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GSÚS BONILLA



De COMIDA PARA PERROS



como nos vimos capaces nos vimos incendiarios
entonces habría que escribir dinamiteros y lluvia con la
mejor caligrafía que heredamos
todo sería más justo desde el principio, desde la base
llegamos a un acuerdo. eran ellos los que habían de ocuparse
de los cadáveres
por el contrario, nosotros del desagradable trabajo del
desescombro
todavía hoy, nacido nuestro primer hijo, nos dura el
desconsuelo


***

domesticados, reconocerán el olor a hueso.
porque a pocos molesta, hemos considerado taparnos los oídos con un corcho viejo,
pero bello como una palabra recién estrenada.
no tendremos miedo, sin embargo el aire antes del amanecer será como el de un
sanatorio maldito y nos obligarán a masticarlo. está escrito en los anaqueles del
tiempo excelente, antes de los primeros escribas,
mucho antes de los cadáveres más adelantados de la fosa.




(Gsús Bonilla, Comida para perros, Baile del Sol, 2014)

JOSÉ CERCAS DOMÍNGUEZ



A UNA NIÑA QUE VOLÓ SOBRE EL MANTO OSCURO DE LA NOCHE


Nadie te destacó entre las sombras,
a ti que jugabas con la tierra
a ser la parte indivisible del barro.
A ti que te escondías para descubrir, en los labios,
los secretos del asombro, 
la voz de la primavera entre los dientes y el beso.

Nunca llegaste más tarde de la alegría,
ni tan siquiera fuiste la cenicienta, 
aquella de los ojos claros y el corazón ausente. 
Ni construiste castillos de mazapán sobre la mesa
gris de la cocina.
Nunca tus labios recorrieron el improperio
más allá del silencio acristalado de tu casa.

Pero te llevaron a la selva más amarga de la noche,
donde las hienas de voz en sangre 
lamen, a sus presas, antes de devorarlas.
Tomaron, de tus carnes, la más adolescente,
la carne más urgente de tu cuerpo de niña.
y hundieron el deseo en tus senos blancos
y probaron, entonces, de tu cadáver el tacto perdido.
Nadie te destacó entre las sombras
pero tu cuerpo mancillado tiritó 
sobre la tierra fría del crepúsculo.




(José Cercas Domínguez, poema extraído de su muro de Facebook)

NICOLÁS CORRALIZA


AXIOMA


La vida no se resuelve como una ecuación,
pues las incógnitas aparecen
a cada paso del hombre.

Algunos creen tener el control.

Otros se afanan en pensar lo indispensable
para que todo fluya por sí mismo
y yo, soy duda constante que huye de las certezas.

Vivo la realidad que mis ojos procesan
sin buscar los limites,
pues todo es fugaz y envolvente.

Llegará un día en que la armoniosa música
se transforme en melodía de carraca y oscuridad.

Será entonces cuando el algoritmo final
se presente y todo quedará resuelto.


(Nicolás Corraliza, poema extraído de su blog  La huella de los días)

PABLO G. BAO



NO OLVIDES LAS CORTINAS

Comprendes que has aprendido alguna cosa
cuando observas que cierta gente conocida
ha empezado a tomarte la distancia.
Comprendes que has aprendido alguna cosa
más,
cuando ves que más gente –además de más
gente–,
comienza a mirarse los zapatos
al cruzarte con ella por la calle.
Finalmente, si has aprendido lo suficiente
para poderte sostener sobre tus piernas,
es hora de que dejes de pensar
y de hacerte preguntas (que no huelen sino
a ballenas muertas en la playa):

echa las cortinas –si es que tienes
cortinas–,
enciende un cigarrillo –si es que fumas–
y aprende de una vez a respirar solo
y acompasadamente. 



(Pablo G. Bao, Corazón de ternera, Línea de Fuego, 2000)

RODRIGO GARRIDO PANIAGUA



NOS DESNUDAMOS ANTE LA VIDA


Nacemos
con instrucciones de completar

un mágico y misterioso viaje.

Sollozamos ante una música invisible
que nos despide,
una melodía con puntas de oro y dolor.

La incertidumbre es un paisaje
borroso que marea.
Sonreímos ante el nacimiento de los días

y canciones alegres cantamos,
y canciones amargas cantamos.

En la estación del edén
nos esperaban extraños árboles retorcidos
y sonrisas de tiza en el asfalto.

