotivado y atrapado por la cadena voraz del consumo, por el sistema falso que, como a tantos otros, le quisieron vender: sé productivo, sé responsable, cásate, cómprate un piso, aparenta ser buen padre, buen marido, endéudate, vive por encima de tus posibilidades, de tus necesidades, créatelas, hazte esclavo de ellas, aguanta, revienta, envejece, muérete...
Llevaba casi veinte años trabajando en la misma fábrica, hipotecándose en ella, desgastándose por dentro y por fuera, y se sentía sin fuerzas para continuar haciendo lo mismo.
Había tocado fondo.
.
Mientras se afeitaba, con la toalla enrollada en la cintura, contempló su rostro en el espejo: las bolsas hinchadas de los ojos, las arrugas en la frente, las manchas parduzcas en su piel. Sin duda alguna, aparentaba más edad de la que realmente tenía.
Desayunó un café y unas galletas, se tomó una aspirina, se vistió en la habitación procurando no hacer ruido y salió de casa.
De camino a la fábrica, siguiendo el recorrido de todos los días, volvió a pensar en lo mismo. Nunca le había resultado divertido el trabajo, pero hasta ese momento había podido siempre con él. Lo consideraba un mal menor, un medio para costearse una forma de vida. Sin embargo, desde hacía algún tiempo, todo había ido cambiando en su cabeza. El trabajo le resultaba, más que nunca, insoportable e inútil, su autoestima se había derrumbado y sentía un desinterés creciente por la mayoría de las cosas que le rodeaban. Como si todo, de la noche a la mañana, careciera por completo de sentido, sus valores, sus esquemas, sus proyectos y su maquinal forma de vida.
Quizá tenga que ser así, pensó, quizá no deba preocuparme, darle vueltas, quizá sea simplemente que me estoy haciendo viejo...
Se detuvo, como cada mañana, en la Churrería del Sur, un pequeño quiosco entre las moles de hormigón, y le sirvieron en la barra su copa de orujo acostumbrada.
Bebió un sorbo y hojeó por encima el periódico: crímenes, guerras, pobreza, descensos en la Bolsa, corrupción política, programas de televisión... Le pareció el mismo guión de siempre, las mismas noticias repetidas una y otra vez, el mismo montaje, la misma dinámica, la misma información: una realidad plagiándose absurda y despiadadamente días tras día.
Bebió otro trago apoyado en la barra y miró a su alrededor. También aquellas, las de sus compañeros, le parecieron de algún modo las mismas caras, las mismas facciones veladas por el mismo cansancio, por la misma náusea, por el mismo miedo. Todos tenían semejantes problemas, semejante trabajo, semejantes familias, veían los mismos programas de televisión y conversaban invariablemente de las mismas cosas. Todos, de una forma u otra, tenían marcado en sus rostros el sello apático de la resignación.
Apuró la copa de orujo y siguió andando por la avenida. La mañana estaba encapotada y ventosa, desapacible, y todo el mundo se dirigía apresuradamente al trabajo, cientos de personas circulando como autómatas por las calles, dispuestas a desempeñar su tedioso papel en el engranaje forzado de la sociedad.
En el fondo - se dijo - les debe pasar a todos lo mismo. Tarde o temprano tienen que pensar que nada tiene sentido, que nada merece realmente la pena... Pero que hay que seguir aguantando...Cuando llegó a la fábrica, una enorme nave de facturación de piel, se dirigió al vestuario y, como todas las mañanas, se cambió en su taquilla de ropa: un mono de color gris, gafas y guantes protectores y un calzado ancho y holgado.
Entró en la nave, saludó a sus compañeros de turno y conectó su máquina de barbear y cortar piel.
Mientras daba forma al cuero, manejando cuidadosamente las cuchillas, pensó en lo que estaría haciendo entonces su mujer. Habría desayunado ya y estaría vistiéndose para ir al trabajo, otra fábrica semejante a la suya donde, igual que él, había desperdiciado toda su juventud. Imaginó su cuerpo envejecido y cansado enfundándose en la ropa, sus piernas blancas e hinchadas, salpicadas de venillas rojas, deslizándose en las medias, su melena recogida en una insulsa coleta, su cara ojerosa apresuradamente maquillada. La imaginó despertando a las niñas y despidiéndose casi al instante de ellas, bajando a la calle y corriendo bajo el cielo asfixiante y gris de la mañana. Y le pareció, de nuevo, que las cosas no tendrían por qué ser de ese modo.
.
Entonces, súbitamente, como si despertara al fin de un sueño, decidió hacer lo que había estado planeando casi a diario desde hacía varios meses.
Acercó su brazo a una de las cuchillas, lo situó por encima de la protección del guante de malla, ya a pocos centímetros del codo, y lo introdujo sin pensárselo en la cortadora.
No sintió apenas dolor. Sólo un intenso fuego.
Vio su mano en el suelo, moviendo convulsivamente los dedos en el interior del guante, y su brazo seccionado que comenzaba a sangrar: pequeñas flores brillantes, al principio, que progresivamente fueron aumentando de tamaño hasta teñir su vista de rojo.
Cayó de bruces, golpeándose contra el piso en la frente, y pese a todo, en lo profundo, se sintió en parte aliviado. Inútil al fin para la sociedad.
.
Antes de gritar, imaginó unas largas y bien merecidas vacaciones.
.
(Extraído del blog Las afinidades narrativas)

