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HARKAITZ CANO


ALEMANIA AÑO CERO
.
Al volver del colegio traía en la cartera
trozos de carbón desprendidos de los carruajes.
Su familia los recibía cual oro en paño.
Pero las cosas se torcieron, padre murió,
la conciencia del niño dejó de medirse
en la escala de la picaresca.
El niño, antes de saltar al vacío,
observó su casa desde otra casa,
su ruina desde otra ruina;
su esqueleto desde otro esqueleto.
Vio las ventanas, tapiadas por maderos en cruz.
Ningún tesoro para un infante allí
tras los postigos carcomidos.
.
E la nave va. Y el niño, salta.
.
Rebobinamos la última secuencia una y otra vez,
resucitando al niño y desafiando a la gravedad,
cerciorándonos de los trucos de montaje:
nos aseguramos así de que Rossellini
dejó con vida al niño actor, al menos.
.
Abrimos la ventana, para ventilar.
.
(Harkaitz Cano, extraído del blog Las afinidades electivas)