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PEDRO PUJANTE



 CELULOIDE.

Un relato inspirado en poemas de Joaquín Piqueras


Al oír el grito del director: “Coooorteeen,” Elena y Raúl se desplomaron exánimes. Había acabado el rodaje de sus vidas, y como buenos actores que eran, actores de método, actores de la experiencia, dejaron sus pieles y sus almas colgadas en el camerino y salieron a la otra vida.
A disgusto comprobaron que la rutina proseguía fiel al guión establecido. La monotonía de los rodajes, los escenarios y el “día a día” se extendían en sus nefastas y grises existencias.
Amigos de reparto y otros extras hacían que cada toma fuese más ambigua que la anterior.
 Improvisaban reuniones y grababan cenas piloto en el piso de Elena. A veces hacían el amor de forma mecánica y distante e intuían el ojo de la cámara acechando desde un posible segundo plano. Luego llegaba la noche y su inefable fundido en negro.
 Elena realizaba cameos en la verdulería, o en  la peluquería donde cada sábado se proyectaban cortometrajes  de tedio y  sardónicas confesiones entre los figurantes.
A la vuelta a casa un primer plano al salir de la peluquería, luego un discreto “travelling” hasta su portería y otra vez la rutina con sus inevitables  intermedios publicitarios.
Raúl la esperaba bajo los focos o frente a un contraluz que le confería un realismo patético. Se miraban a los ojos, decían sus frases y continuaban la farsa.
Elena, por supuesto no se llamaba Elena. Raúl igualmente era el nombre de su personaje. Pero justo cuando todo empezaba a aclararse. Justo cuando intuyeron que su vida era un plató y el público hastiado comenzaba a abandonar sus butacas, empezaron a deslizarse los créditos de forma vertical y la palabra FIN los emplazó a una incierta pero posible mal avenida secuela.

THE END

(Relato extraído de su blog Letras y otras orillas)

2 comentarios:

cronopio dijo...

Gracias Joaquín,
por volverme un insólito más.
Ahora deberé usar mejor mis armas para sobrevivir en este lado salvaje por las letras P.P.

Joaquín Piqueras dijo...

Muchas de nada.
Sí, sobrevivir en el lado salvaje de las letras es difícil, ya que hay muchos que te intentarán domesticar.