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ROQUE DALTON



a Raúl Castellanos
La angustia existe.


El hombre usa sus antiguos desastres como un espejo.


Una hora apenas después del crepúsculo
ese hombre recoge los hirientes residuos de su día
acongojadamente los pone cerca del corazón
y se hunde con un sudor de tísico aún no resignado
en sus profundas habitaciones solitarias.



Ahí tal hombre fuma gravemente
inventaría las desastrosas telarañas del techo
abomina de la frescura de la flor
se exilia de su misma piel asfixiante
mira sus torvos pies
cree que la cama es un sepulcro diario
no tiene un cobre en el bolsillo
tiene hambre
solloza.



Pero los hombres los demás hombres
abren su pecho alegremente al sol
o a los asesinatos callejeros
elevan el rostro del pan desde los hornos
como una generosa bandera contra el hambre
se ríen hasta que duele el aire con los niños
llenan de pasos mínimos el vientre de las bienaventuradas
parten las piedras como frutas obstinadas en su solemnidad
cantan desnudos en el cordial vaso del agua
bromean con el mar lo toman jovialmente de los cuernos
construyen en los páramos melodiosos hogares de la luz
se embriagan como Dios anchamente
establecen sus puños contra la desesperanza
sus fuegos vengadores contra el crimen
su amor de interminables raíces
contra la atroz guadaña del odio.



La angustia existe sí.


Como la desesperanza
el crimen
o el odio.



¿Para quién deberá ser la voz del poeta?


(Roque Dalton, El turno del ofendido, 1962; en Antología, Visor, 2000)

ROQUE DALTON


LO QUE ME DIJO UN ANARQUISTA ADOLESCENTE

                                                                   (Este proyecto no es original. Me fue comunicado por E. B.,
obispo en sus ratos de ocio, quien a su vez lo recibió de labios
                                                                del anarquista adolescente que menciono, de oficio retratista)


No matéis a los curas, pueblos que despertáis y caéis en la cuenta
de la estafa más grande que edad alguna oliera.

Por el contrario estimulad su cría,
cebadlos uno a uno con esmero acucioso.
Así podréis ir luego montados en curas gordos al trabajo
-la gasolina siempre tiende a subir-,
dejarlos amarrados a la puerta del bar,
decir -oh desdeñoso ancestro que os resurge-
que el vuestro está más brioso que los otros mostrencos.

Los domingos llevaremos a los niños a las carreras de curas
-único juego de azar que será permitido-
en las cuales brillarán los descendientes pur sang de los obispos.

Habrá curas de tiro y carga, curas trotones, curas sementales,
y tendrán los establos olor a santidad.

Los curas inservibles serán embalsamados
y vendidos como adornos de salón:
la tonsura podrá servir de cenicero.

(Roque Dalton, Antología, Tafalla, Txalaparta, 1995)

ROQUE DALTON


ALTA HORA DE LA NOCHE
.
Cuando sepas que he muerto no pronuncies mi nombre
porque se detendrá la muerte y el reposo.
.
Tu voz, que es la campana de los cinco sentidos,.
sería el tenue faro buscado por mi niebla.
.
Cuando sepas que he muerto di sílabas extrañas.
Pronuncia flor, abeja, lágrima, pan, tormenta.
.
.No dejes que tus labios hallen mis once letras.
Tengo sueño, he amado, he ganado el silencio.
.
No pronuncies mi nombre cuando sepas que he muerto.
desde la oscura tierra vendría por tu voz.
.
No pronuncies mi nombre, no pronuncies mi nombre,
Cuando sepas que he muerto no pronuncies mi nombre.
.
(Roque Dalton, Taberna y otros lugares, Baile del Sol, 2006)