Descubrimos que el paisaje
en nada había cambiado.
A nuestro alrededor, de nuevo, el mismo cartón piedra

Esto no era el paraíso.
Esto no era el paraíso.





(Rodrigo Garrido Paniagua, Los dormidos, Ed. Origami, 2014)

JASON MALDONADO



HECATOMBE


todos fingimos
                  la muerte cada noche
para sentir la euforia matutina
de estar vivos

anomalía de siglos
reposada en sacos rellenos de hojas secas
hoy día
sobre una nube rectangular hecha colchón

al abrir los ojos
la hecatombe: sutil acritud de los desesperados




(Jason Maldonado, Lunar de viento, Ed. Lector Cómplice, 2013)

LILIÁN PALLARES



OMBLIGO

Inventé soledades que crecieron como hierba
fresca en mi ombligo,
árboles para moverme como serpiente milenaria,
excusas para llegar a tiempo a mi encuentro,
mapas hechos a base de espejos en mi cuerpo.

Inventé un laberinto de líneas violetas para seguirlas,
espacios en blanco para llenarlos de divinidad,
aire por el que evaporarme,
lunas que ovulen mi espíritu,
ríos caudalosos,
vaginas de la mujer bendita que hace crecer los campos.

También inventé sonidos chamánicos
para escuchar la voz del indio sabio,
esencias rítmicas que aviven mis ancestros ,
desiertos para habitarlos, cielos en la tierra,
cielos en el infierno.

Inventé movimientos que se funden con el agua,
olas que son caderas de mulatas absorbidas por la arena,
lágrimas que fecundan la tierra virgen,
fuegos invisibles que no
me queman, pero que me elevan.

Inventé muertes para vivirlas,
vidas para perderlas en un suspiro
…Allí me encontré,
naciendo en mi ombligo. 


(Lilián Pallares, Voces MudasFundación Progreso y Cultura, 2010)

JUAN BELLO SÁNCHEZ




PRAZA DO TOURAL BLUES

el día menguaba
como un pájaro desprovisto de cielo

sobre la piedra el sol era poco más
que un trapo

entonces tú dijiste
es inevitable cometer los mismos errores
si siempre estás subiendo y bajando
la misma montaña



(Juan Bello Sánchez, Talk About The Blues, Editorial Origami, 2014)

BÁRBARA BUTRAGUEÑO



HAS ENTRADO EN MIS CIUDADES ARRASADAS


tanteando los objetos con tu hábil mansedumbre
y me miras como quien grita que viene en legión
a hacerse himno
a romper mi fuselaje
a temblar con sus dedos la pureza que me queda.

Como si pudieras volverme cierta
me besas rompes las alambradas quemas la cáscara vacía
y hay algo de lumbre en tu mirada algo de bestia
delicada con vocación de jungla.

Y te digo sí porque cercas el origen de las sombras
y me haces agua y no desierto
porque en tu cuerpo la música es hondura
grieta entre la sal
y dices que vienes a hermanarte en mi fervor como un latido
y lo dices sin terror ni trayectoria
sin cemento ni herrumbre ni egoísmo
ni grandeza inventada ni fractura.

Pulsas mi cuerpo en su oscura transparencia
mi cuerpo sin fuego sublevado ni hueco que te nombra
y ahora limpios los establos por fin soy luz desde la luz
cadáver sin urgencia.

Tú me haces hallazgo.
Tú me haces claridad ardiendo el pulso ciego de las cosas.



(Bárbara Butragueño, Incendiario, Polibea, 2013)

ENRIQUE GARCÍA-MÁIQUEZ



EL LECTOR ES UN FINGIDOR

Cuento mi vida pero lees la tuya.
Nombro un paisaje de mi infancia y tú visitas
-tramposo- aquel camino de arena hacia la playa
por donde corre un niño feliz, que no soy yo.

Actúas siempre así, lo sé por experiencia.
¿Qué importa que yo tenga un nombre propio?
Tú lo expropias. Si hablo de mi pueblo,
es tu ciudad. Se transfigura en álamo
el pino de mi casa. Mis amigos
son mis desconocidos de repente.
Y hasta mi amada es ya tu amada.

