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JOSÉ ÓSCAR LÓPEZ



JARDÍN TÓXICO


Trazo mi vida en versos de once sílabas.
Para la angustia basta el valium quince.
Mastico el valium, los poemas,
agito y mezclo el resultado con mi vida
y sigo masticando.
Tras cuidadosos ejercicios
he logrado olvidar lo que sabía
y apenas siento nada, salvo sueño
de vez en cuando,
casi nunca.
Solo sé que en invierno esta ciudad
tiene las manos frías, y delirios
hirviendo a más de treinta y siete grados
cuando se mezclan con ginebra
a media tarde.
Una tarde aburrida
como el menú de un hombre obeso.
Una noche muy lenta
como su digestión.
Las noches de estricnina y orfidal pasaban lentas:
apretando los dientes, revolcándonos
en sábanas sudadas. Perdiendo la visión
fijándola en el suelo;
visiones que se abren como simas
en suelos movedizos.
Estirando el vacío, convirtiéndolo en piel.
En piel enferma, sudorosa.
          También ese vacío,
como una piel quemada,
acabaría desprendiéndose.
Nadando
en pesadillas,
flotando en agua turbia
y alejándose.
Levantarse a diario
después de todo eso.
La luz también, así, vendría desde atrás
para poder iluminar
el camino delante.
He logrado ser nadie.
Al fin logré ser nadie, y mi canción,
enferma, atañe a todos.
Una vez más héroes imbéciles
en pos de la aventura eterna
de la desolación.


(José Óscar LópezVigilia del asesino, Ed. Celesta, 2014)