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EZEQUIEL PÉREZ PLASENCIA



DROGA LLAMADA CREACIÓN


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CUENTA Julio Cortázar en una insuperable introducción a los cuentos completos de Edgar Allan Poe, ese grandísimo temeroso de amores, que el fundador del cuento moderno escribió tres de sus mejores historias bajo el influjo del opio. Por contra, en El perseguidor, uno de sus relatos más celebrados, el cronopio mayor nos habla del genial jazzman Charlie Parker, que quedaba inutilizado para la creación en cuanto se fumaba un palillo de marihuana congoleña. El venerado escritor Rafael Sánchez Ferlosio ha asegurado que las frases de sus ensayos fueron largas por el influjo de la anfetamina. El profesor y escritor español Antonio Escohotado ha elaborado La historia de las drogas (Alianza Editorial, 1990, tres generosos tomos) más completa y rigurosa que se conoce. Pero alguna vez lo he visto y oído en televisión decir - con toda su experiencia - peligrosos disparates para parecer muy radical, y según Abel Cainus este pseudofilósofo ha llegado a pedir dosis de calidad para conceder una entrevista, como si fuera un Mick Jagger o Bob Dylan o Lou Reed en sus mejores tiempos. Así terminan algunos temerarios histrionismos. Juan Carlos Onetti fue sabio y austero, de ahí buena parte de su grandeza, sólo necesitó cama, libreta y ginebra; con el tiempo para mí se ha convertido en el gran romántico, algo así como un hermano gemelo de Poe. Graham Greene y Norman Mailer impulsaron la venta de güisqui en el mercado de la cultura occidental. Hay otros escritores y escritoras que hacen de la drogadicción su discurso vital, apologistas de la heroína o el LSD: no los cito porque no me interesan, dudo mucho de su capacidad artística. Juan Goytisolo lo ha dicho algunas veces: tienes a un grupo de soldados y les das alcohol y un par de voces de mando y van a la guerra más absurda; si les proporcionas hachís, se quedan tranquilos en un rincón hablando o meditando. Juan José Millás combina la bebida blanca con el chocolate para alcanzar un estado propicio para crear. Por no hablar de Baudelaire, Fernando Pessoa o Dante Alighieri, Walt Whitman, André Malraux o Jean - Paul Sartre, ese tipo pequeño y feo, filósofo que acabó confundiendo integridad y felicidad con hedonismo y gimnasia sexual. «¿Con su pinta de saharaui o ecuatoriano venido de vuelta de todo, qué consume para escribir?», pregunta el poeta y amigo Abel Cainus. «Sigo el consejo de mi madre: bien bañado, afeitado, con todos los periódicos leídos, música de fondo, estómago satisfecho; un té, más cigarros de los convenientes, fondo de música: es una droga y esclavitud la mesa de trabajo, condena y salvación», le digo, y sé que el secreto es hacer como si tuviese lo que más dolorosamente me falta. Temeroso de amores. Y entonces aparece la alegría de componer, por tres requisitos básicos y a la vez pilares éticos: leer, escribir y calcular. «¿Y usted qué?», le devuelvo la pelota a Cainus. «Yo desapruebo lo que toman algunos, pero defenderé hasta la muerte su derecho a tomarlo», dice Abel Cainus parafraseando a Voltaire.

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(Ezequiel Pérez Plasencia, publicado en el periódico tinerfeño El Día, 1 de septiembre de 2001.)

4 comentarios:

orola dijo...

Entrada que coloca a cada uno en su sitio, si señor! Con la falta que me hacía a mi colocarme hoy.
¿Alguien sabe de una exposición en este formato sobre la influencia de los sueños (oníricos)?

Anónimo dijo...

¿Qué les has hecho,Ezequiel, para que éste y otros artículos memorables y alguna que otra entrevista hayan desaparecido de la red? Me temo que algunos no perdonan ni olvidan tu independencia profesional. A los mediocres les molesta tu palabra. Sigue escribiendo, algunos(no pocos)te necesitamos.

Marisa H. Bethencourt, admiradora.

Ezequiel Pérez Plasencia dijo...

Sufrí mobbing y censura en La Gaceta de Canarias y El Día, anónima Marisa. Y ahora es inevitable que alguien no nos quiera bien. Silencio.

Ezequiel Pérez Plasencia

Miguel Rodríguez dijo...

En esta tierra, gestionada por un nacionalismo de burros y zafios,no hay lugar para personas exquisitas como Ezequiel Plasencia. Me horrorizo en pensar que Ezequiel necesitó malgastar su talento en algunos periódicos locales. Al igual que Isaac de Vega, el que no comulga con esta inmundicia debe o emigrar o aislarse en la propia isla.Descanse en paz