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THOMAS BERNHARD

CON VEINTISÉIS AÑOS
.
Veintiséis años
de los bosques, de la fama y de la pobreza,
veintiséis días de Año Nuevo y ningún amigo
y la muerte
y una y otra vez el sol
y ni un par de zapatos impermeables contra las sacudidas del suelo.
Veintiséis años
como en sueños, un coral mal cantado
bajo el viento de abril,
y ninguna casa y ninguna madre
y ninguna idea de Dios, del padre que habla por boca de los jornaleros.
Veintiséis años
entre bebedores de cerveza, santos, asesinos y locos,
en la ciudad y en las aldeas hinchadas,
creadas a diario y a diario escupidas,
tambaleándome de Navidad en Navidad,
ningún zapatero, ningún posadero, ningún mendigo,
sin guitarra y sin Biblia,
en octubre enfermo de nostalgia,
en agosto mortalmente enfermo por las flores.
Veintiséis años
que nadie ha vivido,
ningún niño, ninguna tumba y ningún
sepulturero con quien pudiera hablar ante una cerveza.
Veintiséis años
en una sola injusticia contra todos,
borracho bajo los barriles de mosto de mi padre,
en valles podridos
perdido y abandonado con carcajadas,
nada más que nieve y oscuridad
y las profundas huellas de los padres
en las que mi alma mortal retrocede pisando fuerte.
.
(Thomas Bernhard, Así en la tierra como en el infierno. Ave Virgilio. Los locos. Los reclusos,
Editorial Ediciones La Uña Rota, 2010. Traducción de Miguel Sáenz)