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JUAN LUIS PANERO


ACERCA DEL INCESTO
.
...........................................(Recordatorio de Georg Trakl)
.
Buscó los labios de su hermana,
sus dientes, con irritante terquedad,
un ligero temblor, un breve escalofrío,
entrechocaban -quizá fuera la droga-
y su figura fue borrándose, disuelta
en la penumbra familiar del cuarto.
Años después,
golpeaban a lo lejos los cañones,
sobre sus sábanas de loco vio alzarse un cuerpo,
su húmedo olor, la longitud del tacto.
Buscó, sin dedos, la boca deseada,
la carne herida del amor y el delirio,
la claridad oscura de la cocaína,
sus ojos y aquellos ojos y algo más.
Besó sus labios en sus propios labios
y sintió arder la sal de su saliva.
Lejos, muy lejos, terriblemente lejos,
una mujer aullaba en el último espasmo.
Con asombro, la muerte dio constancia
de algo que jamás pudo imaginarse:
un estertor sin ruegos y sin llanto,
la agonía de un muerto, el terror de la vida.
.
(Los trucos de la muerte, 1975)

5 comentarios:

LUIS BORJA dijo...

YA LO DIJISTE: LOS PANERO.
GRANDES

Joaquín Piqueras dijo...

Y lo corroboro. Los Panero - sobre todo, Leopoldo y Juan Luis- son muy grandes.

Un abrazo

José Luis Piquero dijo...

Inmenso poeta. Le conocí hace años y tuve la suerte de tomar unos whiskys con él, los dos solos, durante varias horas. El personaje me pareció tan fascinante como su obra. Me gustan todos los Panero pero Juan Luis especialmente.
Un abrazo.

Joaquín Piqueras dijo...

Seguro que fue una experiencia inolvidable, hubiera dado lo que sea por estar ahí, beber pausadamente mi whisky y dejarlo hablar. Es un poeta al que admiro mucho,pienso que tiene poemas insuperables, y como personaje siempre me fascinó, desde "El desencanto", desde "Sin rumbo cierto", su autobiografía.

Gracias, José Luis, por el comentario. Un abrazo

José Luis Piquero dijo...

Te amplío la anécdota. Ambos figurábamos en un congreso de poetas (año 92). Usando de eso, le llamé a la habitación del hotel y le pregunté si podríamos quedar. No me preguntó para qué. Quedamos en la cafetería del hotel. Yo temblaba (era un chaval) pensando: Y ahora qué le digo, me preguntará algo... Pues no. Llegó, pidió un whisky y se puso a hablar. Y no paró de hacerlo en las dos horas siguientes. Ya sé que esto podría sonar a suplicio pero nada más lejos de la realidad. Todo lo que dijo parecía salido de sus poemas. Era tal cual, era auténtico. No había personaje. O el personaje y la persona se habían fundido hasta ser imposible reconocer la diferencia. La poesía que admiraba y el poeta eran el mismo. Inteligente, desengañado, sabio, escéptico, pero con un fondo de bondad intocada. Creo que eso fue lo que me conmovió. Podía ser un genio hijo de puta pero no lo era. Era un superviviente. Ya no creía en casi nada pero era consciente de que los demás no éramos así. Aún.
Mi impresión fue que era una persona demasiado inteligente, demasiado lúcida, para este perro mundo. Por tanto, desengañado. Pero no había vuelto esa frustración hacia los demás, que es lo que hacemos todos. Sólo hacia sí mismo.
Una de las mejores y más interesantes personas que he conocido, aunque sea un momento.
Un abrazo.