Yo cuento sílabas, tú cantas, silbas
poniendo música a mis letras, musicando
al ritmo que te gusta.
De todo cuanto digo escuchas sólo
lo que a ti te interesa, quizá lo que no dije,
sin que haya forma así de no entendernos.

Te entiendes y me entiendo, porque al pasar la página
vuelves mis versos del revés, reversos
tuyos. Debí de sospechar
de ti, que no te ocultas,
que robas a la luz amable de una lámpara.

Yo soy el que me oculto. Cuando escribo,
tú vives y eso es todo. Como te dijo Bécquer:
Poesía eres tú.
Y yo el poema.


(Enrique García-Máiquez, Casa propia, Renacimiento, 2004)

JOSÉ LUIS MARTÍNEZ VALERO



DICHO

Existe el terror de lo que se ha dicho,
esas palabras que suenan a tumba
recién hecha.
Juraríamos que nunca han salido
de nuestros labios
y provocan que todo se derrumbe.
Sin embargo, todavía es más terrible,
el terror de lo que se calla,
aquello que barrena hacia dentro
y convierte las conciencias más dulces
en un queso fétido
con el que untamos las mañanas.


(José Luis Martínez Valero, Libro abierto, La sierpe y el laúd, 2010)

BEGOÑA ABAD



Podría haberme emborrachado
de ansiolíticos potentes
o de vodka barato.
Podría haberme enganchado
a la coca, a las telenovelas
o al chocolate.
Podría haberme hecho adicta
a tus ausencias
a tu malquerer, a tu dolor,
a tu lista de contraindicaciones,
pero preferí averiguar
qué eran los dos bultos
que me nacían en la espalda
y echarme a volar.


(Begoña Abad, Cómo aprender a volar, Olifante, 2012)

JOSÉ ÁNGEL BARRUECO



LOS HÉROES DE LA POESÍA


los héroes de la poesía
no somos nosotros, los
que subimos a la tarima
a sembrar los oídos
con metáforas

los héroes de la poesía
están detrás
entre bastidores:
tu marido
mi novia
su hermana
o la madre
de aquel tío

los héroes de la poesía
son los que nos esperan
son aquellos que nos
aguardan en las sombras
mientras nosotros,
entusiastas
vanidosos
poetas

recogemos
los aplausos.



(José Ángel Barrueco, El amor en los sanatorios, Canalla Ediciones, 2014)

ERIKA ARCE





LAS HORAS



"Y así vamos adelante, botes contra la corriente,
incesantemente arrastrados hacia el pasado".

                                              (Francis Scott Fitzgerald)                                


La palabra es el mayor suicidio,
la necedad
de la estupidez humana                                             
cuando los ojos hablan.

Pienso en los muertos
de la felicidad,
el sonido de los labios
prietos, evocando señales
de humo en mitad de la niebla
de pensamientos.

De repente, la bocanada.
El aire pétreo
al oído del que escucha.

La palabra estéril
como preludio de las miradas ciegas.




( Erika Arce, poema inédito cedido a Insólitos)

BARTOLOMÉ NIETO MUNUERA

IN MEMORIAM



NAUFRAGIOS Y EBRIEDADES

                                    "Hay balas silenciosas que apuntan al cerebro"
                                                                                   León Felipe


Sobre el fondo del canon amable
dejamos la carne a pedazos
del cuerpo místico que huyó
                      del alma hace siglos
restallan los látigos y estoy hueco
tranquilamente fuera de mí
sobre el rostro cansado de un piano
                      que a veces se levanta del estío

en esta dentellada de ojos nocturnos
el fragor telúrico de un beso
                       desplomándose
en el aire insistente de la renuncia

                      corro
                      en la lentitud del miedo



(Bartolomé Nieto Munuera, La estirpe del aire, editorial alhulia, 2014)  

NÉSTOR VILLAZÓN




LO TERRIBLE


Lo terrible, ahora, no es decir
a aquel que amaste y sólo añoras
que no te importan sus desgracias, 
reducir en un verso el tiempo exacto
-ese en que te amaron y no amaste-
mientras charlas con la vuelta de la esquina,
resistir sin ser visto su mirada, 
responder has matado lo vivido,
repetir un lo siento innecesario. 
Lo terrible, ahora, es hablar sobre ello,
aguardar la reseña de la crítica,
leer, quizá, alguna línea en público.



