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PEPE RAMOS



LA ANSIEDAD DEL ESCAPISTA

Muere la tarde como cada tarde
y anclado al fondo gris de la cordura
aguarda tenso a que la noche guarde
el telón de su bolsa de basura.
Vuelve la oscuridad como un fluido
inundando la casa de ceguera,
vuelve el clamor de un público escondido,
el ruido del motor de la nevera.
Y repica un redoble que derrumba
su pulso, el tacto a tientas que le arranque
los herrajes que le atan a su tumba
en vida que es el fondo de este estanque.
Pero ya no le resultan extrañas
la angustia, la ansiedad del escapista,
la blanca oscuridad de las migrañas,
pasar la noche al filo de una arista.
Se examina, se lo piensa, se mosquea,
se margina, suda hielo, se bloquea,
se arrepiente, se subleva, se domina,
se despista, nada cambia, desfallece
ante el triste panorama que le ofrece
la moviola de sus luchas intestinas.
Se medica, se adormece,
le hace efecto
y amanece.



(Pepe Ramos, La ansiedad del escapista, Huacanamo, 2012)