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JOSÉ MARÍA FONOLLOSA


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MULBERRY STREET
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Dicen que arrodillarse es humillante.
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Que es esta posición la del vencido,
del sumiso, del vil, del que renuncia
a la última esperanza de salvarse.
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Que estar arrodillado en una calle,
en un templo o salón, afrenta incluso
a aquel que lo contempla y no lo impide.
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Como afrenta una bomba que no estalla
a quien confiaba actuara su explosivo.
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Sí. Es innoble actitud arrodillarse
delante de otro ser, cuando el sujeto
es pasivo. Mas no si éste es activo.
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Porque hay una excepción en que es victoria,
gozo y satisfacción esta postura:
cuando el sexo la exige ansiosamente.
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Entonces es divino arrodillarse.


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KENNAMORE STREET

Yo quiero que tú sufras lo que sufro:
aprenderé a rezar para lograrlo.
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Yo quiero que te sientas tan inútil
como un vaso sin whisky entre las manos;
que sientas en el pecho el corazón
como si fuera el de otro y te doliese.
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Yo quiero que te asomes a cada hora
como un preso aferrado a su ventana
y que sean las piedras de la calle
el único paisaje de tus ojos.
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Yo deseo tu muerte donde estés.
Aprenderé a rezar para lograrlo.
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(José María Fonollosa, Ciudad del hombre: Nueva York, Sirmio, Barcelona, 1990. Prólogo de Pere Gimferrer)

4 comentarios:

Fausto García dijo...

Dos formas muy distintas de estar arrodillado.

Un abrazo

Campeador de sombras dijo...

jejejeje...interesantes poemas, distintos pero igualmente disfrutables. En uno se pasea el odio por los verbos con impunidad poètica. En el segundo, se juega de forma sencilla pero interesante con el lector que irà descubriendo poco a poco los arrodillamientos del deseo.

Un abrazo

Joaquín Piqueras dijo...

Una misma postura puede significar cosas tan dispares como un infierno o un paraíso...

Gracias por el comentario, Fausto. Un abrazo.

Joaquín Piqueras dijo...

Magnífico comentario, Campeador. El odio como tema poético tratado con impunidad - ahora bien, encarnado en un personaje poético- y el descubrimiento paulatino de los "arrodillamientos del deseo", me encanta esa expresión, poeta!

Un abrazo.