VICENTE MUÑOZ ÁLVAREZ


LOS PASOS

.........Quien quisiera hacer un catálogo de monstruos no tendría más que fotografiar con palabras esas cosas que la noche trae a las almas somnolientas que no consiguen dormir. Planean como murciélagos sobre la pasividad del alma, o vampiros que chupasen la sangre de la sumisión.
...... ...................................................
Fernando Pessoa
.
Se oyen pasos.
Arriba se oyen pasos. En el sótano, en la galería, en el desván, en toda la casa se oyen pasos: un ligero arrastrar de pies, deslizarse a lo largo de los tabiques, en las paredes, bajo la tarima y en los techos. Pasos de animales, de obsesiones, de merodeadores o insectos, pero pasos: inequívocos e irregulares pasos en el interior de la casa. No lo parecen, a veces, como un susurro o un silbido en los tabiques, algo acuoso, una corriente de aire o el agua en la tubería, quizás, porque las casas viejas, los caserones de pueblo están llenos de extraños ruidos, inmemoriales vigas que crujen, que crepitan, ratas en el sótano y en el desván, polillas, arañas e infatigables termitas. Es el pulso, la respiración, la vida interior de la casa, compuesta por cientos de diminutas criaturas, pequeños e inquietos corazones latiendo al compás del reloj de pared que monótono, obsesivo, desgrana en el salón las horas. Pero a veces, en ocasiones, ciertas noches se despierta uno súbitamente y escucha sobrecogido esos nítidos pasos que resuenan por encima del tic tac del reloj de pared y que en nada se parecen a la habitual pulsión de la casa, pasos en las paredes, de abajo a arriba y de arriba a abajo, sobre el techo, irregulares pasos que parecen avanzar hacia ti, acercarse pausadamente a ti, y que se detienen sobre tu cabeza, justo encima, o en el tabique que roza la cama, a escasos centímetros de tu cuerpo, para escuchar tu respiración jadeante y nerviosa, entrecortada, y el acelerado fluir de la sangre en tus venas... O se acompañan, los pasos, de otros ruidos, cuerpos que se deslizan, que se arrastran, que reptan, y arañazos estridentes en la pared... Ratas corriendo, tal vez, o polillas que incuban en la oscuridad sus huevos... Cualquier cosa puede ser en estos caserones de pueblo, con cámaras de aire vacías, aislantes, entre los tabiques interiores y los gruesos muros de adobe que delimitan el exterior. Cualquier cosa: gatas maullando como bebés sobre el tejado o murciélagos batiendo sus alas membranosas en la cuadra. Pero uno tiende siempre a pensar lo peor cuando en las noches de insomnio escucha esos pasos, ratas, merodeadores o insectos acechando tras los tabiques, esperando no se sabe qué ni por qué... Tiende uno siempre a pensar lo peor porque el insomnio es así, dado a fantasmagorías, creador infatigable de monstruos... Ratas corriendo, quizás, o cualquier otra cosa.... niños encerrados, emparedados, llorando... manos amputadas que se abren camino... Delirios nocturnos, por supuesto, divagaciones de una mente agotada, necesitada de descanso y sueño, porque a decir verdad no pueden ser más que ratones, los causantes, ratas o ratones y sus crías, probablemente cientos, que se deslizan y arrastran por esas cámaras de aire a las que no existe acceso. Habría que derribar alguna pared interior para cerciorarnos de lo que allí pueda haber. Claro que entonces habría que estar preparados, habría que tener calculado y previsto de qué manera proceder, cómo enfrentarse a ellas, las ratas, si es que en el mejor de los casos son realmente ratas lo que se agita tras la pared. Podríamos utilizar entonces gatos, cepos, venenos durante unos días, limpiar las cámaras en cuestión y volver a levantar luego el tabique... Podríamos entonces serenarnos, podríamos dormir al fin tranquilos... Sólo que a veces, por las noches, no parecen de ratones ni ratas, esos pasos, sino de algo más grande y pesado, pasos humanos, diría yo, si no fuera porque sé que nadie puede entrar ahí, ni por el tejado ni por el sótano ni por el desván se puede acceder