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MIGUEL ÁNGEL VELASCO

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MUCHACHA EN EL ANDÉN
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Sucede que dejamos de amar a una mujer,
y asestamos el golpe, ese puñal
que la vida nos tiende.
No es preciso aprenderlo:
el gesto lo sabemos de memoria.
Y no hay contradicción en que, aun haciéndolo
sin flaquear, sabiendo que no puede
ser de otro modo, porque así lo manda
la ley seca del tiempo,
no vaya uno a sentirse mientras tanto
un perro. Sin embargo
ni siquiera las lágrimas acuden,
será porque sin duda el tiempo enseña
a guardar una extraña compostura.
No hay culpables, pensamos, buscando convencernos,
la vida nos arrastra a su traición;
acaso la vez próxima me toque
a mí sentir el hierro.
Y allí se queda ella,
un saúco menudo en el andén,
un pétalo mojado contra el cielo
de cemento y de plomo;
el brazo a medio alzar,
ondeando su mano
como una mariposa entre dos trenes.
.
Quién sabe si el infierno
no habrá de ser un día un sucio andén
y una muchacha pura que nos mira,
que nos mira sin tiempo.
.
(Miguel Ángel Velasco, La mirada sin dueño [Antología poética], Renacimiento, 2008)

3 comentarios:

orola dijo...

Recuerdo que de pequeños nos mandaban hacer una descripción del infierno y dibujarla. Hay que tener mala leche para pedirle eso a un tierno infante.
Nunca imaginé que se pudiese decir algo tan tremendo del infierno como lo hace Miguel Ángel Velasco, y, sin embargo...

carmensabes dijo...

Wuauuuu, emocionante hasta el tuetanillo.

¡Bravísimo!

Joaquín Piqueras dijo...

Gran poema. Gracias por los comentarios.