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ROGER WOLFE


EL CENTRO DE TUS DÍAS

Realmente no sabes
cómo ocurren estas cosas.
Simplemente llegan
y te destruyen la vida.
Pensar
no ayuda.
No pensar tampoco sirve para nada.
La cosa está ahí,
royendo el centro de tus días
como una bestia sin misericordia.
No puedes moverte hacia delante.
No puedes moverte hacia atrás.
Estás atascado
entre un pozo sin fondo la pared.
Sin la mujer con la que estar
ni la mujer con la que quieres estar.
El reloj sigue avanzando.
El tiempo es una bomba 
que no acaba de estallar.


(Roger Wolfe, El amor y media vuelta, La Galla Ciencia Ediciones, 2014)

ROGER WOLFE




He reducido la medicación antidepresiva. 
Tengo pensado eliminarla por completo. 
Y por qué —se me dirá—, si te estaba 
sirviendo de muleta. 
Ésa es justamente la cuestión. 
El dolor. 
Se me estaba olvidando el dolor. 



Para desarrollar su teoría de la relatividad, 
Einstein se limitó a pensar en el universo. 
Eso es lo único que de verdad es necesario 
hacer. Sentarse y pensar. 
Y pensar. 
Y pensar. 
Y pensar. 
El mundo entero se estrella, hecho pedazos, a 
tu alrededor. 



(Roger Wolfe, Vela en este entierro, Ediciones del 4 de agosto, 2006)

ROGER WOLFE

PARPADEO
.
Pedro Salinas
dice en un poema
que no quiere dejar de sentir
el dolor de la ausencia
de la mujer a la que ama
porque eso es lo único
que le queda de ella:
el dolor.
No recuerdo sus palabras exactas.
Él lo dice mejor que yo.
Eran otros tiempos.
Salinas está muerto.
La mujer a la que amaba también.
Pronto lo estaremos todos.
La vida es un mero parpadeo.
Abre los ojos
y ciérralos.
.
(Roger Wolfe, Noches de blanco papel, Poesía completa [1986-2001], Huacanamo, Barcelona, 2008)

ROGER WOLFE


LA CONDICIÓN HUMANA

La vida nos tiene
tan ocupados
con sus absurdas menudencias
(cómo comer mañana, por ejemplo)
que nunca recordamos
lo que verdaderamente es importante.
Y ahora que lo pienso
no consigo recordar
lo que me ha impulsado a sentarme
a escribir este poema.
Aunque seguramente carecía
por completo
de importancia.

[Roger Wolfe, Noches de blanco papel (Poesía completa 1986-2001), ed. Huacánamo, 2008]

ROGER WOLFE

LAS CORRESPONDENCIAS

¿Qué hubiera dicho Baudelaire
de esas ventanas encendidas,
el silencio de esta noche
de primavera madrileña,
los faroles amarillos
entre los árboles del parque en calma
este domingo que se ha ido
para no volver?

Qué pena no tener a nuestro lado
a nuestros muertos. Los míos
yacen todos entre las ajadas tapas
de libros que raras veces abro.
Sus palabras, sin embargo, me acompañan
y brotan en mágicos momentos como éste
de una pluma que aún guían sus manos.

Mágicos momentos en que por instantes
todavía se puede ser feliz.

( De Gran esperanza un tiempo, libro que será publicado próximamente. Poema extraído de la página web oficial del escritor: Roger Wolfe. Escritura total)

ROGER WOLFE

ROGER WOLFE: "¿DÓNDE ESTABAS TÚ EN EL OCHENTA Y SIETE?"
Reproducimos un fragmento de este relato incluido en Mi corazón es una casa helada en el fondo del infierno. Wolfe satiriza los cenáculos literarios, en este caso uno en los que sus protagonistas son los maestros de la generación de los 50 Carlos Borral (Carlos Barral), Eladio Rodríguez (Claudio Rodríguez), José Agustín Urrusolo (Goytisolo) y Abel González (Ángel González).
......
[...]
Balantáin organizó unos Encuentros Poéticos en el teatro Campoamor.
"La Voz Poética de una Generación", creo que los llamaba.
Vino la basca de costumbre.
Sentí curiosidad.
Una de las noches se habían ido a tomar copas al Trafalgar y me dejé caer. Decidí que lo mejor sería limitarme al zumo de tomate.
Carlos Borral no hizo lo mismo.
Lo sacaron por la puerta entre cuatro camareros. Dos por los hombros, dos por los tobillos. Salió dando floretazos al aire con el bastón y amenazando con joderle el ojo sano a Le Pen.
Los contertulios comentaron la gracia del Carlitos y hubo muchas risas.
Luego se aguó la función.
Eladio Rodríguez emergió momentáneamente de su habitual estupor etílico para cagarse en la madre de alguien.
Escogió la de José Agustín Urrusolo.
El Urrusolo le devolvió el favor largándole un sopapo que lo estampó contra el camarero más cercano. Una bandeja cargada de cócteles voló a tomar por culo.
Esta vez, la gente esperó unos minutos antes de reírse.
El camarero murmuró una disculpa por su evidente estupidez y se dispuso a recoger los escombros.
Eladio se giró amagando una patética voltereta de bailarina coja y paseó sus ojos inyectados en sangre por el auditorio.
"¡Veo lo invisible!", exclamó por fin. "¡V-v-v-ve-oo l-l-lo in-vi-s-s-si-ble!"
Me parece que se estaba refiriendo a su famoso don de la ebriedad.
[...]

Era muy tarde y no quedaba casi nadie en pie.
Eladio Rodríguez se sostenía a duras penas al fondo de la barra y cuando le entré con no sé qué basura empezó a tambalearse más precariamente que yo.
Lo dejé apuntalándose con el cubata y me volví hacia la puerta.
Abel González se había atrincherado en un rincón con una guitarra y una jovencita rubia que podría ser su nieta y probablemente lo fuera.
Mecía un whisky en baso bajo y exhibía una dispéptica sonrisa tras sus barbas blancas de chamán envejecido.
A la rubita le ardía un candelabro en cada ojo.
Me acerqué a ellos pegando gritos y saludé al gran hombre con un efusivo espaldarazo que roció de whisky las líricas protuberancias de la tipa.
Luego me incliné sobre ella y le escupí junto a la oreja.
"¡Me han dicho que folla aún mejor de lo que escribe!"
Al bardo de la sutil ironía le debió parecer excesivamente basto mi piropo.
Me echaron a la puta calle.
Hacía frío.
El hálito brumoso de la vieja ciudad me abofeteó húmedamente la cabeza.
Había conocido a los grandes poetas y eran tan insípidos como probablemente lo serían sus notas necrológicas. [...]