a esas cámaras, de unos treinta centímetros de anchura, cuya única finalidad es proteger el interior del frío... Cámaras vacías, inhabitables, selladas... Sólo pueden ser por tanto insectos o en todo caso ratas, las causantes, y sin embargo a veces esos pasos parecen humanos, pasos de alguien aprisionado, comprimido, que se arrastra lentamente y se dirige vacilante hacia nuestra habitación, recorre ominosamente la casa hacia nuestro dormitorio y allí se detiene, junto a nuestra cama, al otro lado, y nos escucha y araña insistentemente la pared... Parecen pasos humanos y sin embargo nadie puede entrar ahí, nadie puede sobrevivir ahí encerrado por más que yo me empeñe en razonar lo contrario... Es la inteligencia, la coordinación, la dirección de esos pasos lo que en realidad me inquieta: por qué hacia nuestra habitación, por qué siempre de noche, por qué invariablemente ese destino... Las ratas, creo, no se comportan así. Aunque a decir verdad, tampoco los merodeadores se comportan así... Nadie se comporta así, pero yo sigo escuchando esos pasos... Por la noche, cuando mi mujer duerme, se dirigen lentamente hacia nuestro dormitorio y allí se detienen, alguien o algo nos controla, acecha, nos vigila desde el otro lado y no sé para qué ni por qué... Claro que eso a ella no se lo puedo decir, esta vez no, porque entonces sobrevendría de nuevo el terror, nos dominaría seguramente el pánico y tendríamos que cambiar de vivienda otra vez... Una vez más tendríamos que mudarnos de casa y seguramente en la próxima nos pasara lo mismo, empezaríamos cualquier día a escuchar ruidos, pasos tal vez, y poco a poco todo se poblaría de sombras, se tornaría siniestro, extraño, hostil... Quizás los ruidos, los merodeadores, los pasos estén dentro de mí, en lo profundo, al interior, y sea yo el que al fin y al cabo se los haga escuchar a ella, pasos y ruidos que no existen y que sólo nosotros dos escuchamos... Quizá esta vez sean sólo ratas, las causantes, y pura y simple sugestión, sobreexcitación, cansancio, fatiga... Sólo eso. Así que no debemos precipitarnos, tampoco, mejor considerar esos ruidos simples ruidos y esos pasos simples pasos, ratas corriendo tal vez, en lugar de sacar de quicio las cosas y forzar de nuevo otro traslado...
No puede uno cambiar de vivienda sólo por eso y pese a todo nosotros lo hemos hecho ya, hemos cambiado de casa por escuchar susurros, pasos, ruidos, y por sentirnos dentro asfixiados, descorazonados, vacíos... Pero no siempre se puede seguir así, no siempre se puede cambiar de vivienda, mudarse sólo por escuchar ruidos, a algún sitio alguna vez hay que llegar... Mejor quedarse, no decir nada, no hablar del tema y esperar. Porque no obstante es pese a todo muy probable que sean solamente ratas, las culpables, y abriendo algún tabique, el de nuestra habitación tal vez, podamos terminar con ellas, eliminarlas, zanjar el asunto, y podamos asimismo serenarnos, relajarnos y dormir al fin tranquilos...
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(Vicente Muñoz Álvarez, El Merodeador, Tenerife, Baile del Sol, 2007)

VICENTE MUÑOZ ÁLVAREZ


DESPUÉS DE TANTOS AÑOS

Les vi después de tantos años
hablando de incesto y fin de raza
con ojos cansados de niños
que no quieren dormir
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Leopoldo Michi y Juan Luis
Castrillo de las Piedras
y el presentimiento ya inequívoco
de la locura

que había en aquella casa
como un aura de ensueño
mientras ellos fumaban y bebían
conjurando a sus fantasmas
y entonando obscenos
mantras de inquietud
.
y allí estaban los tres
que presagiaban la demencia
de un futuro que al llegar aún fue peor
.
y yo les miraba o admiraba
y comprendía de sus lágrimas
que jugar a ser maldito
es tan hermoso y arriesgado
porque nadie hay capaz
de confundir al tiempo
sin curtirse luego en el olvido
.
y réquiem por los santos.
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( Vicente Muñoz Álvarez, Parnaso en llamas, ed. Baile del Sol, 2006)