(Néstor Villazón, poema finalista en el I Premio Internacional de Poesía Jovellanos, en El mejor poema del mundo, 2014, Ediciones Nobel, 2014)

SUSANA VILLALBA


LA OCCISA

Si pudiera volver
la cabeza.
Los ojos, sí
los ojos permanecen
pero yo permanezco
inmóvil
como siempre y sin embargo
ya no importa.
Existe un paraíso
del cuerpo
prometían los ojos,
infierno de saliva
arrasando palabras,
pensamiento, ser
desde adentro
hacia afuera un fuego
líquido y afuera
sólo tacto
de mí.
Y ahora que la bala penetra
una real calcinación,
me atraviesa: esa mirada
es una trampa
y ya no importa,
fluye,
el deseo es un río,
le dije,
no detengas su curso.
Todo es líquido,
el aire como bruma pegajosa
en la garganta,
los sonidos,
no veo, me derramo
hacia adentro,
agua estancada
lo que fue pólvora viva,
volumen sanguíneo en las vísceras
conscientes ahora de sus ritmos
ralentados,
humores venenosos del alma
que también es un cuerpo
eléctrico.
Un fluido
que al mirar capturaba en un punto
de impacto.
Nunca fui el cazador
siendo rapaz como el deseo
es como el viento
que no sabe qué arrastra,
qué doblega,
por qué aleja al acercarse,
por qué le da una dirección
lo que resiste.
Algo, una baba,
una pluma venida del espacio
toma forma,
toma desde dentro
un cuerpo que pueda tomar cuerpos,
una ciudad de poseídos.
El verdadero horror
en las películas
es que siempre comienza
la misma situación,
cuando cierra la puerta
y suspira
se rompe la ventana
y vuelve a correr.
Sólo hay dos en esa cinta
de Moebius
y ya no sabe quién perseguía
a quién.
No importa,
ya no puedo moverme
y hemos vencido
los dos.
Hemos perdido
lo áspero,
los vientres pegados de sudor,
la radio,
una lámpara en invierno,
acariciar los libros,
las manos se deshacen como papel viejo,
he perdido
la textura de tu espalda,
el árbol,
cicatrices.
Sin embargo siento el agua
alrededor,
me estoy hundiendo
suavemente.
Acaso imagino una lluvia
que no llega a mi oído,
no es que caigo, voy perdiendo
sentido.
Ya no veré el acero,
el mar ni una estación de tren
abandonada.
Me condenaste al tedio,
a la nostalgia monocorde
por alguien que no está:
mi propio cuerpo.
Solitaria
eternamente sabiéndome
invisible
aun para mí misma.
No importa,
ya no puedo pensar
ni imaginar lo que no sé
cómo será
y cuando suceda, como siempre,
ya no tendrá importancia
entender.
Es un río,
dejémonos llevar,
le dije,
a donde sea.
Fue un error, como un viento
diciendo soy un viento,
un giro repentino
de nosotros.
La oscuridad como una piedra
me toma desde dentro,
mi cuerpo es la sombra
de una piedra
y todavía tiembla
un centro
como lava,
una bala que busca salida
y ya no importa,
interesada en el esófago,
un reguero,
una película en que todo estalla
es una bella imagen
que ya no podré ver.
Instantes de oro
y años de polvo
será, como la vida,
la muerte.
Dónde está la luz
cuando se apaga.
Voraz como el deseo
como el fuego no quiere devorar
sino encenderse,
nunca fui el cazador.
Pero que sea yo la víctima
también es un error
o un accidente.
Si desperté pasión
no tuve el mérito del cálculo,
si arrebaté lo ajeno
no tuve el usufructo,
si fui el testigo no supe
con lo visto
más que dar testimonio.
Quizá como el amor, la muerte
como la vida
no sea para siempre.
Será una travesía,
si miro hacia atrás
sus ojos
podrían retenerme.
Sin embargo dispara
contra el viento
como un ciego.
Un individuo en posición
decúbito,
aspecto de masa
cenicienta,
alojada en el canal
la bala ahora es lo que queda
vivo
y este fluir del pensamiento
acaso será siempre
una cámara lenta del disparo.
Un trueno primero,
después el relámpago
reabsorben en una sensación
fulminante de silencio.
También hay una muerte espléndida
que tampoco me tocará en suerte.
No importa.


(Susana Villalba, Matar un animal, Caracas, 1995; BsAs, 1997)