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LUIS ARTIGUE




BILLIE HOLLIDAY REFINADA Y PELIGROSA COMO UN LADRÓN DE ESMERALDAS




“Y más que la letra es la música y el modo en que 
Billie canta lo mismo que una mujer acariciando el 
pelo de su amante en la penumbra”.
JACK KEROUAC


Porque la adversidad es una mina a cielo abierto de la que extraer certezas
los vapuleados tenemos frecuentemente algo sonoro que contar
-delirio armónico
que cobrará sentido con nuestra ceremoniosa recaída
como toma amplitud la tristeza que albergan las muchachas de alterne
a la luz de una infancia sin vestidos de moda-.
De hecho ahora
Lady Day
puede romper el alma de todo un auditorio
con su canción suicida.
El sonido
fantasmal y aceitoso del disco de vinilo
me devuelve su rostro joven desfigurado
reflejado en un charco.
Lady Day
o la mala conciencia de todo lo aparente;
de la vida diurna.
Hambre. Drogas.
Música desgarrada de esa sacerdotisa
que canta desde dentro como hacen el amor
las muchachas prohibidas de los barrios pobres.
Clama ahora la conciencia de las cosas caras
y la voz de reyerta de ese ángel suburbial,
de esa rueda gastada por las velocidad,
de esa
elocuencia magnética del delirio mesiánico.
Clama.
Duele
la ensoñación sonora de esa diosa traviesa
o el pelo recogido
de una niña desnuda en un cuarto de hotel
ante el primer lamento,
ante el primer orgasmo fingido y exigido,
ante la idea salvaje
que se asoma a la mente roída de Billie Holliday
cada mañana de resurrección
al quedarse mirando los posos del café
(el sufrimiento enseña a defenderse con canciones
de nuestros subterráneos pensamientos tóxicos
y así instruye en el arte escuchar a los dolientes).
Lady Day
agoniza despacio esposada a la cama
en un hospital sucio porque sus melodías
duelen como sus venas.
Y
cierra los ojos.
Se derrama.
Corre
hacia el amanecer…

Se convierte en leyenda

desafiando al ritmo que obliga a envejecer.


(Luis Artigue, Empezar por el número tres [Poesía 1995-2005], Colección "Provincia" de Poesía, Diputación de León, Instituto Leonés de Cultura, 2008)