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MIGUEL ÁNGEL VELASCO

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MUCHACHA EN EL ANDÉN
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Sucede que dejamos de amar a una mujer,
y asestamos el golpe, ese puñal
que la vida nos tiende.
No es preciso aprenderlo:
el gesto lo sabemos de memoria.
Y no hay contradicción en que, aun haciéndolo
sin flaquear, sabiendo que no puede
ser de otro modo, porque así lo manda
la ley seca del tiempo,
no vaya uno a sentirse mientras tanto
un perro. Sin embargo
ni siquiera las lágrimas acuden,
será porque sin duda el tiempo enseña
a guardar una extraña compostura.
No hay culpables, pensamos, buscando convencernos,
la vida nos arrastra a su traición;
acaso la vez próxima me toque
a mí sentir el hierro.
Y allí se queda ella,
un saúco menudo en el andén,
un pétalo mojado contra el cielo
de cemento y de plomo;
el brazo a medio alzar,
ondeando su mano
como una mariposa entre dos trenes.
.
Quién sabe si el infierno
no habrá de ser un día un sucio andén
y una muchacha pura que nos mira,
que nos mira sin tiempo.
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(Miguel Ángel Velasco, La mirada sin dueño [Antología poética], Renacimiento, 2008)

MIGUEL ÁNGEL VELASCO

In Memoriam

LAS GARZAS
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......................................Para Angelika
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Las vi cruzar el puente, en un rasguño
de la noche cerrada: transcurrían
en formación precisa,
un sereno triángulo
como flecha segura que apuntara
al corazón del sol adivinado
más allá de la niebla,
tatuaje rojo inscrito en el calor
del territorio propio entre las alas.
Batían en la fe de un solo pulso
el plomo de los cielos, sacudiéndose
las bajas nubes tardas.
Volaban de memoria aquellos pájaros,
fantasmas de pureza con la mirada fija
en la línea de acero de una ancha tierra santa.
Quedé como imantado
en toda mi estatura a la alta aguja
de su navegación, mientras seguía
con los ojos errantes el vector de su rumbo.
Al cabo, la bandada
fue mullendo su esquema en una mecha
de bruma, hasta perderse
en la tinta del cielo.
¿A dónde irían
las garzas? Sólo sé
que algo de mi partió
como saeta fiel aquella noche
desde el arco del puente;
algo de mí se fue y boga dichoso
hacia algún sur de luz en la flecha del vuelo.
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(Miguel Ángel Velasco, La miel salvaje, Madrid, Visor, 2003)